México y Francia recuperan el amor que se había perdido

Ambos mandatarios se encuentran en el 50 aniversario de la visita al Distrito Federal del general Charles de Gaulle.
El rector de la UNAM, José Narro, estuvo en el encuentro de Los Pinos.
El rector de la UNAM, José Narro, estuvo en el encuentro de Los Pinos. (Nelly Salas)

Ciudad de México

Hace 50 años, el 15 de marzo de 1964, el general Charles de Gaulle llegaba a México. Era recibido por el presidente Adolfo López Mateos. En el aeropuerto de la Ciudad de México se saludaban efusivamente: el fundador de la Quinta República se abrazaba con el mexicano y los dos… se besaban en ambas mejillas. Romance político en plena guerra fría

En un coche descubierto recorrían calles y avenidas hasta la Plaza de la Constitución. Alrededor de 800 mil personas salían a las calles para vitorear al general. Los mandatarios bajaban del vehículo y el francés se acercaba a saludar de mano a la muchedumbre que se abalanzaba como si se tratara de un artista de cine. Pero no sóolo eso: López Mateos hacía una insólita invitación a su homólogo: De Gaulle hablaría a la gente congregada en el Zócalo… desde el Balcón de Palacio Nacional. Es el único presidente extranjero que ha hecho tal cosa. En español, aunque un traductor ubicado a su derecha de cuando en cuando le soplaba frases, el militar del antiguo imperio invasor de México sellaba su arenga con una frase que prendió a la gente: “El pueblo francés propone al de México que marchemos la mano en la mano. ¡Viva México!”

Cinco décadas después, en el Campo Marte, Enrique Peña Nieto recibió al presidente de Francia con 21 salvas, un pequeño desfile de cadetes militares, e hizo alusión a aquella visita del general. François Hollande procedió de la misma manera, pero aludió al ex mandatario Nicolas Sarkozy y al caso de la secuestradora francesa Florence Cassez, liberada por la Suprema Corte, episodio que enrareció las relaciones entre ambos países: “No todos han sido tiempos felices entre Francia y México. Ha habido momentos tormentosos en la relación”. El presidente francés recordaba aquellos pleitos, pero proponía darles la vuelta, recuperar el espíritu de los tiempos de De Gaulle, esos de “la mano en la mano”, con “una nueva etapa” en la que ambos países vayan juntos, “el corazón con el corazón”.

Horas más tarde, en Los Pinos, Peña Nieto aceptaba, retomaba la frase idílica de los corazones, y además, ambos se apapachaban, se condecoraban: la Gran Cruz de la Orden Nacional de la Legión de Honor para el mexicano, la Orden del Águila Azteca para el francés. Mientras sus funcionarios firmaban acuerdos en materia de seguridad, de energía, de educación, ellos de pie, a sus espaldas, reían y reían, bromeaban y bromeaban, hasta con los bolígrafos que usaban para las rúbricas.

Por la noche, durante una cena, para sellar el ánimo políticamente amoroso, bebían champaña en Palacio Nacional, para olvidar esos tiempos de Sarkozy, cuando las cosas tampoco fueron fáciles en el Senado, donde el hombre hizo airados reclamos por el caso de la plagiaria. Este jueves fue distinto: en el recinto legislativo todo fue concordia, palabras amistosas entre el mandatario y los tribunos…

Aunque no se besaban como De Gaulle y López Mateos, con las invocaciones fraternales del general Hollande y Peña Nieto sí borraban los tormentosos tiempos de Sarkozy, Cassez... y Felipe Calderón.