Centro Cultural en Oaxaca: atentado contra la voluntad popular

Ninguno de los precandidatos al gobierno de Oaxaca ha manifestado abiertamente qué hará con la construcción del Centro Cultural y su estacionamiento en el Cerro del Fortín.
La maqueta del centro de convenciones que se construye y que está por definirse su continuidad en el cerro del Fortín.
La maqueta del centro de convenciones en Santa Lucía, Oaxaca. (Juan Carlos Bautista)

Ciudad de México

No es exagerado afirmar que durante casi todo el siglo pasado, la participación política de la ciudadanía se reducía al día de la jornada electoral, es decir, a ir un domingo a depositar nuestro voto en una casilla, sin saber mucho de por qué esta se había instalado ahí; de los candidatos y sus biografías sabíamos menos, por lo que el tema se reducía a la simple identificación de siglas partidistas. Esta práctica resultaba conveniente para quienes eran electos y obtenían así, un cheque en blanco para ejercer el poder durante tres o seis años, o más aún sin necesidad de reelección. A eso debemos largas décadas en las que fueron inexistentes las iniciativas institucionales para desarrollar una cultura democrática. Hoy día, al estar inmersos en un escenario donde internet elimina las fronteras temporales y espaciales, se pensaría que las cosas han cambiado y que existen constantes y diversos esfuerzos por parte de los partidos políticos para insertar en la cultura de los ciudadanos, figuras que propicien el diálogo, la reflexión y el consenso entre gobernados y gobernantes, entre quienes aspiran a un cargo público y sus posibles electores. Sin embargo, la situación dista mucho de ser alentadora.

Quiero retomar un tema que ya he abordado en colaboraciones anteriores. Este año se nombrarán nuevos gobernadores en 12 entidades del país. Estamos a cuatro meses del día de las votaciones y ninguno de los precandidatos hasta hoy ha hecho públicas sus propuestas en materia cultural y artística. Y eso me indigna. ¿Será que la cultura y el arte no son prioridades para el Estado mexicano? ¿Será que no existen necesidades que atender en esas materias? Yo creo que sí, y que atendiendo estos dos temas se resolverían en buena medida otros como la competitividad del modelo educativo, la calidad de nuestra democracia y el desarrollo económico de las comunidades indígenas.

Un ejemplo actual —herida abierta—, es la construcción del Centro Cultural y su estacionamiento en el Cerro del Fortín, en la ciudad de Oaxaca. Hasta hoy, ninguno de los precandidatos al gobierno de aquella entidad se ha manifestado abiertamente sobre qué hará, en caso de resultar triunfador, respecto de este proyecto que, como he reiterado, nació sin pies ni cabeza. El Tribunal Electoral ya dio su veredicto sobre la supuesta consulta popular realizada por el gobierno que encabeza Gabino Cué y la declaró inválida, es decir, que cualquier obra que ahí se ejecute amparándose en esa consulta carece de legalidad y legitimidad. Entonces, ¿qué planes tienen los precandidatos para el Cerro del Fortín, continuar con su destrucción o acatar el mandato judicial?

Si los precandidatos, en Oaxaca o en cualquier otro estado, escucharan la voz de la ciudadanía, se nutrirían de ideas que podrían transformar en políticas públicas. En lo personal, considero que una verdadera política cultural es algo que viene a causar un efecto positivo en las condiciones de vida de los ciudadanos, en su conocimiento y apreciación del mundo y sus manifestaciones, es decir, algo que nos transforma para siempre y nos resulta de utilidad todos los días. Si esto es así, ¿cómo beneficia a los indígenas de Oaxaca la construcción de un centro de convenciones que nunca podrán pisar? La Guelaguetza ha perdido poco a poco su significado original, en torno al cual convivían los grupos étnicos oaxaqueños para reafirmar y enriquecer su vida cultural. Ahora es un concepto del mercado en el que se actualiza el mandato bíblico "Al César lo que es del César", pues deja las monedas en las manos de unos pocos y las ilusiones postergadas en las de la mayoría.

Quiero terminar esta colaboración con un paralelismo deseable. Justo anoche me enteré que uno de los más grandes boxeadores de todos los tiempos hizo públicos ciertos comentarios homófobos. De inmediato perdió buena parte de sus ingresos al serle retirado el patrocinio de importantes marcas deportivas y, lo que es peor en estos días para una figura pública, casi a todos sus seguidores en las redes que, de la noche a la mañana pasaron de ser más de dos millones a menos de 16 mil. Terrible pero merecido castigo para un deportista, sin necesidad de que interviniera tribunal alguno. Habría que ver si el castigo afecta también la carrera política que, durante más de una década, ha venido alimentando el gran boxeador filipino.

A todos mis conciudadanos les digo: no olvidemos que precandidatos, candidatos, gobernantes y demás personajes que viven del erario son, lo mismo que Manny Pacquiao, figuras públicas. Por lo pronto propongo comenzar a contar los días que pasan desde que el Tribunal Electoral declaró ilegal la "consulta" efectuada por el gobierno de Oaxaca, hasta que la voluntad popular se imponga y las obras se detengan definitivamente.