Desfila Gendarmería por primera ocasión

Los perredistas Silvano Aureoles y Miguel Barbosa intentaron guardar distancia con el presidente Peña Nieto, con quien al final sostuvieron, sonrientes, varias conversaciones.

México

El tradicional desfile militar por la Independencia de México tuvo esta vez un cariz naval y los marinos tomaron ayer las céntricas calles de la capital para mostrar a los mexicanos los avances logrados en los últimos sexenios.

En el centenario de la Heroica Defensa del Puerto de Veracruz, la Armada de México encabezó la columna militar de 21 mil 41 elementos bajo el mando del almirante Joaquín Zetina, jefe del Estado Mayor, y atrás quedó la tradición de que solo los militares comandaban este festejo, desde 1821, cuando las tropas del Ejército Trigarante llegaron a la Ciudad de México.

En el 204 aniversario de la Independencia, sin embargo, los embates de la naturaleza afectaron la parada, donde solo participaron 31 aeronaves de las 43 que estaban previstas, toda vez que los grandes aviones de embarque y transporte fueron desviados a auxiliar a los damnificados por la tormenta Odila, en Baja California Sur.

El propio clima de la Ciudad de México, que ayer lució una mañana soleada, no permitió que los paracaidistas pudieran descender en el Zócalo, debido a los fuertes vientos que más tarde ensombrecieron con nubes el centro de la capital mexicana.

Con poco más de mil elementos en sus uniformes de gala azul con gris, la Gendarmería se estrenó en los desfiles. También el PRD, cuyos líderes en el Congreso, Silvano Aureoles y Miguel Barbosa, intentaron guardar distancia con el Ejecutivo, aunque al final los legisladores sostuvieron, sonrientes, varias conversaciones con el presidente Enrique Peña Nieto.

Con la banda tricolor al pecho, el Presidente señalaba con el dedo a los contingentes que desfilaban bajo el palco de Palacio Nacional y les daba explicaciones a los presidentes del Congreso, con animosidad que era secundada por los secretarios de Marina, Vidal Soberón, y de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos.

Sin ceremonia previa para conmemorar los 204 años de Independencia, el desfile arrancó poco después de las 11 de la mañana con el pase de revista a los 3 mil 200 elementos ubicados en la plancha del Zócalo por parte del presidente Peña, en su calidad de comandante en jefe de las fuerzas armadas.

Acompañado de los titulares de los poderes Legislativo y Judicial, Peña caminó hacia el asta bandera para desplegar el monumental Lábaro Patrio, aunque éste se desprendió de la base y cayó. Los militares maniobraron para arreglar el desperfecto y en un segundo intento, la bandera tricolor subió para ondear durante la hora y media que duró el desfile.

Por la calle 20 de Noviembre partió el contingente de banderas, integrado por mujeres, y a diferencia de otros años en que la Marina marchó al final, poco antes de los charros, esta vez los hombres del mar se hicieron a las calles, mientras 5 mil elementos formaban vistosos murales, frente a los portales del Zócalo, con imágenes castrenses.

Una escuadra de aviones caza en formación de “punta de flecha” surcó el cielo sobre el Zócalo en medio de aplausos, en tanto los invitados al desfile, colocados en gradas debajo del balcón central de Palacio, eran agasajados con bocadillos, agua de jamaica, horchata o café. Arriba, al lado del mismo balcón, la familia presidencial también disfrutaba del desfile y en las calles aledañas los ciudadanos de a pie rentaban huacales de madera y se subían a cualquier cosa que estuviera en alto, como un balcón, para ver el paso de los soldados y marinos.

La Armada presumió un Torrotito, la bandera con que se engalana un buque en actos especiales y el paso de los cadetes en sus uniformes blanco y negro arrancó aplausos y admiración.

Luego los contingentes de los “escudos de la defensa del mar”, como se conoce a los cuerpos de las Fuerzas del Golfo y del Pacífico, marcharon seguidos por los infantes de marina; las fuerzas especiales pasaron camuflados en uniformes de selva y pantanos, otros más altos y fornidos, con los rostros pintados de negro.

El Ejército hizo su entrada posterior, con más presencia de mujeres. Inclusive un contingente comandado por la coronel de infantería Denisa Cruz.

Después de que la milicia mostró a sus infantes, sus fuerzas especiales y demás contingentes apareció la Gendarmería, al mando de Francisco Galindo Cevallos; siguieron los charros y al final desfilaron los gallardos cadetes de los planteles militares, que como siempre son el contingente más admirado y aplaudido de la parada castrense.