De “La Lomas” nomás un día al año se acuerdan

Cuando mataron a Luis Donaldo Colosio, la colonia Lomas Taurinas de Tijuana no tenía agua potable y sus calles eran de tierra; 20 años después algunas cosas han mejorado, pero persiste la inseguridad.
Entre calles empinadas y sin pavimentar, el “candidato del pueblo”   bajó a un cañón conocido como Lomas Taurinas, donde una multitud compuesta por simpatizantes, vecinos e integrantes del PRI lo esperaban con entusiasmo, música y festejos.
"La Lomas", como los tijuanenses le dicen a esa colonia, está adentro de un cañón al que se entra por calles empinadas de pavimento cacarizo. (MILENIO)

Tijuana

La Plaza de la Unidad y la Esperanza es una plancha de concreto de 20 metros de largo, está justo al centro de un cañón que es el corazón de la colonia Lomas Taurinas, en Tijuana, un lugar que nadie más que sus habitantes conocerían si no fuera porque aquí murió hace 20 años el candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio.

En Tijuana, una ciudad de casi 125 años, solían fundarse colonias sin planeación urbana, con toma de terrenos, hasta que en 1961 empezó el registro de fraccionamientos por parte del gobierno del estado. "La Lomas", como la apodan muchos tijuanenses, fundada en 1968, es el segundo fraccionamiento de la delegación Mesa de Otay.

Aunque planeada desde su inicio, aquí las calles son estrechas y empinadas, las casas parecen salpicadas en los cerros. En ellas viven unas 20 mil personas, la mayoría dedicadas al ambulantaje, a la construcción o como obreros en las fábricas y maquiladoras que están alrededor.

Cuando mataron a Colosio aquí no había drenaje, sólo la calle principal René Treviño estaba pavimentada. El candidato presidencial tuvo que entrar a pie por entre las calles terregosas, sus camionetas se quedaron arriba, y cruzó por un puente de madera el arroyo Pastejé.

Ahora todos tiene agua potable, los techos se adornan con las antenas coloradas de "Dish" y en lugar de tierra, los residentes llegan a su casa cruzando por rampas de concreto cacarizo un cauce de aguas negras que en algún tiempo fue arroyo.

Algunas cosas han cambiado, pero no todo. Esta lucha por mejorar ha endurecido a los residentes de "La Lomas".

Agustín Perez Rivero, presidente de la Comisión de Colonias Populares A.C., vive a un lado de la plaza y cuenta que, paradójicamente, fueron los camiones de la construcción de las canchas y el centro comunitario de Colosio los que acabaron con el pavimento.

"Aquí somos muy duros, nos hicimos así a puras promesas" dice Pérez, "como hace tiempo que vinieron a cantar ópera unos artistas y hubo muy poca gente que los vio, no nos interesa...".

Los abarrotes de Jorge Martínez llevan 20 años en la calle principal, él culpa a los escurrimientos de aguas negras de que la colonia esté tan mal.

Asegura que por más de una década esa vía, que conecta un tramo de la parte alta y baja de la colonia, se ha convertido en el destino de agua contaminada, que ha acabado con el pavimento.

"Si subes aquí arriba donde está el Colegio Familia a mano izquierda, vas a ver un tubo, y por ahí sale el agua. El agua nos la sueltan más o menos cada tres días en la noche, la sueltan y es un aguadal, pura agua sucia", cuenta Martínez haciendo aspavientos al recordar el olor, "nombre, cállate la boca. Pa' llorar con mis dos ojitos."

Con o sin calles pavimentadas, lo que sigue igual o peor es que roban mucho. Martínez ha optado por traer pistola contra los rateros, aunque espera no usarla nunca.

"La inseguridad está al 100 aquí, y que no me digan a mí cosas que no son porque yo aquí he vivido" dice Martínez, "he visto camaradas que los agarran y los dejan encuerados, así de fácil. Aquí a mí me robaron dos veces, pero créemelo que duré yo un tiempo con mi fierro acá abajo y con cartucho cortado porque, pues oye, todo mundo quiere hacer leña con uno".

Martínez dice que de no ser por el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el 23 de marzo de 1994, las autoridades no tendrían ningún pretexto para acordarse una vez al año de la colonia.

Martha Sánchez, vecina desde hace 37 años, también lamenta que nomás una vez al año exista "La Lomas" para los funcionarios. Le enoja que cada año sea igual, funcionarios de alto nivel y elementos de la Policía Municipal resguardando la plaza de la Unidad y la Esperanza, pero el resto del año ni quien se acuerde.

"A mí se me hace tan feo eso, tan hipócrita ", dice Sánchez, "porque nada más cuando viene lo de Colosio se barre, se baña la plaza de pies a manos a Colosio. Vienen con faramalla de venir a ponerle flores... pero como ahorita ya va a ser el 23 de marzo, y lavan y hacen cuanta cosa para quedar bien. A mí se me hace mal eso porque en el transcurso del año ni un alma se mira que de perdida manden lavar, para nada".

Apenas en enero, casi 20 años después de que muriera el candidato, se abrió el primer centro comunitario de la colonia, con el nombre de la viuda de Colosio, Diana Laura Riojas de Colosio. El centro está muy cerca de la plaza, también hay una pequeña biblioteca a la que casi no va nadie.

Martha Sánchez espera que esto del centro comunitario por fin sirva de algo para revivir este lugar el resto del año.

"Ese ahí está muy bien porque hay varias clases y están bajando las ayudas", comenta, "hay mucha gente que en realidad sí necesita, demasiada gente de escasos recursos y pues en eso no se fija mucho el gobierno".

Para Sánchez hay una esperanza porque "apenas ahora que pusieron el centro comunitario dijeron en una junta, cuando vino el presidente municipal, que ya cualquier cosa que ocuparas fueras directamente a la delegación y la delegación te iba a ayudar ahí".

Pero Martínez, el abarrotero que vive con la fusca en el cinto, no ve las cosas con tanto gusto. Se dice viejo, cansado de creer que algo va a cambiar. Para él, como para la plaza, también han pasado 20 años.

"Ven un día en el aniversario y vas a ver todo pintado, todo acomodado. Una semana antes... barrido y toda la cosa", le dice Martínez a Milenio, "pero a mí ya no me engañan, aquí se muere uno de viejo y no progresa".