“El movimiento por Ayotzinapa, de demanda social a subversivo”

Los encapuchados que han atacado cuarteles militares buscan un choque directo con el Ejército, asegura Héctor Sánchez Gutiérrez, general de División en retiro.
Ataques a instalaciones castrenses, la semana pasada en Guerrero, por parte de activistas sin identificar.
Ataques a instalaciones castrenses, la semana pasada en Guerrero, por parte de activistas sin identificar. (Jorge Dan/Reuters)

El movimiento para exigir justicia por la desaparición de normalistas de Ayotzinapa pasó de ser de legítima demanda social a uno de corte subversivo financiado para lograr objetivos como el desprestigio del Ejército, la única institución capaz de hacer frente a este tipo de antagonismo, afirmó el general de División en retiro Héctor Sánchez Gutiérrez.

El divisionario actualmente es analista y consultor en temas de seguridad y sabe de lo que habla: le tocó enfrentar directamente a grupos considerados radicales, que mezclaron su activismo con acciones violentas.

Fue comandante y coordinador de las Fuerzas Federales de Apoyo de la entonces Policía Federal Preventiva (PFP) durante las operaciones para restaurar el estado de derecho en el campus de Ciudad Universitaria, en San Salvador Atenco y en Oaxaca, con las violentas protestas de la APPO.

Sánchez Gutiérrez dijo que era previsible que padres de familia y supuestos activistas desestimaran la apertura del cuartel militar de Iguala, Guerrero, que ofreció el gobierno federal para demostrar que son falsas las versiones de que ahí están los estudiantes desaparecidos.

Felipe de la Cruz, vocero de familiares de los 43 normalistas aseguró hace unos días que les permitirán recorrer las instalaciones del 27 Batallón de Infantería porque "ya no hay nada", por lo que exigió que se abran otros cuarteles.

"Es una respuesta lógica y congruente con su estrategia. Si no los dejan entrar, quieren hacer creer que sí hubo una participación del Ejército en la desaparición, que ahí están (cuartel de Iguala), y si les permiten el acceso, entonces ya sacaron lo que había, son dialécticos, cada información encierra en si misma su propia afirmación", sostuvo el general.

Sánchez Gutiérrez comentó que la agresión de la semana pasada en instalaciones militares de Iguala, que dejó 11 elementos del Ejército lesionados, es una muestra de que el caso de Ayotzinapa ha tomado un cariz subversivo, con un abierto desafío al Ejército.

Consideró que los violentos encapuchados que acompañan a familiares de las víctimas no pretenden buscar a los jóvenes en los cuarteles, sino lograr un enfrentamiento directo con las fuerzas armadas.

"Intentan que lastimen a los 'suyos', si hay muertos mejor, con el fin de abonar a su 'causa' y desprestigiar al Ejército. El inconforme lucha para alcanzar un objetivo común, mientras que el trasgresor violenta la ley y solo unos cuantos logran sus objetivos personales", agregó.

En su opinión, es una medida positiva que la Comisión Nacional de Derechos Humanos haya aceptado recorrer el 27 Batallón, porque acompaña a los padres y desmarca a la turba que los ha acompañado.

Aseguró que la apertura de los cuarteles es una "actividad normal" para las fuerzas armadas, incluida en las acciones para fortalecer las relaciones civiles-militares, pues éstos son visitados por alumnos de escuelas de todos los niveles, organizaciones de la sociedad civil, en general quien así lo solicita; hacen recorridos en oficinas, dormitorios, campos de adiestramiento y todo lo que deseen visitar".

El general no tuvo duda en señalar que el caso Ayotzinapa se ha desvirtuado. "Este tema detonó un movimiento que en sus orígenes era social y que se encaminaba a la solicitud del esclarecimiento de los hechos acontecidos y la procuración de justica; posteriormente fue desvirtuándose debido a que grupos que han visto vulnerados sus intereses, entre otras cosas, por las reformas estructurales realizadas por el gobierno federal, se 'abanderaron' con el movimiento", indicó.

Desde la perspectiva del general, para un movimiento subversivo es esencial desacreditar las acciones realizadas por las Fuerzas Armadas, encargadas de la seguridad interior, ya que son la única institución en México capaz de hacer frente a este antagonismo con el objetivo de salvaguardar la integridad, estabilidad y permanencia del Estado Mexicano.

"Es así que este movimiento se convirtió en un grupo que, mediante acciones violentas, se avoca a presionar al gobierno federal, tomando tintes más de un movimiento subversivo que de uno social. Movimientos como en el que actualmente se ha convertido el de Ayotzinapa requieren financiamiento para continuar desarrollando sus actividades. En el caso particular, se dedican a realizar la toma de casetas de peaje donde ellos realizan 'colectas', mientras que para transportarse a diversos puntos del país, 'toman' autobuses de las empresas de transporte de pasajeros", detalló el militar en retiro.

Señaló que a pesar de que grupos de corte subversivo realizan diversas acciones por metodología para desvirtuar la actuación de las Fuerzas Armadas, la relación de éstas con la sociedad se ha consolidado por el auxilio que prestan a la población en situaciones de desastre (Plan DN III), la apertura de las instituciones académicas militares, en la que cualquier mexicano que cubra los requisitos puede ingresar, y el combate a la delincuencia organizada.

Sin embargo, el divisionario señaló que el problema sustantivo que sirvió de "caldo de cultivo" para los brotes violentos en la región sur-sureste del país fue que el gobierno no atendió durante décadas la pobreza, la falta de desarrollo y de justicia social.

Indicó que ahora es fundamental que el gobierno logré "aterrizar" la estrategia de desarrollo económico sin precedente en la zona.