España es segundo lugar en producción de amapola

El cultivo de la planta en el país ibérico para su uso medicinal está totalmente legalizado, por lo que se dispone de 13 mil hectáreas autorizadas para la siembra de la adormidera.
El trabajo de los campesinos es sembrar la planta y vigilar que aflore sanamente; después, la farmacéutica lleva el producto a sus laboratorios.
El trabajo de los campesinos es sembrar la planta y vigilar que aflore sanamente; después, la farmacéutica lleva el producto a sus laboratorios. (Especial)

Madrid

Están escondidos por todos lados de la península, resguardados por vigilantes privados y por la Guardia Civil (policía militarizada). Son campos fértiles que producen la amapola, y no la silvestre, sino ésa otra tan famosa por ser la planta de la que se obtiene el opio destinado a la fabricación de morfina, codeína, etcétera.

España es, después de Australia, el segundo productor del mundo de la Papaver somniferum (amapola de opio), un cultivo totalmente legalizado para su uso medicinal (sobre todo en pacientes con cáncer). Ahora mismo en el país hay 13 mil hectáreas autorizadas por el Ministerio de Sanidad para la siembra de la amapola o adormidera, como también se le conoce aquí.

Esto no quiere decir que cualquier persona pueda sembrarla, sino que el gobierno elige los campos de cultivo que considera más aptos y posteriormente la empresa farmacéutica Alcaliber, la única autorizada por Sanidad para trabajar el proceso de la planta, proporciona a los agricultores la semilla.

El trabajo de los campesinos es sembrar la planta —muy agradecida porque no necesita grandes cuidados— y vigilar que aflore sanamente. Posteriormente, la misma farmacéutica envía camiones a los diferentes campos para trasladarla a sus laboratorios e iniciar el proceso para su uso médico.

Cuando un reportero se dirige a Alcaliber para obtener información, ésta delega amablemente al Ministerio de Sanidad: “Si ellos no nos autorizan, no podemos decir nada”, comentan desde la dirección general.

“Nuestra actividad es muy delicada, por eso no facilitamos información, al fin y al cabo son estupefacientes, no se puede decir nada”, añaden.

En Sanidad recurren a la misma diplomacia, es decir, se niegan a proporcionar cualquier tipo de testimonio grabado y señalan que “lo más que podemos hacer” es proporcionar un breve informe del tema por “temas de confidencialidad y seguridad”, explican desde el departamento de prensa.

El asunto del cultivo de la amapola en España, pese a ser legal, es un tema tabú. Ninguna autoridad quiere hablar de ello, y los campesinos, agricultores, tienen miedo de hacerlo para “evitar problemas”. Por eso, da la impresión de que más que legal fuera lo contario.

La Guardia Civil, por ejemplo, requiere la autorización de Sanidad para informar dónde están las zonas de plantación de la amapola. La Policía Nacional señala que es tema de la Guardia Civil y en Sanidad “echan balones fuera”. Un círculo vicioso de secretismo, de falta de información.

La primera autorización para la fabricación de alcaloides derivados del opio se otorgó en 1934 a Fábrica de Productos Químicos y Farmacéuticos Abelló. A principios de los 70 se constituyó Alcaliber, la empresa que controla el mercado en España.

“En los años 70 se generó un grave problema de abastecimiento de estupefacientes a nivel mundial por lo que Australia y España fueron requeridas para que se involucraran en el cultivo de adormidera y poder remediar así la escasez de estas materias”, según el Ministerio de Sanidad.

La legislación señala que para obtener medicamentos que contengan morfina, codeína, etcétera, es necesaria la Receta Oficial de Estupefacientes (ROE), tanto en el ámbito de la asistencia sanitaria pública como en la que se practique con carácter privado.

Las penas de prisión por cultivar ilegalmente amapola en España van de uno a tres años; si se comercializa habría que sumar otros 4 años. Pero el gobierno no tiene conocimiento, hasta ahora, de plantaciones ilegales, aunque esta planta crece salvajemente en varias zonas.

Por eso, cuando uno circula por las carreteras españolas suele ver, desde la ventanilla del coche, extensiones de vides, olivos, invernaderos cubiertos de plástico... pero no se imagina que al borde de la ruta puedan crecer amapolas a las que nadie hace caso.

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Polán es un pequeño pueblo de Toledo (Castilla-La Mancha) en el centro de España, tiene una población de apenas 4 mil habitantes. El lugar sufre el desempleo, como en varias zonas del país, y muchos han emigrado a Madrid, algunos hacen el viaje a diario porque, dicen, “no hay más remedio”.

