Gravem a gaseosas y chatarra

Por sí mismo, el cobro de impuestos siempre va a ser motivo de polémicas. Gravem a gaseosas y chatarra

Toluca

Por sí mismo, el cobro de impuestos siempre va a ser motivo de polémicas. Y si esto sucede en tiempos en que la economía muestra signos poco favorables de crecimiento, como en los actuales, pues la cosa se pone mucho peor.

Sin embargo, hay un impuesto que ha merecido la atención, con posturas a favor y otras en contra. Se trata de los gravámenes a refrescos –un peso por litro– y a la comida chatarra. Comparto la opinión de la nutrióloga María de los Ángeles Calle Arellano, especialista del Instituto Politécnico Nacional (IPN) en el sentido de que esto podría beneficiar, de algún modo, una reducción en el consumo entre la gente de escasos recursos.

Lo que hay que ver aquí es si toda esa población que verá mermado su poder adquisitivo dispone de al menos agua potable, pues de otro modo un beneficio estaría actuando a la inversa. La clase media, consumidora de todo, difícilmente dejará que su dieta excluya una gaseosa, y si sigue siendo negra, mejor.

Calleja Arellano dice que en 19 países ya se han puesto en práctica esta clase de medidas encaminadas a combatir problemas de obesidad y de diabetes entre las sociedades, pero sostiene que lo mejor sería que las autoridades fomentaran una verdadera cultura de alimentación.

“Se supone que la canasta básica la conforman los alimentos que se consumen con regularidad por su costo y valor nutritivo; un refresco no es un alimento porque aporta calorías vacías, es decir, calorías que no se ocupan, sólo se acumulan en forma de grasa”, expresa.

Esto explica en parte el porqué del impuesto a ese producto: no es un alimento, así forme parte de la adiposa dieta de cientos y de muchas canastas compuestas por alimentos pocos nutricionales, como pastelillos, botanas, etc.

Más allá de las intencionalidades políticas que se le quieran colgar a estas tributaciones, me quedo con la observación de Calleja Arellano en el sentido de que en varios países, que son pocos, han comenzado a gravar bebidas dulcificadas por la sencilla razón de que les sale muy caro atender a un enfermo de diabetes ¬–100 mil pesos diarios en un hospital del sector público en nuestro país, como dijo a este diario la referida especialista, que también presta sus servicios en el ISSSTE–.

Sale más barato y es más rentable para el país contar con una sociedad sin sobrepeso que en las condiciones actuales, por eso también los impuestos a la comida chatarra, ante la cual nuestra cultura la ha adoptado como un menú diario, por prisa, por flojera, por lo que sea, pero es incuestionable que esto no podía seguir así.

Estas medidas, que en especial no han gustado a los productores, llevarán su tiempo en probar hasta dónde pueden ser eficaces, pero ya era tiempo de comenzar a hacer algo para reducir la obesidad y la diabetes, donde el país ya comenzó a coleccionar trofeos nada dignos de presumir