“Emociona” a texanos la reforma: Tony Garza

Si las cosas se hacen bien, puede emerger una región ultracompetitiva desde Houston hasta Monterrey basada en la energía, señala el ex embajador de EU.
El diplomático de EU, ahora consultor y analista, llama a aprovechar la oportunidad de la apertura en materia energética.
El diplomático de EU, ahora consultor y analista, llama a aprovechar la oportunidad de la apertura en materia energética. (Octavio Hoyos)

México

México se encuentra ante una oportunidad de oro con su reforma energética y debe aprovechar el momento porque de lo contrario corre el riesgo de perder el tren de desarrollo acelerado al que se está subiendo una Norteamérica en plena revolución energética, sentencia Tony Garza, ex embajador de Estados Unidos durante la administración de George W. Bush y parte de la de Barack Obama y hoy consultor en White & Case.

"Este es un momento extraordinario para México en lo que se refiere al futuro del país", dice Garza en entrevista con MILENIO, la primera para un medio mexicano desde que dejó la diplomacia oficial, en 2009. "La reforma energética mexicana tiene por meta hacer a su país más competitivo y permitirle tomar ventaja de un recurso natural muy valioso que de otra forma hubiera permanecido bajo tierra".

Con Texas produciendo más barriles de petróleo que nunca gracias a las técnicas de fractura hidráulica en el megayacimiento no convencional de Eagle Ford –algo que pone al espectro de la plena independencia energética estadounidense a la vuelta de la esquina–, Garza aclara: Estados Unidos se mueve a pasos agigantados hacia la autosuficiencia y es hora de dejar de pensar en el petróleo en términos de mitología. Añade: la Unión Americana está viviendo una revolución sin precedentes que va a cambiar al mundo y México tiene que adaptarse a esa nueva realidad. Y tercia: si las cosas se hacen bien, puede emerger una región ultra competitiva desde Houston hasta Monterrey, una zona que impulse una economía inteligente basada en la energía que beneficie tanto a México como a Estados Unidos.

La oficina de Garza en una torre corporativa de la Ciudad de México –en donde aún reside como consultor para empresas estadunidenses– contiene elementos que evidencian su apego a Texas, en donde hace algunos años fue Comisionado de Ferrocarriles, la entidad que regula la producción de petróleo y uranio en el estado. Junto a un ejemplar de La Rebelión de Atlas de Ayn Rand, el librero detrás de su escritorio muestra en un sitio prominente un casco del equipo de fútbol colegial de los Cuernos Largos. Y en el piso, apuntando hacia el noreste, yace un marcador de metal que indica la dirección en la que se encuentra Dallas.

Los tiempos como el representante de Washington ya terminaron; ahora Garza vive los de consultor y analista. "Me gusta mucho este bajo perfil", dice el ex embajador, quien físicamente ha cambiado poco en estos años. Hoy calza botas vaqueras y ahora carga una barba de tres días, además de que ha dejado la corbata de lado y usa unos jeans texanos más informales. Pero en su conjunto, con su tono intenso y movimiento constante de manos, es la misma imagen del hombre que llevó las relaciones de Estados Unidos en México durante los sexenios de Vicente Fox y la mitad del de Felipe Calderón, ocupando la silla durante seis años y medio.

-Por años, todos los reportes coincidían en que Estados Unidos enfrentaba un escenario casi apocalíptico en materia energética. Y ahora, todo ha cambiado y el declive en producción de crudo se ha revertido. ¿Qué pasó?

Es un cambio dramático. Recuerdo cuando el presidente George W. Bush lamentó en su informe de gobierno de 2006 la dependencia que tenía Estados Unidos con respecto al petróleo extranjero. No creo que entonces nadie hubiera podido prever que en una década estaríamos a punto de alcanzar la independencia energética. Pero aquí estamos, con la producción de crudo en su nivel más alto en 20 años. Este boom realmente está cambiando el panorama energético a nivel mundial y la decisión de México de participar en la revolución energética es materia de optimismo. Pero con el ritmo dramático con el que las cosas se están moviendo, su país va a tener que hacer las cosas rápidas para poder aprovechar todas las ventajas.

-¿Qué le dicen las empresas estadounidenses sobre la reforma energética? ¿Están haciendo planes ya sobre invertir en México?

He estado hablando con muchas empresas que creo que estarán interesadas. Estas empresas se sienten muy optimistas, les gusta lo que están leyendo sobre las posibilidades de apertura que hay en México, y lo ven como algo muy positivo. Pero al mismo tiempo hay que entender que estos son empresarios astutos y pacientes. Y están viendo muy de cerca no sólo la legislación inicial, lo que yo llamo la arquitectura, sino que estarán pendientes de las leyes secundarias y los posibles retos judiciales a la ley. Repito, son optimistas de las posibilidades, pero también estarán haciendo sus estudios e investigaciones y viendo las cosas muy de cerca.

-Y mientras se discuten las legislaciones secundarias, a esperar.

Hasta que haya una mayor claridad, lo que estaremos presenciando serán conversaciones entre empresarios mexicanos que quieren involucrarse en el sector energético y empresas con la tecnología y la experiencia en ciertas formaciones geológicas en México. Por supuesto, en un marco respetuoso del gran papel que jugará Pemex.

