“La política, una tentación, pero no entro porque hay corrupción”

Hace 30 años vendía carnitas. Hoy es uno de los hombres de negocios más importantes del país, pero dice que comparado con Carlos Slim es “un pordiosero”.

Guadalajara

En la década de los 80 este jalisciense de ojos claros y voz ronca, que en 2015 cumplirá 60 años, tenía un puesto de fritangas.

“Arranqué como vendedor de carnitas aquí en Guadalajara, hasta que engordé, me enfermé y quebré. Se llamaba Carnitas Patria, porque estaba en avenida Patria.

—¿Realmente se enfermó por las carnitas?

—Imagínate: comer grasa de puerco todos los días, tres veces al día, cuatro veces al día. Colesterol, triglicéridos, en fin, todo el mugrero que te da…

Eran tiempo difíciles para él. Cuando se compró su primer coche, un Ford Versalles 1955 que adquirió en Zacatecas, la carcacha no tenía ni parabrisas y en la carretera, rumbo a Jalisco, luego de adquirirlo, le picó una abeja en el cuello, lo que le provocó una inflamación del tamaño de una papada voluminosa.

Esos tiempos de carencias quedaron muy atrás. Hoy, 30 años después, es uno de los empresarios más importantes del país: ocupa el lugar 50 entre los 100 más destacados, de acuerdo con el listado de la revista Expansión, pero siempre procura recordar sus orígenes y trata de no ser un personaje corroído por la insolencia del dinero.

—Al lado de Slim soy un pordiosero…

Bueno, un pordiosero que cada año puede rentar un enorme crucero para que él y tres mil de sus microempresarios más perseverantes naveguen por el Mediterráneo; un hombre que posee un precioso y enorme avión privado: un Lineage 1000E de Embraer (con un costo de 42 millones de dólares, más de 36 metros de largo y 18 ventanillas de cada lado), que como dice la empresa brasileña, es la personificación del lujo. “Cree su hogar lejos de su hogar. Ya sea que esté trabajando, cenando o relajándose, hay cinco zonas de lujo que puede diseñar para que se adapten a sus necesidades. Para una máxima gratificación, su suite master tiene la opción de una ducha y una cama tamaño Queen. Sala-comedor, escritorio y áreas de estar disponibles”.

Es un emprendedor cuya principal empresa reportó el año pasado ingresos por mil 700 millones de dólares, mucho más que aquel primer millón de dólares que obtuvo en 1992, un año después de que la fundara, junto a dos socios de Estados Unidos, bajo el nombre de Omnitrition.

Este hombre se llama Jorge Vergara. Y Omnilife (así se llama su empresa desde 2001) es una compañía que produce más de 100 productos nutricionales y vitamínicos, además de otros más de 100 artículos cosméticos o de belleza (bajo la marca Angelíssima), una empresa piramidal o multinivel (él empezó a trabajar como vendedor en la empresa estadunidense Herbalife, similar a la suya) que cuenta con más de tres mil 500 empleados y un ejército de 6.5 millones de vendedores-distribuidores en México y 18 países del mundo (1.8  millones en el país), cada uno de los cuales tiene su número de teléfono. Sí, Vergara recibe cada día alrededor de 500 llamadas y mensajes vía SMS y WhatsApp de sus fieles, textos que —afirma— contesta uno por uno.

El reportero probó, y sí, recibió primero un mensaje (“I´ll return your call shortly”) y luego una llamada de vuelta. De hecho, todo el tiempo lleva un pequeño auricular inserto en su oreja derecha, aparato que solo deja cuando está ante las cámaras. Y es que el éxito de su marca —dice— es ese: la motivación. Y para ello, para dar charlas motivacionales a los suyos al estilo de los predicadores estadunidenses, viaja cada año a más de 200 ciudades de México y del mundo.

Y claro, es dueño de las Chivas de Guadalajara, el equipo más popular del futbol mexicano, que está en riesgo de descender, pero asegura que eso no sucederá. 

Es Jorge Vergara, el católico, el fan de los Beatles, pero también de Beyoncé y Moby, así como de series de televisión como Shameless o House of cards; cinéfilo, productor de la taquillera Y tu mamá también (un tío suyo fue productor de todas las películas de El Santo, afirma quien de chavo fundó un cine club para ver cintas de Fellini), floricultor de rosas (“las flores vivas en tu casa te dan energía y te sientes bien”), coleccionista de arte, amante de la meditación, charla durante 37 minutos con MILENIO en un par de sofás colocados sobre la orilla del pasto del impresionante estadio del Guadalajara.

Habla de todo, incluida la política, acerca de la cual reconoce que es “una tentación”, pero rechaza participar en ésta por su esencia “corrupta”.

Jorge Vergara, el empresario tímido y soñador (“la parte pública me cuesta mucho trabajo, aunque no parezca”, ríe) que censura la caza, la pesca, el box, los toros y las peleas de gallos (“matar bichos no es lo mío”), el tipo que no es querido en el mundo empresarial (“no, y no me importa”) y que cuando muera quiere que su fallecimiento se festeje en vez de que se lamente… 

‘OMNICHURCH’

—Dicen algunos que no lo quieren que usted vende placebos en un país de crédulos.

