"Le pegaron al candidato"

Ese 23 de marzo de 1994 una llamada alertó a los reporteros, que se habían trasladado a la sala de prensa en Tijuana, que algo que le había sucedido a Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas.
Reporteros de la fuente con Luis Donaldo Colosio en diciembre de 1991 después de un brindis de fin de año en el CEN del PRI.
Reporteros de la fuente con Luis Donaldo Colosio en diciembre de 1991 después de un brindis de fin de año en el CEN del PRI. (Cortesía reporteros)

Ciudad de México

"Le pegaron al candidato", gritó uno de los presentes en la sala de prensa en Tijuana aquel 23 de marzo de 1994. No había más detalles, solo algo fue claro: habían agredido a Luis Donaldo Colosio.

Eran más de las cinco de la tarde en Tijuana cuando a un hotel del centro de esa ciudad habían llegado varios reporteros para ocupar alguno de los teléfonos disponibles en la sala de prensa y enviar información sobre los eventos anteriores de Colosio en Culiacán, Sinaloa y La Paz, Baja California Sur.

Solo transcurrieron 20 minutos desde su arribo cuando llegó la noticia del atentado al candidato del PRI a la Presidencia. Había diferentes versiones, a algunos les dijeron que había sido golpeado, a otros que había recibido un balazo, pero ninguno sabía la gravedad de las heridas.

Irma Pilar Ortiz, quien en ese tiempo era reportera de Excélsior, recordó que recibieron una llamada telefónica, sin saber quién era, y solo les dijo: "oye, le pegaron al candidato. Le pegaron y le pegaron de veras".

Al respecto, José Quintero, quien cubría la fuente para el diario Uno más uno, dijo que incluso hubo quien mencionó que, al parecer, Colosio había recibido dos balazos.

La noticia corrió como pólvora en las redacciones de los medios. Los reporteros llamaron para alertar de lo que había ocurrido.

La movilización fue inmediata. Jefes de información avisaron a los periodistas que estaban en la ciudad de México lo que sucedía. Buscar reacciones, declaraciones, indagar sobre el hecho fue la tarea.

En la Cámara de Diputados los teléfonos sonaron. Heliodoro Cárdenas, actual jefe de información en Milenio, pidió la opinión de los legisladores, su postura, su sentir ante el hecho.

"Fue una nota muy fuerte, muy importante, que, de inmediato, empecé a llamar a la Cámara de Diputados para hablar con diputados y decirles primero (sobre lo que había pasado en Lomas Taurinas) y preguntarles ¿qué onda con un crimen de tal magnitud?", dijo Cárdenas.

Por su parte, el cronista y reportero Humberto Ríos Navarrete se trasladó a la que era la casa de Colosio en la ciudad de México a la espera de familiares, políticos, amigos del candidato que se expresaran sobre el acontecimiento.

"Creo que era una cerrada, una unidad habitacional (el lugar en el que vivía Colosio en el DF). Esperamos ahí a que llegaran a dar el pésame los políticos (...), ahí estaba la servidumbre. Estaba su niño y había ayudantes", mencionó Ríos Navarrete.

Nada aún estaba claro, ¿qué le pasó?, ¿cómo fue?, ¿cuál era el estado de salud de Colosio?, eran algunas de las interrogantes de los periodistas, quienes intentaron averiguar a qué nosocomio había sido trasladado.

En el Hospital General de Tijuana la afluencia era mayor que en otros días. Camarógrafos, reporteros y fotógrafos se concentraron en la sala de espera y a las afueras de la institución médica a la espera de algún informe o de los colaboradores del candidato priista que aclararan el panorama.

"Realmente no sabíamos qué había pasado ni la gravedad de la situación. Cuando lo dice el Presidente, cuando Salinas lo dice es cuando sabemos la realidad, porque nadie tenía la autorización de salir a decir pasó esto", reconoció Irma Pilar Ortiz.

La espera parecía eterna y el hermetismo se mantenía. Finalmente, Liébano Sáenz, secretario de Información y Propaganda de la campaña, salió ante los medios de comunicación.

"Salió con una cara muy lívido, muy serio, muy triste, con casi el rostro a punto de soltar las lágrimas y nos dimos cuenta que algo grave había pasado", dijo Quintero.

El mensaje fue breve, pero el impacto fue grande. Sobre un escritorio, que sirvió de tarima en el hospital de Tijuana, Sáenz dio a conocer en 15 segundos que Luis Donaldo Colosio había muerto.

"Me permito informales que a pesar de los esfuerzos que se realizaron el señor Licenciado Luis Donaldo Colosio, candidato del Partido Revolucionario Institucional, ha fallecido", fueron las palabras.

La noticia parecía increíble. Unas horas más tarde, los periodistas viajaron de regreso a la ciudad de México en el mismo avión en que venían los restos del candidato presidencial del PRI.

"Cuando regresamos en el avión con él, nadie decía nada, todos veníamos desencajados, realmente muy dolidos y muy sacados de onda porque era algo que no se esperaba en México, era algo que nunca pasó", comentó la entonces reportera de Excélsior.

El féretro con el cuerpo de Colosio llegó al Distrito Federal el jueves 24 de marzo y fue trasladado al auditorio Plutarco Elías Calles del CEN del PRI, en donde se le rindió guardia de honor.

Más tarde, sus restos fueron velados en una funeraria y al día siguiente fueron llevados a Sonora para ser enterrados en Magdalena de Kino, poblado del que era originario.