Diego Fernández encarna conflicto de interés: Padierna

Al defender al secretario de Energía, el panista se defiende a sí mismo, asegura.
La legisladora perredista envió una carta a MILENIO.
La legisladora perredista envió una carta a MILENIO. (Daniel Cruz/Archivo)

Ciudad de México

En una carta al director de MILENIO, la senadora perredista Dolores Padierna asegura que Diego Fernández de Cevallos se defiende a sí mismo al defender a Pedro Joaquín Coldwell, e insiste en que el secretario de Energía incurre en conflicto de interés al tener sus empresas contratos con Petróleos Mexicanos.

Padierna critica a Fernández de Cevallos, quien sostuvo en su artículo publicado este lunes en MILENIO que exigir la renuncia de Joaquín Coldwell “es una ocurrencia, por decir lo menos”, pues dice la perredista, el secretario presidirá órganos clave del sector energético, entidades que tendrán la responsabilidad de otorgar contratos y permisos que podrá utilizar en su beneficio o el de sus socios familiares.

A continuación, el texto íntegro de la carta.

Señor Director:

No es extraño que Diego Fernández de Cevallos considere “legal” y “ético” que un alto funcionario del gobierno actual incurra en conflicto de interés y tráfico de influencias.

El líder “moral” del PAN es la encarnación misma de ese comportamiento que a los defensores del titular de Energia, Pedro Joaquín Coldwell, les parece “normal”. Fernández de Cevallos, como se sabe, ha litigado en contra de gobiernos de los cuales formaba parte. Lo que hacía era “legal”, pero éticamente indefendible, como lo es en este caso.

El abogado panista define conflicto de interés: “cuando las actividades profesionales o los activos financieros de un servidor público interfieren con el cumplimiento imparcial de sus funciones oficiales”.

¿Serán los negocios del secretario de Energía ajenos a las decisiones que él tome, en su posición de presidente del Consejo de Administración de Petróleos Mexicanos, siendo que posee franquicias de la misma empresa?

Joaquín Coldwell asumió su cargo sin informar públicamente que sus empresas tienen contratos con Pemex, pese a que, conforme a la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos, tenía la obligación de excusarse para el desempeño de dicha responsabilidad.

No lo hizo, luego el incumplimiento legal es incuestionable. Si no padeciéramos la impunidad crónica que han edificado el PRI y el PAN, Joaquin tendría que ser destituido de manera inmediata y debería imponérsele una pena pecuniaria.

Respecto del tráfico de influencias, como también lo recoge Fernández de Cevallos: “es el acto y efecto de ejercer presión por parte de una autoridad o funcionario público, por sí o a través de terceros, sobre otra autoridad o funcionario público ajeno a las responsabilidades inherentes a su empleo, cargo o comisión, para obtener un acto o resolución que le beneficie o beneficie a terceros”.

Pues bien, no es remoto que para la obtención de las franquicias de los expendios de gasolina y otros servicios conexos en la isla de Cozumel, el mismo señor Joaquin Coldwell hubiera utilizado influencias en Pemex, que no son pocas, para lograr privilegios que están a la vista. Con la nueva ley de competencia, tales privilegios estarían estrictamente prohibidos.

Fernández de Cevallos quiere reducir la denuncia de estos hechos a “una ocurrencia”, porque cuando defiende a Joaquín Coldwell se defiende a sí mismo y a todos quíenes han construido fortunas al amparo del poder público.

El priista de Quintana Roo presidirá órganos clave del sector energético, entidades que tendrán la responsabilidad de otorgar contratos y permisos. Contará, en consecuencia, con información privilegiada y con un poder de decisión que podrá utilizar para su beneficio o el de sus socios familiares, toda vez que tiene acciones en al menos seis empresa del sector energético.

Sólo en el México del lucro de Fernández de Cevallos eso no entraña un conflicto de interés.

Atentamente

Dolores Padierna Luna

Rúbrica