—Pues mira, creo que si fueran mil, 10 mil, 100 mil los equivocados, podrías pensar que es un placebo, pero cuando somos tantos millones de gentes, porque somos los distribuidores más los consumidores con resultados espectaculares… Te pongo un ejemplo: en Chivas inventamos un producto a raíz de la lesión del Venado (Alberto Medina, en 2004) para ayudar a regenerar más rápido el cartílago y se ahorró casi un año de regeneración. Entonces, cuando son tantos millones, es insultar a la gente decir que es tonta creyendo que es un placebo.

—¿Usted qué bebe ahí? —se le pregunta sobre su cilindro que no deja nunca y del cual sorbe y sorbe un líquido amarillo.

—Esto es Omniplus, vitaminas líquidas y un ingrediente que ayuda a prevenir el cáncer, que viene de la cáscara del arroz.

—Mil 700 millones (de dólares) generó Omnilife el año pasado. ¿Qué más quiere? Ya más allá de eso es como codicia…

—Bueno, si me comparo, creo que la codicia en este país es impresionante. No, no es dinero lo que estoy buscando. No, yo quiero 60 millones de personas que cambien su vida. Quiero ayudar a transformar a México.

—Van a decir que es populista.

—Pues sí, pueden decir misa, lo que quieran, pero al final de cuentas con hechos comprobamos lo contrario. La gente cambia su vida en Omnilife, es un hecho. Gente que gana hasta 200 mil dólares mensuales. Si ves sus historias: por ejemplo, hay una indígena que se llama Emilia, de Oaxaca, que le pagaban dos pesos diarios por tejer dos sombreros. Ganaba 60 pesos al mes. Ahorita está ganando $26 mil pesos mensuales y su vida se ha transformado de una forma impresionante. Estamos presentes en zonas remotas. Tú ve a Los Altos de Chiapas y estamos presentes. Es difícil llegar pero llegamos. 90% de la gente que está en Omnilife es gente de zona rural, 30% no sabe leer ni escribir y 10% no habla español.

—A ver, ¿cómo mide que haya mejorado la vida de esta gente?

—Medimos porque nosotros hacemos la entrega de los impuestos al gobierno, las retenciones. Esa es una manera de medir lo que están ganando.

—A ver, si Omnilife fuera un país  y usted fuera el presidente de ese país, ¿cómo ha disminuido la pobreza, qué porcentaje?

—60%. Es bestial el impacto que tú ves. Voy a cumplir 60 años, económicamente estoy sano, podría tirarme a la hamaca y comprarme un yate y dedicarme a dar la vuelta al mundo, pero la verdad de las cosas es que tengo un gran deseo de hacer cambiar a 60 millones de personas en los próximos 10 años… 

—¿Deveras tiene 6.5 millones de vendedores, de microempresarios en 19 países? Es como una Iglesia.

—(Ríe) Sí. Tenemos más miembros que la iglesia del que se acaba de ir de esta tierra. Del mero mero de la Luz del Mundo, que dicen que tiene 1.5 millones de personas. Es impresionante, muy emocionante.

—Ya va a querer construir usted su Omnichurch, su Iglesia.

—No, para nada (sonríe), porque a final de cuentas no hay dogmas, por supuesto no competimos en ese sentido. Lo que hay es un principio de cambio de vida, una gran oportunidad para la base de la pirámide.

—Cuando está con su gente sí lo ven como una especie de reverendo, de pastor, de predicador. Lo ven como a alguien que adoran.

—(Ríe) Bueno, me quieren por mi creencia muy firme en la gente y en el poder de la gente. Te pongo un ejemplo: ayer estuve en una reunión, una cumbre de líderes, y hay una empresaria que se llama Irma Ruiz que ganaba mil 800 pesos al mes. Trabajaba 12 horas diarias y ahorita está ganando más o menos $240 mil dólares mensuales.

Su vida se transformó radicalmente, decidió irse de aventura, está viviendo en Brasil con su familia, trabajando Omnilife Brasil. Su vida y la de toda su familia tuvieron una transformación bestial. Su hermano vendía lonches en Cuernavaca, vivía en un local comercial. Imagínate el nivel de carencia que tenía. El hecho de que tomen la oportunidad Omnilife y les cambie la vida es lo que genera ese agradecimiento.

—¿Cómo procesa usted esa devoción? Estamos hablando de cinco millones de devotos, de apóstoles.

—(Ríe) Mira, tal como es. Es algo que lo predico y lo digo muy claro: nunca me voy a olvidar de dónde vengo para saber a dónde vamos. En pocas palabras, no me la creo.

POLÍTICA CORRUPTA

—Casi dos millones de microempresarios aquí en México. Si cada uno tuviera cinco adultos en su casa podrían juntar 10 millones de votos.

—Sí ha habido interés de algunos partidos y algunos políticos. De todos los partidos grandes…

—¿Qué le dicen?

