Infierno en casa, refugio en México

El pequeño Jafet, junto a sus hermanos Anderson y Antony, de 5 y 7 años, dejaron su casa en Honduras para partir con su madre Brenda Llanes en un viaje rumbo a México.
40 mil niños migrantes cruzan México para llegar a Estados Unidos.
Miles de niños centroamericanos huyen de la violencia en sus países y buscan refugio en México y Estados Unidos. (Notimex)

Ciudad de México

A los 10 años, Jefferson Jafet ya sabía que los mareros habían matado a su padre y prometió que cuando creciera, él mismo ajusticiaría a los asesinos.

Cuando el padre de Jafet murió asesinado en Honduras en diciembre pasado, su madre Brenda Maribel Llanes, de 28 años, comenzó a trabajar en una maquila. Jefferson y sus dos hermanos menores se quedaban encargados con una tía.

Los miembros de la Mara Salvatrucha sacaban al pequeño Jafet de su casa y le enseñaban a "meter y sacar balas de la pistola, y le decían que ellos iban a enseñarle a disparar y a matar gente", cuenta Brenda.

El acercamiento de Jafet con los "mareros" fue el último empujón que necesitó la joven hondureña para tomar una decisión drástica: dejar su vida, familia, casa y todas sus pertenencias en Honduras para alejar a sus tres hijos de la violencia.

El pequeño Jafet, junto a sus hermanos Anderson y Antony, de 5 y 7 años, dejaron su casa en la ciudad de San Pedro para partir con Brenda en un viaje rumbo a México.

La joven hondureña tenía 5 mil 200 lempiras (unos 3 mil 212 pesos) para cruzar "en combi" con los tres niños el país de Guatemala, pagar el pase fronterizo y llegar a México.

Pero los pasajes, las comidas y el dinero se consumieron muy rápido, por lo que la familia tuvo que dormir en la calle, a las afueras de un mercado guatemalteco, y continuar su camino pidiendo "jalón".

Llanes y sus tres hijos llegaron al albergue "Todo por ellos A.C.", en Tapachula, Chiapas, donde encontraron comida, alojo y orientación jurídica. Hace tres meses que esa es su casa.

Aunque su voz es suave e infantil, las respuestas de Jafet son contundentes y secas. "No", el pequeño dice que no le dio miedo cruzar con su mamá y hermano el río en Guatemala porque sabe nadar.

Se trata del río fronterizo de Suchiate, que divide a ciudad Hidalgo, en Chiapas, con la ciudad guatemalteca de Tecún Umán, donde a su mamá "le quitaron sus quetzales".

Aunque fue un viaje largo y no tenía un solo juguete consigo, Jafet jugaba a la pelota y al futbol con otros niños hondureños y a "esconderse y a las atrapadas" con sus hermanos.

Dice que del viaje le gustaron las combis y que le dio un poco de miedo la frontera, pero que aunque extraña su casa, a sus amigos de primero de primaria y, especialmente, a su papá, está seguro que "no, a Honduras no" quiere volver.

Para no tener malas noticias, Llanes ya ni siquiera se comunica con su familia en San Pedro, donde están sus hermanos, e incluso dice que sus hijos saben que si regresa a Honduras, "ya no vas a volver, porque te van a matar".

La joven madre dice que "ya me dieron el asilo político en México, no sé si me voy a quedar acá o me voy a ir a Estados Unidos", pues sólo está esperando que los de migración la llamen a "huellear y tomar las fotos con los niños".

En el albergue, Brenda tramitó ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) su solicitud como refugiada, que tardó ocho semanas en ser aprobada, y se encuentra en espera de que ese organismo, como intermediario ante el Instituto de Migración, le libere la residencia permanente, explica Ramón Verdugo, coordinador del albergue. 

Llanes dice que ya otros nueve miembros de su familia también decidieron huir de Honduras, y que están en la ciudad de Cacahoatán, Chiapas, para pedir refugio en el país.

Explica que quiere poner a sus hijos a estudiar y buscar un trabajo de limpieza para irse a Monterrey o Tijuana, donde finalmente decidirá si se va a Estados Unidos o se queda.

Lo importante para la madre de Jafet era salir de su país, de ese infierno de asesinatos y Mara Salvatrucha, para proteger a sus hijos en un refugio, que resultó ser México.