-En Texas hay una amplia experiencia de trabajo conjunto con México y las economías texana y mexicana están entrelazadas en muchos ámbitos. Vaya, la distancia de Houston a Monterrey es de 4 horas. Parecería lógico que tras la reforma energética Texas estuviera en un sitio privilegiado para convertirse en la plataforma para inversiones en México en materia petrolera. ¿Es esta una apreciación correcta?

No sé si lo sea del todo, pero años atrás hablaba con un empresario de Monterrey y me decía que Dallas era un Monterrey de habla inglesa por el enfoque y la actitud en el trabajo duro y la forma de hacer negocios. Me llamó mucho la atención este comentario y yo le contesté que quizá Monterrey era el Dallas de habla española. El punto de esa anécdota es que se tiene la posibilidad en Texas y el noreste de mexicano, en estados como Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila y en las áreas en las que se encuentran las formaciones geológicas, de que no solo una comunidad o un estado sean el "hub", como Houston, que lo consideramos la capital energética de Estados Unidos, sino que la región entera se convierta en una incubadora para inversiones, para innovación, para energía, manufactura, logística, etc. No sé si se pueda decir que la gran plataforma será un estado u otro. Creo que el gran ganador en sí será la región entera.

-Empresarios de Texas hablan de que la veta del Eagle Ford se extiende a México y que la geología no sabe de límites. ¿Es momento de dejar de pensar en que los recursos se detienen en la frontera y adoptar una visión más regional e integrada?

Sin duda. Por razones tanto geológicas como prácticas. En términos de integrar nuestras redes energéticas y su capacidad de mover productos terminados y refinados, tenemos que ver más allá de nuestra frontera. Si consideramos la actividad en Eagle Ford, veremos una tremenda cantidad de exploración y producción y hacia el sur nos encontraremos con que hay muy poca actividad. Eso no solo sugiere un enorme potencial, también he escuchado comentarios de geólogos que nos dicen que la parte mexicana de Eagle Ford, o sea Burgos, puede ser significativamente más grande que la de Estados Unidos. Sería iluso pensar que la geología un día dijo "oh, hay un río, mejor nos detenemos". Esas formaciones han estado evolucionando y formándose por millones de años y mucho antes de que hubiera líneas en la tierra que delimitan a un país, un estado o una frontera, esas formaciones geológicas estaban en proceso de convertirse en lo que son, una gran oportunidad para México.

-Ahora que estamos enfrentando la posibilidad de que EU sea autosuficiente y a punto de exportar petróleo de nuevo, ¿ha llegado el momento de que los mexicanos dejemos de pensar en el petróleo en términos míticos, bajo una idea nacionalista, y pensar más en una realidad de negocios?

Creo que ese era el subtexto principal de la discusión que se tuvo en torno a la reforma energética: ¿cómo te mantienes competitivo? ¿Cómo usas este recurso de forma que sea útil para los mexicanos y México? Porque dejarlo bajo tierra no está en el mejor interés ni de México ni de su gente. Si vemos hacia dónde se están moviendo los mercados, con Estados Unidos menos dependiente del petróleo extranjero y hasta cierto punto buscando mercados a los cuales exportar, te da una idea de la urgencia. Hay que hacerlo ahora o quizá esa oportunidad no se presentará de nuevo.

-Perderemos el tren.

El tren dejará la estación.

-Un argumento de quienes se oponen a la reforma energética es que, al vivir al lado de Estados Unidos, abrir las puertas de nuestro mercado energético es invitar al desastre. Que EU es tan grande que se tragará a México. Que no se puede ser socios cuando existe una asimetría tan profunda entre los dos países. Hubo quienes hablaron de que este es el más grande riesgo para la soberanía mexicana desde la guerra entre México y Estados Unidos del siglo XIX. ¿Qué opina usted?

La ley es muy clara y finalmente las reglamentaciones secundarias serán claras y estrictas sobre lo que se permitirá en relación a la inversión extranjera. Pero, hablando francamente, hay que entender que México estará compitiendo por inversiones con muchos otros países. Brasil quisiera ser más activo en el "shale" y el ultraprofundo, dos áreas que México quisiera explotar. China, Rusia y otros países de Sudamérica, como Argentina, Colombia y Perú están buscando la manera de impulsar sus industrias petroleras. Creo que cuando tomamos en cuenta las oportunidades que habrá en el mercado internacional de la energía, México tendrá que competir y competir agresivamente. Sin embargo, no dudo que cualquier pregunta sobre soberanía y preocupaciones sobre la participación extranjera serán abordadas de manera justa y adecuada.

-¿Qué significa la reforma energética tanto para México como Estados Unidos? Por años el petróleo ha estado fuera de límites y ahora estamos en un nuevo campo de juego en el que ya es posible discutirlo. Podría hasta crearse un mercado de energía desde Canadá hasta México. ¿Cómo podría transformar Norteamérica esto?

Es cierto que la reforma energética de México trae la promesa de nuevas oportunidades no sólo para México, sino para toda Norteamérica. Me gustaría pensar que 20 años del TLCAN han terminado de concretar el mensaje de que entre más efectivamente interrelacionemos la región, más efectivos seremos compitiendo globalmente. Tenemos que ser más estratégicos en cómo competimos como una región en la economía global. La reforma energética de México tiene el potencial de impulsar ese cambio, al volverse más urgente un flujo eficiente de personas y bienes en Norteamérica.