“Comprábamos chicles para calmar la necesidad”

“No quite el comedor”, piden lugareños al mandatario, a quien no reconocían.
La foto del recuerdo de la visita presidencial en el comedor local.
La foto del recuerdo de la visita presidencial en el comedor local. (Especial)

Guachochi, Chihuahua

Con cinco pesos, nosotros lo comprábamos en chicles, para calmar el hambre”, contó un hombre de unos 65 años, con la piel marcada de arrugas.

Junto con su esposa es uno de los 300 beneficiados que acuden al comedor comunitario en la comunidad de Guachochi; mezclado con niños y algunas mujeres en lactancia, los dos ancianos resaltaban en el comedor que recorrió el Presidente Enrique Peña.

“No lo vaya a quitar, porque sino tenemos mucha hambre, comíamos muy poquito”, dijo la mujer, quien no reconocía al mandatario federal que le estrechaba la mano.

La pareja de ancianos comía sobre el mantel decorado con flores; la mujer daba fin a un plato de frijoles y a otro más de carne de res que le sirvieron como ración.

Fue minutos después, cuando se despedía, que ella entornó los ojos y expresó: “No me diga que usted es Peña Nieto”, a lo que el Presidente respondió con un gesto un poco tímido con la cabeza y después accedió al abrazo que le pidió la mujer.

Ella no fue la única que tardó en reconocerlo. Jaziel, un niño de tres años que se rehusó a quedarse sentado en su sitio, fue hasta donde estaba el mandatario, tomó un micrófono y le hizo algunas preguntas.

—¿Cómo te llamas? —preguntó al Ejecutivo, que se encontraba de cuclillas frente a él.

—Enrique, Enrique Peña.

—¿Enrique Peña? —repitió el niño con el micrófono muy pegado a la boca. Hizo una pausa, quedó pensativo y regresó a preguntar: “¿Peña Nieto?”

A lo que el mandatario respondió que sí entre risas y un “¡aprende rápido!”.

El comedor está ubicado en la comunidad chihuahuense de Guachochi, uno de los 400 municipios donde se determinó efectuar acciones contra la pobreza.

Este municipio tiene a 83 por ciento de su población en índices de pobreza, del cual 52 por ciento se encuentra en pobreza extrema.

El galerón que funciona como comedor tuvo unas adaptaciones para que dejara de ser una bodega: se le instalaron láminas en el techo que permitieron más luz y que regulan un poco la temperatura que se siente al exterior.

Sin embargo, a las afueras, las cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) que indican que 37 por ciento de las personas vive en casa con mala calidad se hacen tangibles; la mayoría de los hogares no cuenta con servicios, los pisos no son de tierra firme y pocas viviendas tienen techo de concreto.

Detrás, prácticamente de espectadoras, las pocas mujeres que estaban sentadas en las mesas, todas con niños en brazos celebraron la instalación del comedor.

“No había modo de estirar más el presupuesto. O comían mis hijos o comía yo. A veces, ninguno de los dos. Ahora los niños ya no se quedan dormidos llorando de hambre. La conciencia ya me deja en paz a mí”, dijo una de ellas.