La vida en el lugar es la de cualquier otro pueblo de la España profunda. Escasa actividad, la gente suele pasar las horas charlando en los bares, en los portales de sus casas, sentados en una silla. La reciente crisis acabó con el empleo, con las fábricas y comercios de muebles y ropa que hacían de Polán un lugar de referencia.

La mayoría de los lugareños ignora que en los campos más alejados del lugar existe una finca, una de las pocas de Castilla-La Mancha que cuenta con el permiso del Ministerio de Sanidad para la siembra de la amapola.

Don Mariano recibe a Milenio en sus tierras, donde ha llegado a plantar hasta 40 hectáreas de dormidera. Para llegar al lugar hay que cruzar casi todo el pueblo, posteriormente tomar una en la que mismísimos caballos tendrían problemas para andar y posteriormente meterse de lleno al campo como bien se pueda.

El hombre está a punto de cumplir 65 y lleva toda su vida trabajando en el campo. Desde hace casi cinco años se dedica, entre otras cosas, al cultivo de la amapola en la finca, donde vive con su mujer, un par de perros y un joven ecuatoriano que conduce un tractor.

Explica que cada año cotiza sin falta en la seguridad social y sabe muy bien que ninguno de sus colegas de otras partes de España hablan del cultivo de la amapola.

“Les acojona (les da miedo)”. Pero él se muestra receptivo, amable, y hasta invita al reportero y al camarógrafo a hacer un recorrido por la zona a bordo de su camioneta.

Cuenta lo difícil y poco valorado que es el trabajo en el campo, muestra sus manos deformes por el trabajo duro del día a día y antes que nada asegura no sentir miedo por hablar porque se trata de un asunto totalmente legal.

“Los de Alcaliber hacen todo, vienen a darnos las semillas y nosotros la plantamos. Cuidamos que florezca bien y después esta gente trae sus camiones y es en ese momento cuando le perdemos la pista, creo que se la llevan a Andalucía, en realidad nadie sabe”, señala.

Afirma que nunca ha tenido contacto con narcotraficantes y que sembrar amapola no conlleva ningún tipo de riesgo, porque “además de cuidar yo la tierra vienen guardias de seguridad de Alcaliber. También hay patrullajes de la Guardia Civil, así que los que se acerquen ya saben lo que hay”.

Y vaya que se acercan: la tranquilidad de Polán y de la finca se pierde en junio y julio, cuando florece la amapola, porque llegan hippies de varias partes de Europa para robarse la planta.

“En el pueblo se empiezan a ver las caravanas (camionetas Camper) con franceses, italianos y holandeses. Vienen a robar para comercializarlo. Hemos pillado (atrapado) a varios, sobre todo a italianos. Luego me enteré que les dieron dos años de cárcel y los multaron con más de 14 mil euros”, recuerda.

Y es que la venta de amapola es un negocio redondo también en Europa, por un gramo se llegan a pagar hasta 80 euros. “Por eso los hippies vienen a robarnos. Por las mañanas suelen marcar (abrir) la planta para que vaya soltando el líquido que posteriormente se convierte en pastoso y eso es lo que consumen para ‘relajarse’, dicen”.

Los habitantes de Polán ni se inmutan, algunos dicen que ya están acostumbrados a ver a los famosos hippies —“son majos y nada violentos, van su bola” y que les alegra que al menos el cultivo de la amapola genere fuentes de trabajo “que buena falta nos hacen”, dice Jacinto, que a diario pasa la mañana tomándose una Coca Cola en la terraza del bar principal en el pueblo que la mayoría de los españoles ignoran que es tierra fértil para el cultivo de la amapola.

Una industria de 70 mil mdd al año en el mundo

A escala global hay casi 17 millones de personas que utilizan derivados ilícitos de la amapola, como el opio, la heroína y la morfina.

Esta industria oscila entre los 68 mil y los 70 mil millones de dólares anuales.

El cultivo de la amapola (adormidera) en México se da (a fines de 2015) en unas 17 mil hectáreas (según la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas), predominantemente en Guerrero, Oaxaca, Sinaloa, Durango y partes de Chihuahua, Jalisco y Nayarit. Pero el potencial es hasta de 30 mi l hectáreas en todo el país. Anualmente se producen unas 42 a 50 toneladas métricas de heroína en México.

Pero de acuerdo con la Oficina Nacional de la Política para el Control de las Drogas de la Casa Blanca, las hectáreas en cultivo de amapola con fines de producción de heroína son unas 28 mil y hay un potencial de producción de 70 toneladas métricas anuales.

Fuentes: Unodc, DEA, Whitehouse, Pain & Policy Studies Group