CRÓNICA | POR MIRIAM CASTILLO

Indígenas de Guerrero prefieren Coca-Cola a tomar leche

A un año de la cruzada de Sedesol

Indígenas prefieren comprar refresco para alimentarse, pues es más barato y no les causa problemas estomacales.

Guerrero

En la sierra guerrerense, donde se ubican las comunidades más marginadas, el consumo de leche es casi a la fuerza.

En esta entidad se bebe apenas 6 por ciento del producto que reparte Liconsa, de acuerdo con cifras del Programa de Abasto Social Guerrero.

Uno de los proyecto más importantes de la Cruzada Nacional contra el Hambre es la distribución de leche subsidiada, que enfrenta una costumbre arraigada en estas comunidades.

Aunque se desplazan más de 13 millones de litros de esta bebida tan solo en Guerrero, los indígenas prefieren comprar Coca-Cola y galletas para saciar el hambre.

"Niño no leche, porque da chorro. Coca y galleta, no hambre" es una de las frases que más repiten las mujeres indígenas, que en su mayoría no hablan español.

La falta de recursos dificulta que la leche sea considerada una buena opción para las madres a la hora de alimentar a sus hijos. Prefieren los refrescos por ser más baratos, porque sacian el hambre y no alteran el sistema digestivo de los niños.

Una mujer de unos 30 años, con cuatro niños a cuestas en el municipio de Cochoapa, explica con un español limitado que incluso con el subsidio no logra alimentar a todos los niños con leche. El precio de un litro es prácticamente el mismo que por dos de Coca-Cola. "No alcanza. Ellos comen y yo hambre. Mejor todos galleta", explica después de señalar un letrero que muestra el costo del refresco, que es de 6 pesos el litro.

Algunos de los brigadistas de Liconsa relatan que las mujeres rechazan las credenciales del programa de subsidio debido a que no las usan. En la zona de la Montaña, el padrón de beneficiaros es de 23 mil personas, casi todos niños menores de 12 años, por lo que se han desplazado 79 mil 490 litros de leche cada mes, pero solo se consume 3 por ciento. Es el factor más bajo de todo el estado.

En esta zona se encuentran los municipios más pobres del país: Cochoapa El Grande y Metlatónoc. A un año de la cruzada, de acuerdo con los responsables del abasto de Liconsa, en algunos de los poblados la distribución mejoró, pero el consumo sigue siendo bajo.

Por ello el padrón tiene variaciones debido a que no consumen el líquido, es decir, en un inicio las madres se afilian al programa, pero después de algunas semanas dejan de comprar la leche y regresan a la dieta de refresco.

De 2012 a la fecha, el número de beneficiados en Cochoapa pasó de 119 a 790, mientras que en Metlatónoc la cifra varió de 324 a mil 139 beneficiados. Sin embargo, el consumo de leche no se ha incrementado, el repunte es de apenas dos puntos porcentuales. Incluso las autoridades federales han recurrido a "catas de leche" para que los pobladores conozcan los productos y sabores para hacerlas más atractivas.

En los comedores comunitarios las señoras acuden con los niños en brazos y miran recelosas a los brigadistas que los invitan a tomar leche con chocolate o vainilla. Los niños los reciben bien, pero la cantidad de grasa, nutrientes y la falta de costumbre hace que en los primeros días tengan algunos problemas estomacales como indigestión y diarrea.

Eso es suficiente para que las madres vuelvan a la dieta original, que incluye agua de río o refresco. Hasta el momento se contabiliza un padrón de 212 mil 949 beneficiados, de los cuales 64 por ciento son niños de menos de 12 años.

Aunque se ha logrado que más familias ingresen en el padrón, no acuden a las distribuidoras porque aseguran que no se terminan la leche y prefieren gastar lo poco que tienen en refresco.

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