Movimiento Ciudadano, por sobrevivir al divorcio

Luego de años de matrimonio de conveniencia con AMLO, el reto del partido de Dante Delgado es crear una identidad propia donde no la hay, porque los tiempos de nadar de a muertito y cosechar votos ...
Enrique Alfaro, recandidato de Movimiento Ciudadano pegó calcas a automóviles en los cruces de avenida Circunvalación y Belisario
(Nacho Reyes)

Sobrevivir y convertirse en la tercera fuerza política nacional de la mano de un popurrí de personajes que no tienen nada en común. La mira de Movimiento Ciudadano de cara a las elecciones nacionales de este año es muy ambiciosa. Si es realista, ese es otro tema. Pero tras divorciarse de Andrés Manuel López Obrador luego de años de matrimonio de conveniencia, al partido de Dante Delgado se le presenta el reto de una vida: crear una identidad propia donde no la hay. Porque los tiempos de nadar de a muertito y cosechar votos ajenos se le terminaron.

El distanciamiento, separación y subsecuente confrontación de facto con López Obrador “básicamente puso a Movimiento Ciudadano a trabajar. Era un partido tipo franquicia que iba con la corriente y que sin hacer demasiado esfuerzo había ganado mucho.

Ahora vaya que tiene que ponerse a trabajar para ganar votos y parte de la estrategia es atraer a figuras de otros partidos”, estima Vidal Romero, jefe del departamento de Ciencia Política del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

De 2006 a 2012, Movimiento Ciudadano —nacido como Convergencia— vivió de los votos que le trajo López Obrador e hizo todo lo posible por colgarse del tabasqueño. En las elecciones presidenciales de 2006 y con una cantidad de votos difícil de calcular, pero que no pudo ser superior a los 700 mil, recibió a manera de regalo la bancada más grande de su corta historia: 17 diputados y cinco senadores.

En las de 2012, lo mismo: se llevó 16 y uno, siempre con la pregunta soterrada entre algunos liderazgos del PRD: ¿pues a poco vale una alianza con Movimiento Ciudadano tanto como para darle todos esos espacios?

“Por definición en las alianzas políticas las partes siempre ven cómo tener un beneficio electoral. En este caso, ambas partes teníamos un beneficio, aunque es altamente probable que ellos obtenían beneficios más rentables política y electoralmente hablando”, reconoció Alejandro Sánchez Camacho, ex secretario general del PRD. “Nosotros no alcanzamos el objetivo de la alianza, que era la Presidencia de la República. Ellos sí, porque avanzaban sus expectativas en el Congreso”.

Eso —el verdadero valor del partido en las urnas— es difícil de calcular. El termómetro más confiable es el que ofrecen las campañas intermedias. Si en ambas elecciones presidenciales en las que se alió con López Obrador Movimiento Ciudadano (o Convergencia) se hizo de posiciones políticas gracias al peso del tabasqueño y lo benevolente del sistema de alianzas, en las intermedias de 2003 y 2009, sin una figura magnética como polo promocional, quedaron en evidencia sus limitantes.

En la primera elección, Convergencia solo obtuvo cinco diputados y 602 mil votos, mientras que en la segunda llegó a seis y se hizo de 855 mil sufragios, un resultado marginal para una fuerza política que en la cima del romance con el lopezobradorismo aspiraba a entrar al concierto de los grandes. Apenas mantuvo el registro en ambas ocasiones.

Tras el sopetón que significó 2009 a sus ambiciones, se volvió al amorío como una solución inmediata. En 2011 hasta se cambió de logo y nombre. Como una esposa que abandona su identidad en favor de la de su cónyuge, la dirigencia del entonces Convergencia votó por rebautizarse como Movimiento Ciudadano y adueñarse del logotipo del águila republicana, símbolo que López Obrador había elegido desde los tiempos del gobierno legítimo para que fuese su estandarte de batalla.

No fue una decisión gratuita. La de la última década fue una etapa sumamente exitosa para el partido en términos políticos y, sobre todo, económicos. Siempre con la figura de López Obrador como factótum en el trasfondo, el partido de Delgado se hizo de una cifra récord de diputados, senadores y alcaldes.

