Comité de orden, el mandón en Ayotzinapa

Durante los dos primeros meses, los alumnos de primer ingreso no hacen nada relacionado con sus estudios, solo pueden trabajar en el campo, limpiar los espacios de puercos y vacas, sembrar la ...
Los propios normalistas se encargan de la limpieza del plantel.
Los propios normalistas se encargan de la limpieza del plantel. (Daniel Cruz)

Tixtla, Guerrero

La voz truena "ustedes tienen las armas". Sobre el andador a un lado de los jardines, escritas en muros se leen frases de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas; arriba, hacia donde se dirigen las voces, al fondo del pasillo de uno de los edificios de la Normal Rural Isidro Burgos, en Ayotzinapa, se ve la efigie del Che Guevara.

Uno de los jóvenes: cola de caballo, anteojos plateados, pantalón de mezclilla, playera entre gris y verde olivo, rinde su informe: "Les dijimos: ustedes tienen las armas, nosotros no...".

Con su acento defeño, agrega a sus interlocutores: "Les informamos: no las tenemos, pero vamos por ellas...".

Se refería a una reunión que sostuvieron con integrantes de otra agrupación. Al llegar a la parte alta los jóvenes guardaron silencio.

Uno siguió al fondo del pasillo, hacia un cubículo en cuya puerta estaba dibujada la clásica A del anarquismo, envuelta en un círculo. Se le veía convencido y sonriente. Sin temor por su lucha.

Al interior de ese internado varonil normalista, como en la filas de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, es evidente que se gesta algún tipo de respuesta armada por los desaparecidos.

Los estudiantes se asumen como revolucionarios. Así que para ellos hablar de armas no es secreto ni tabú. Para ellos nacer en la cuna de esa añeja organización es un orgullo. Ésta les brinda una disciplina casi militar. "De compromiso social", define uno de ellos.

Un egresado de esta Normal Rural, en plantón en el zócalo de Chilpancingo, analizó: "Cuando la masacre de Aguas Blancas (con 17 muertos en 1985), surgió el Ejército Popular Revolucionario, no, no es descabellado que surja ahora algo parecido...".

Frente a él se lee la frase "poder al pueblo, destitución de mandatarios".

Cuatro hombres armados custodian el portón principal de la normal. Son los integrantes de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) —policía comunitaria de Olinalá— en apoyo a Ayotzinapa.

Es el grupo de la ahora presa Nestora Salgado, acusada de secuestro en la región de la Montaña guerrerense. Su primo, uno de los guardias, afirma: "Ella es inocente".

En los patios de la escuela hay por lo menos una decena de camionetas blancas de doble cabina de modelo reciente. Éstas son usadas por jóvenes que no parecen ser de la localidad por su vestimenta y forma de hablar.

La prueba iniciática

Esa disciplina de la que hablan con orgullo alcanza todo: desde comer casi nada en los primeros dos meses de ingreso, hasta la prohibición a los hombres del uso de aretes o no salir de los dormitorios después de las 11 de la noche, según se lee en su Código Disciplinario de 11 puntos, firmado por su Comité de Orden y Disciplina.

La prueba inicial es difícil: trabajar en el campo, limpiar los espacios de puercos y vacas, sembrar la tierra, salir a botear y tomar camiones. Labores todas para los alumnos de primer ingreso. Una vez superada la prueba, dichas actividades se rolan "por academia". Es decir, por cada uno de los cuatro grados que compone la licenciatura en educación primaria.

En su formación van por delante sus clases de teoría política. Su adoctrinamiento "para crear conciencia". Durante esos dos meses iniciáticos no hay estudio alguno relacionado con su carrera de maestros.

La madre de uno de los desaparecidos, cuyo nombre se omite para preservar su seguridad, narra que su hijo era de primer ingreso, uno de los desaparecidos.

Informa: "Sí, él entró en agosto y se lo llevan a la calle en septiembre, ese 26. Durante el tiempo que estuvo aquí los tuvieron a medio comer; mi hijo es de buen diente y cuando nos visitaba (viernes y sábado) se quejaba: les daban la comida sin sal, estaba más flaco".

"Carne de cañón"

La mujer, cuyo esposo anda en el campo en búsqueda de los desaparecidos, revela que hay descontento entre algunos de los padres de familia por la forma en que fueron conducidos sus hijos de primer ingreso.

Ello pese a que, según informó, existe un documento firmado desde 2013 en el sentido de que los estudiantes no serían sacados de la escuela sin el consentimiento de los padres de familia: "Los del comité no cumplieron, se pasaron, echaron por delante a los de primer ingreso".

Los del comité son la verdadera dirección de la escuela, aunque oficialmente se tenga un director. Es decir, la cúpula de la Federación Estudiantil que ni ella misma conoce por su nombre.

Señala que los dirigentes de la normal les han prohibido hablar con la prensa. Acusa: "Mi hermano (maestro egresado de esta escuela) dice que ahora sí los del comité se pasaron... los llevaron como carne de cañón...".

"Experto en tomas"

Al interior de la normal rural se percibe un plantel severamente descuidado: suciedad, vidrios rotos, sanitarios sucios, bancas amontonadas, salones dormitorios, ropa tendida en pasillos y aulas. Pero, también estudiantes comprometidos.

Frente al busto de Ignacio Manuel Altamirano una mujer que vende dulces en un local se queja por la presencia de las que llama "hormigas muerteras; algo va a pasar, cuando sucedió eso (la muerte y desaparición de normalistas) un día antes también había mucha hormiga".

Adelante, placas con nombres de egresados y fallecidos; en un espacio techado se percibe un ambiente de actividad: los peroles con comida y el acopio de víveres... todo esto frente a las 43 sillas que esperan a los desaparecidos de Ayotzinapa.

Alfonso es un estudiante de cuarto grado. Dice que la espera es difícil: "Nosotros hacemos la limpieza, nos vamos rolando. Ahorita los de cuarto leemos un poco, porque viene la tesis". No obstante que sus comentarios no lo comprometen en nada, pide la aprobación con la mirada de uno de sus compañeros, que dice ser originario de Sinaloa.

Éste parece ser el jefe del grupo, en el que también se encuentra un estudiante del IPN del DF; el sinaloense recibe llamadas, aprueba y desaprueba. Ordena quién tiene que hablar. Sus compañeros lo festejan y le reconocen que se ha vuelto "un experto en la toma de vehículos".

En la normal hay un poco más de 100 vehículos amontonados en el campo de futbol: autobuses, camiones y tráileres repartidores, pipas de combustible y de agua y camionetas, muchas camionetas particulares.