"Cuando la televisión llegó, yo ya estaba"

En una charla de más de dos horas llevada a cabo en diciembre de 2012, el periodista cuenta cómo se inició en los medios de información y relata anécdotas.
Aseguraba ser el inventor del script que actualmente se sigue usando en todos los noticiarios de tv.
Aseguraba ser el inventor del script que actualmente se sigue usando en todos los noticiarios de tv. (Pedro Valtierra/Cuartoscuro)

México

En los talleres de El Nacional, Jacobo Zabludovsky descubrió su vocación. Tenía 13 años y estudiaba en la secundaria número 1 César A. Ruiz, en Regina 111, cerca de su casa, en la calle de San Jerónimo, en el centro de la Ciudad de México. Era una vecindad, de las muchas que habitó con su familia, en la que en un cuarto de azotea vivía el señor Luis Felipe Ureña Uribe, corrector de pruebas en ese periódico.

—Los sábados y domingos —me dijo Zabludovsky en una entrevista en diciembre de 2012— iba a ayudarlo. Ahí olí la tinta, leí a los reporteros y colaboradores de El Nacional, y quise ser como ellos.

En una época en la que la radio predominaba en los hogares, y los locutores, de voz engolada, imponían modas, construían famas y se erigían ellos mismos en ídolos populares, Jacobo se enamoró también de la radio y, además de periodista, deseó ser locutor.

A los 15 años publicó su primer texto.

—Tengo un impreso de 1943; soy el decano de los periodistas mexicanos y puedo presentar testimonios de mi antigüedad —decía esa mañana en que, por fin, después de mucho buscarlo, pude platicar con él.

A los 16 años y siete meses, obtuvo su permiso de locutor.

—Tiene fecha del 3 de enero, primer día hábil de 1945, y lo conservo enmarcado —comentaba, siempre atento a las fechas, a los detalles.

Desde entonces alternó su trabajo en la prensa y en la radio. Después de pasar por varias estaciones pequeñas, en 1947 llegó a la XEX, creada por Alfonso Sordo Noriega, que un año después sería adquirida por Rómulo O'Farril.

Con Sordo Noriega aprendió que el lenguaje de los periódicos es distinto al de la radio y que exige la repetición incesante de la información.

—En la prensa escrita la repetición resulta chocante y la gente dice: "Oye, ¿qué le está pasando a este tipo que en el mismo párrafo me puso Michoacán cuatro veces?". Pero en la radio resulta indispensable. Todos los días en los noticiarios escuchas cosas como ésta: "Hubo un muerto en la esquina de Paseo de la Reforma y Periférico. Cuando la Cruz Roja llegó a esa esquina...". ¿Cuál esquina? Por favor, acabo de encender la radio y quiero saber dónde fue el accidente. Por eso, a los redactores de mis programas yo les digo: "Repitan, repitan, repitan constantemente", solo así la información resulta clara en la radio.

En 1948, Zabludovsky comenzó su relación con O'Farril en la XEX y en 1950 lo acompañó en la creación del primer canal de la televisión mexicana.

—Cuando la gente me pregunta —decía Jacobo— ¿cómo entraste a la televisión?, le respondo que cuando la televisión llegó, yo ya estaba.

"Entré a la televisión desde que se inauguró el Canal 4, en el piso 13 de la Lotería Nacional, haciendo el primer noticiario. Yo inventé la forma de hacer un script: uniendo lo que hacía en radio con los guiones de cine, pero dándoles más agilidad. Establecí una columna de instrucciones para el director de cámaras, una columna para el que lee el noticiario y algunas otras anotaciones para facilitar las cosas. Ese script, que se sigue usando, nada más que ahora en teleprompter, yo lo inventé".

Fue una charla de más de dos horas la de esa mañana en su oficina de las Lomas de Chapultepec. Hablamos de su admiración por José Pagés Llergo, legendario director de la revista Siempre!, de su pasión por el tango y el toreo, de su amor por El Quijote, de sus entrevistas con Salvador Dalí, Pablo Casals, David Alfaro Siqueiros, El Che Guevara, Arthur Rubinstein y otros grandes personajes del arte, la cultura y la política. "Pregunta, pregunta", me decía a cada instante, dispuesto a responderlo todo.

—¿Qué cualidades debe tener un buen entrevistador? —le dije.

Su respuesta fue una lección con frecuencia desatendida:

—Creo que un buen entrevistador debe dejar hablar al entrevistado. Es un error habitual, muy lamentable, que para presumir que sabe mucho el entrevistador se adelanta a la respuesta y al entrevistado no le queda sino decir sí o no a lo que se le pregunta: "Es cierto que usted, cuando tenía 22 años, sufrió un accidente". "Pues sí". Pienso que lo primero que un entrevistador debe hacer es provocar la respuesta y dejar que el entrevistado la diga sin interrupciones, o con interrupciones excepcionales. Por otra parte, no debe tener miedo a hacer preguntas que parezcan ridículas, porque a veces esas preguntas generan las mejores respuestas. Es también fundamental que tenga una idea muy clara de quién es su entrevistado sin demostrar que lo sabe.

—¿Y el sentido del humor? —le pregunté.

—Sin humor, te amargas, no sobrevives, no impactas. Una gente que constantemente está quejándose o criticando resulta cansada, dan ganas de cambiar de canal. En cambio, con el humor la gente participa, te sigue. Yo siempre he huido de la solemnidad y la amargura.

—¿Ha sido feliz?

La interrogante no lo tomó desprevenido, pero bajó la voz al contestar:

—Es muy difícil definir la felicidad y decir soy feliz. Pero me siento un privilegiado. Disfruto mucho con mi profesión, con mi casa, con mi esposa, con mis hijos, con mi forma de vida. Ha sido una suerte que lo que más gusta hacer es lo que me da de comer y lo que me ha mantenido económicamente bien. Pero eso de la felicidad es relativo.

No le pregunté de la muerte, pero me dijo:

—Debido al cáncer, hace 14 años me pronosticaron cinco años de vida, así que voy de gane. Y como muy dispuesto a cumplir con el pronóstico, pues tampoco —el comentario nos hizo reír. Así terminó esa mañana con el más grande periodista en la historia de la televisión mexicana.



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