Consignas de siempre, con el "fuego" de los últimos años

Líderes históricos, de la CNTE, electricistas, atencos, jóvenes y provocadores conformaron el contingente que llegó hasta el Ángel; “¡Maestro, aguanta, el pueblo se levanta” y “¡Vivos se los ...

México

La marcha para conmemorar la matanza del 2 de octubre, que cumplió 45 años, partió, como siempre, de la Plaza de las Tres Culturas, con lemas similares a los de aquellos tiempos y de los últimos años, pero con la novedad de que no se le permitió llegar al Zócalo, debido a los centros de acopio, y hubo un gran ausente, Raúl Álvarez Garín, ahora enfermo, integrante del Comité de Huelga, cuyos sobrevivientes encabezaban la manifestación, sin saber que en la parte de enmedio venían jóvenes con indumentaria negra, denominados “anarquistas”, algunos embozados, quienes ya habían armado su plan bajo un puente de Tlatelolco, donde parecían marginarse del resto.

La marcha, que partió a las 15:30, venía sobre eje Lázaro Cárdenas, entró al desnivel y salió frente a la plaza de Garibaldi. “Dos de octubre no se olvida, es la lucha combativa”, coreaban jóvenes y sindicalistas. Los guiaba un camión del Movimiento Proletario Independiente, de donde se dictaban algunas consignas y los oradores lanzaban discursos contra el gobierno, en el que incluían tanto al jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, como al presidente Enrique Peña Nieto. También iba Raúl Flores, dirigente del PRD en el DF, quien temprano, a eso de las 10 horas, había depositado una ofrenda floral en la Plaza de las Tres Culturas.

La mayoría de los personajes que encabezaban la manifestación, ataviados con playeras blancas y figuras de una paloma blanca —símbolo de las olimpiadas en aquel mismo año, en México— con una bayoneta clavada en el corazón y manchas de sangre. Leopoldo Ayala, ahora con la barba blanca, que en años anteriores lucía de un negro azabache, venía en el centro de los dirigentes históricos, entre los que también estaban Jesús Martín del Campo y Humberto Campos, el hombre que serviría de intermediario entre los granaderos y regañaba a los jóvenes que lanzaban piedras a policías durante la marcha del pasado 10 de junio en plena plancha del Zócalo.

Todo marchaba bien. El contingente torció a la derecha, sobre Hidalgo, frente a la Alameda, cercada de láminas, luego Reforma, donde había terminado la valla policiaca, y llegó a Insurgentes, y fue ahí cuando empezó a circular el rumor de que jóvenes embozados se habían enfrentado a la policía con bombas molotov y piedras. La refriega, decían, había empezado entre Hidalgo y Tacuba, y que luego se extendió frente a la Alameda, y de ahí, sobre Reforma, hasta la Glorieta Colón, donde encapsularon a varios jóvenes. Eso decían los mensajes por Twitter.

Y era cierto.

“No le pedimos al gobierno federal, sino le exigimos, que se retiren los granaderos”, decía una voz, mientras un grupo coreaba: “policía, escucha, tu hijo está en la lucha”. “Fuera Peña, dos de octubre, fuera Peña, dos de octubre”. Sobre Reforma ya no había granaderos, que en realidad estaban muy ocupados muy en la retaguardia, donde otros grupos, como los del IPN, trataban de marginarse de los jóvenes, algunos embozados, que se enfrentaban a los policías, casi cuerpo a cuerpo.

“¡Ojo por ojo, diente por diente, que chingue a su madre el Presidente!”, lanzaba un grupo de jóvenes!”. “¡Maestro, aguanta, el pueblo se levanta!”. Las instalaciones estaban acorazadas por policías federales y locales. A su paso los manifestantes expulsaron silbidos con mentadas de madre. “¡Maestro, aguanta, el pueblo se levanta¡”. “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”.

Eran las 17:45 cuando la delantera llegó al Ángel de la Independencia, pero faltaban muchos más, como los maestros, que se agregarían más tarde, para engrosar el contingente, luego de que el orador, ya trepado en el templete, informara que los docentes daban cobijo a jóvenes que habían sido perseguidos por la policía, lo que ameritó aplausos de los presentes, muchos de los cuales, sin embargo, amagaron con retroceder, pues parecía que en la retaguardia había problemas.

Dieron las 18:05 horas y se anunció un minuto de silencio. Félix Lucio Hernández, ante el micrófono, mencionó que con tanto policía “no era posible retroceder a la situación que privaba en 1968”.

Enseguida invitaron a Rubén Núñez, líder de la sección 22, quien se refirió a la celebración de la masacre de 1968 y advirtió: “¡En la CNTE la reforma educativa de Peña Nieto no pasará!” Le siguió Juan José Ortega Madrigal, de la sección 18, quien refirió “un mensaje a Enrique Peña Nieto” e hizo una pausa, para dar paso a una rechifla.

Y más oradores, entre ellos Martín Esparza, líder del SME, quien llegó casi al final, 19:20, escoltado por la “Brigada Francisco Breña Alvirez”, según letreros impresos en sus chalecos. Le siguió Ignacio Del Valle, dirigente de Atenco, quien machete en mano izquierda convocó: “Tenemos que organizarnos para derribar este sistema represivo”.