—Que si los ayudo (ríe).

—¿Con dinero?

—No, con proselitismo, en pocas palabras. En convencer a la gente que sigue Omnilife para que los vote y los siga a ellos. En Omnilife somos muy respetuosos del credo y la creencia política. No influimos en lo más mínimo.

—Usted tiene el poder económico, pero el poder político debe ser tentador, ¿no?

—Claro que se vuelve tentación. Obviamente puede ser una tentación, pero tengo muy claro que no es por ahí mi camino y no es por ahí lo que pretendemos hacer en Omnilife. Sería una falta total de respeto a la gente tratar de influir para que voten por alguien.

—¿Seguro no va a hacer usted su partido vida total, Omnilife?

—No. Mira, la verdad me han ofrecido incluso que entre en la política, por ahí en unos puestos, una senadurías y cosas de ese tipo, pero zapatero a tus zapatos. No me atrae. Yo creo que puedo ayudar a cambiar la vida de la gente con Omnilife y que los políticos lo hagan desde su trinchera. No estoy cortado para la parte política. Me costaría mucho trabajo entrar al sistema.

—¿Qué le asusta de la política?

—No me asusta pero creo que hay un sistema de corrupción que si te metes tienes que ser parte de, y no podría hacerlo. Hay un principio en Omnilife de que no corrompemos ni participamos en corrupción. Ni en México ni en ningún país.

EL DINERO Y LOS EMPRESARIOS QUE NO LO QUIEREN

—Vive bien, Jorge. Tiene un avión grandote, puede cerrar Careyes para hacer un bautizo (ríe porque le recuerdo la anécdota), se puede ir a un crucero con tres mil personas para premiar a sus microempresarios…

—Sí, hace 23 años que no tenía nada en qué caerme muerto y ahora vivo bastante bien, tengo bastantes recursos para vivir muy bien. En esa parte estamos tranquilos. Sin embargo, en la parte de compartir con la gente todavía nos queda mucho.

—La insolencia del dinero. ¿Cómo controla eso?

—Lo importante del dinero es el uso que le des. Tenemos que perseguir resultados y no dinero. Para mí, por ejemplo, el avión, más que un lujo, es una gran necesidad; recorro 200 ciudades al año en 19 países. Tienes que estar muy cerca de la gente. Si no tuviera Omnilife no tendría caso tener un avión. Soy muy cuidadoso en ese sentido: el dinero es una herramienta, no el éxito. El éxito no es cuánto dinero tienes o cuánto dinero acumulas.

—¿Cómo controlar la ostentación del dinero?

—Con el respeto que debes tenerle al dinero. No nos comparamos con nadie. Si me comparo con (Carlos) Slim, soy un pordiosero, ¿no? Si me comparo con un pordiosero, soy Slim. No soy ni uno ni otro. No envidiamos a los demás.

—En este país no es correcto ostentar porque es como un insulto…

—Sí. Y el éxito se persigue de oficio en este país. No te perdonan ser exitoso. Y menos cuando vienes de una procedencia donde no hay influencia política, no hay influencia de ningún tipo ilegal, y que todo fue hecho con mucho trabajo.

—No tiene mucha relación con los empresarios.

—No, la verdad es que no he sido muy bienvenido. Lo que me ha pasado con los empresarios en México es que como no debo a nadie ni tengo ninguna conexión que agradecer o pagar, y no he crecido de la manera tradicional de un empresario en México, no soy muy bienvenido en las cúpulas empresariales.

—¿Y le importa?

—No, la verdad que no. Me da igual lo que piensen. La verdad tengo muy clara la misión que tengo para México. Quiero ayudar a cambiar este país y lo voy a seguir haciendo igual. Si no me aceptan es su problema, no el mío. Mi chamba es en la base de la pirámide.

LA REINA DEL GAS Y OTRAS COSAS

—Su mujer (Angélica Fuentes) tiene experiencia: su Grupo Imperial, de Chihuahua, fue considerada la empresa más importante en el norte de México en el sector del gas natural. ¿Qué, con la reforma energética van a ser neopetroleros?

—Angélica probablemente tiene la vena de la energía muy clara. La reina del gas, le decían. Y quiere volver, y sí, nos vamos a meter a la industria de la energía del tamaño que podamos hacerlo.

—Se me hace que usted genera envidias.

—Sí, bastantes.

—Odio.

—También.

—Enemigos.

—Algunos.

—¿Les teme?

—No, para nada.

—¿Reza?

—Sí, todos los días. Medito y rezo.

—¿Qué lee, le da tiempo?

—Sí. Leo muchas biografías de gente exitosa.  

—¿Qué no perdona?

—La injusticia y la impunidad. Es algo que causa mucho daño. Rompe la autoestima, la dignidad y por supuesto que destruye a la sociedad

—¿Qué premia?

—La constancia. Los viajes de los que tú hablabas, de los cruceros que hacemos, no premiamos los volúmenes de venta, premiamos la constancia de los distribuidores que perduran y persisten en buscar el éxito.