Fundó sus primeras bancadas legislativas. Se adueñó de Acapulco, Texcoco, Puerto Vallarta y hasta alcanzó gobiernos estatales, como Oaxaca, con Gabino Cué. En términos de dinero, es un periodo en el que acumuló casi 2 mil 500 millones de pesos en prerrogativas. De recibir apenas 9 millones de pesos en 1999, Movimiento Ciudadano ya se embolsaba en 2012 315 millones. Nada mal para un minúsculo satélite político sin peso ideológico y cuya única definición era la de “ser un polo socialdemócrata” en el país.

Pero con el nacimiento de Morena vino el divorcio. Delgado y López Obrador rompieron en 2012 y desde entonces se han mantenido distanciados, algo evidente en cómo Dante ya nunca volvió a los templetes del tabasqueño ni se le acercó en su campaña en defensa del petróleo durante los tiempos de la reforma energética, en 2013.

Hay una cierta hostilidad del político veracruzano al partido lopezobradorista, que representa a todas luces un riesgo para la existencia de su franquicia.

“Yo me quedé en el grupo de los que pensábamos que (Morena) debía ser un movimiento social y no un partido”, confió Delgado en una entrevista a mediados de 2013. Y advirtió: “No estamos para que nos reconozcan (lo que hicimos). Lo importante va a ser en 2015”.

Y sí, la apuesta es 2015. Ya sin el peso de López Obrador, Movimiento Ciudadano parece depositar esperanzas en una constelación de estrellas menores y atípicas para mantener el registro. En el listado de sus candidatos a diputaciones federales aparecen personajes que han sido expulsados de otros partidos, ex paramilitares, empresarios y deportistas.

A figuras como Fernando Elizondo, un ex calderonista al que ahora se permite pelear por la gubernatura de Nuevo León, se suman extremos ideológicos que en ningún otro lugar podrían ni compartir mesa. Es el caso de un Marcelo Ebrard que, desterrado del PRD, se había convertido en la nueva estrella del partido —hasta la anulación de su candidatura por el Tribunal Electoral— y a quien le acompaña Manuel Espino, ex presidente del PAN, personaje al que se vincula con la organización de ultraderecha, el Yunque. Ambos compiten —o competían en el caso de Ebrard— por una diputación federal.

En la constelación de personajes sui géneris a los que Movimiento Ciudadano apuesta aparecen también Hipólito Mora, ex líder de las autodefensas michoacanas y aspirante a una diputación federal en Apatzingán, y Virginia Mireles, hermana del doctor José Manuel Mireles, otro liderazgo del movimiento armado que derrocó a Los caballeros templarios.

A ellos debe añadirse el impacto electoral que puedan tener figuras locales que cuentan con arrastre propio, como Luis Walton, ex alcalde de Acapulco que busca ganar la gubernatura de Guerrero, o Enrique Alfaro, uno de los aspirantes punteros a la alcaldía de Guadalajara. Si la estrategia funciona, Movimiento Ciudadano podría terminar el próximo año con la segunda ciudad del país en términos poblacionales en la bolsa.

Lo cierto es que más allá de las siglas, poco une a estos políticos; Romero sostiene que el uso de personajes y no planteamientos ideológicos como herramienta electoral es un incentivo del sistema electoral mexicano, que induce a los partidos que quieren mantener el registro a postular candidatos que puedan arrastrar votos, sin importar su historial previo. Pragmatismo puro. Y funciona.

“Es buscar desesperadamente alguien que te traiga votos. Se están agarrando de las figuras políticas que por alguna razón ya no están en los grandes partidos y parece que les está funcionando bien. Los pocos datos que hay nos apuntan a que sí lograrán mantener el registro”, opinó el politólogo.

La dramaturga Jean Kerr solía decir que divorciarse es como ser arrollado por un camión de cuatro ejes. “Si sobrevives a ello, empiezas a mirar con mucho cuidado a la izquierda y la derecha”, ironizaba. Tras el divorcio con López Obrador, Movimiento Ciudadano parece hacer lo mismo. Ha decidido voltear a ambos lados del espectro político —a la izquierda y derecha— en busca de un nuevo romance que le traiga votos.



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