Evité algo mucho peor que "1968": Camacho Solís

El actual senador del PRD, Manuel Camacho Solís, fue el mediador del gobierno mexicano en el conflicto con el EZLN en 1994, reto que considera fue el mayor de su vida al ayudar a "parar una guerra".

Ciudad de México

En las playas de Cancún, Quintana Roo, el 1 de enero de 1994, el entonces secretario de Relaciones Exteriores mexicano, Manuel Camacho Solís, recibió una llamada inesperada. Era de mañana, había pasado la noche celebrado el fin de 1993 y el inicio de un nuevo año, eran sus vacaciones. Su suegro estaba al teléfono, pero no era para desearle feliz año nuevo.

El ex gobernador de Chiapas (1970-1976), Manuel Velasco Suárez, le hablaba a su yerno desde San Cristóbal de la Casas. Los zapatistas habían ocupado el Zócalo de esa ciudad.

No pasaron más que unos minutos para que Camacho Solís recibiera la llamada del presidente Carlos Salinas de Gortari, debía ir al Distrito Federal a una reunión del gabinete de seguridad.

Al entonces canciller mexicano le hubiera gustado viajar directo a Chiapas, pero el presidente no lo dejó. Le tomó diez días convencerlo de la necesidad de entablar un diálogo con los zapatistas.

"El día diez hablé con el presidente muy a fondo... Le dije que se iba a complicar cada vez más... Tuvimos que inventar una estrategia... Fue una plática muy dura con el presidente, finalmente aceptó que la situación era muy grave, sabía que si no se cambiaba eso por lo pronto yo iba a renunciar... Salió la idea de que yo fuera a Chiapas como comisionado para la reconciliación, con un margen muy amplio de libertad de acción" cuenta el ahora senador perredista a MILENIO Digital.

Camacho Solís dice que fue a buscar paz, mediante un trabajo político fuerte, en el que no sólo se trataba de conocer a los zapatistas, sino que "había que conseguir el respaldo nacional". Pero de su llegada -el 12 de enero- ya había pasado un mes, sin logro alguno. Un encuentro con los zapatistas estaba por suceder.

"El 14 de febrero, tomé la decisión de ir a un encuentro, a través de una mediación que se estableció. Ya se habían negado a cualquier forma de diálogo".

Camacho Solís se hospedaba en San Cristóbal, en el mismo hotel que los periodistas y corresponsales. No tenía privacidad. El clima y la alerta que tenía que mantener (porque cualquiera entraba y salía de su cuarto) le provocaron gripa, tenía calentura. Pero a pesar de eso, por la noche llegaron por él. La persona que logró el encuentro y un chofer. Iban a bordo de una Ichivan.

"Horas y horas, en una Ichivan que estaba en bastantes malas condiciones, que olía bastante a gasolina... Fue un recorrido enorme... Yo iba hasta atrás... Salimos del hotel como a las 9 o 10 de la noche. A las 6 de la mañana del día siguiente llegamos a un lugar, frio, lleno de neblina, ahí se subió una persona en el asiento de adelante... Esta persona empezó a fumar, empecé a oler a maple, a pipa, y entonces pensé que podría ser, dije: 'a lo mejor es marcos'. Pero yo mismo quise ser prudente... Se me generó un enorme entusiasmo... Ahí empezó la plática".

Cuenta Camacho Solís que lo primero que le dijo Marcos fue que le parecía interesante que alguien que está en los grandes banquetes, con los grandes lujos, "de repente se decida a venir a aquí" y le preguntó si no le daba miedo que lo fueran a secuestrar.

Camacho Solís respondió que no le daba miedo, porque veía que eran una organización con una lógica política y creía que si él estaba luchando por la paz, no era conveniente que los secuestraran.

"Dije no creo, pero aquí estoy... Y así empezó el diálogo... Eso fue abriendo la comunicación".

Aunque dice Camacho que "era casi imposible hablar con Marcos", el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el gobierno mexicano, empezaron con negociaciones y diálogos.

El primer logro, cuenta Camacho, fue la liberación del general Castellanos (a quien los zapatistas tenían secuestrado desde el 1 de enero).

Después comenzaron los Diálogos en San Cristóbal, a pesar de que los zapatistas temían una emboscada "porque odiaban al régimen, odiaban al PRI, odiaban al presidente...".

"Después de los diálogos, ocurrió algo para mi prácticamente inesperado. Hubo un reconocimiento muy grande por parte del subcomandante Marcos a la labor que había desempeñado don Samuel Ruiz (sacerdote que fungió como mensajero de ambos lados), y también hubo un reconocimiento muy grande hacia la labor que yo había desempeñado, era casi imposible de pensar después de lo que había sido el inicio de estos acontecimientos", describe Camacho Solís.

Para el ahora senador del PRD, fue gracias a que les habló con la verdad, que se avanzó en el proceso de paz pero, lamenta, que a punto de lograrla un acontecimiento concluyera con su misión en Chiapas.

"Cuando estábamos a punto de alcanzar la paz mataron a Luis Donaldo Colosio, y me hicieron a mi endosar parte de esa responsabilidad porque habíamos sido los dos precandidatos a la Presidencia... Fue sumamente doloroso y difícil".

Para Camacho Solís, su labor como mediador y representante del gobierno en Chiapas "fue el reto más difícil" de su vida y se siente "profundamente orgulloso de haber contribuido a parar una guerra", cuenta que tuvo el margen de maniobra necesario para actuar, que sólo se comunicaba con el presidente Salinas para pedirle que lo ayudara en a concretar lo que él ejecutaba en Chiapas.

"Desde mi punto de vista iba a traer muchos muertos, en el Ejército, en las comunidades indígenas, esto iba a ser como el 68 pero mucho peor".