Aumentan las marchas gays... y también el odio

Tras las masacres en bares de Xalapa, Veracruz, y Florida, EU, un mayor sector de la población ha mostrado su solidaridad con los grupos LGBTI, incluso más personas “salieron del clóset”.
La multitudinaria caminata en la Ciudad de México es una fiesta que rebasa los 200 mil asistentes cada año.
La multitudinaria caminata en la Ciudad de México es una fiesta que rebasa los 200 mil asistentes cada año. (Omar Franco)

México

Aunque México ya es el tercer país en el mundo con el mayor número de marchas de comunidades LGBTI, solo detrás de Brasil y Estados Unidos, no han disminuido el bullying y la homofobia, ni tampoco las estadísticas de muertes por odio.

Son ya 81 ciudades de las 32 entidades federativas que forman parte del ciclo de marchas mexicanas, que inicia en mayo y culmina en septiembre, y que este año tiene un significado especial por dos cuestiones simbólicas, aunque contrastantes:

La iniciativa que envió el presidente Enrique Peña Nieto al Congreso para legalizar en todo el país los matrimonios igualitarios, y las masacres en bares gays en Orlando y Xalapa.

Estos temas han exacerbado el debate público, del cual han brotado posturas que llevaron a activistas a elaborar su top ten de personajes más homofóbicos.

CAMINATAS DEL ARCOÍRIS

Guanajuato y el Estado de México comparten el liderato al sumar seis marchas anuales en distintos municipios de cada uno, seguidos de Veracruz con cinco y Oaxaca, Guerrero, Tamaulipas Coahuila, Morelos y Jalisco con cuatro.

Pero la multitudinaria caminata que se lleva a cabo en la Ciudad de México ya es una fiesta que rebasa cada año los 200 mil asistentes (solo las de Nueva York, Buenos Aires, Londres y Manila manejan cifras similares).

Algunas de las nacientes movilizaciones en los estados aún conservan el espíritu provocador y de reclamo que pide se respeten los derechos humanos de las comunidades LGBTI. Pocas jornadas se realizan sin música y en avenidas donde no se les otorga preferencia, tienen que compartir carriles con el flujo vehicular, según videos que los organizadores comparten en YouTube.

A decir del activista, investigador y colaborador del Instituto Nacional de Salud Pública en temas de salud sexual, uso de drogas e infecciones de transmisión sexual y VIH, Ricardo Baruch, en ningún lugar se les ha prohibido marchar, pero lo que sí ocurre es que las autoridades locales niegan después los permisos para el evento de cierre en las plazas principales, “lo cual ha sido interpretado como homofobia institucional por algunos organizadores en los estados”.

El boom de las marchas gays en sitios alejados de las grandes metrópolis es reciente: apenas 17 de ellas —20 por ciento del total— tienen más de 10 años de celebrarse y solo las de Ciudad de México (1978), Tijuana (1995) y Guadalajara (1996) iniciaron el siglo pasado. En el recuento hallamos que ya tienen marcha del arcoíris sitios como Ciudad Valles, San Luis Potosí, Matamoros, Tamaulipas o Nueva Italia, en Michoacán.

El activista Baruch señala que marchar de algún modo funciona, aunque reconoce que, pese a los avances a nivel macro, “la homofobia aún mata, aún afecta en las escuelas, el trabajo y los servicios de salud; aún nos corren de nuestras casas y comunidades por ser diferentes”.

Por otro lado, las masacres, sobre todo la de Florida, funcionó para que un sector más grande de la población “muestre su solidaridad con los grupos LGBTI e incluso para que más personas salgan del clóset”.

La parte oscura, apunta Baruch, es que a raíz de ambos hechos aumentaron las amenazas por redes sociales, como las que él ha recibido y en las que no ve más que un intento por meter miedo para bajarle intensidad a su activismo.

LOS 10 MÁS HOMOFÓBICOS

El arzobispo primado de México, Norberto Rivera, y el presidente del Consejo Mexicano de la Familia, Juan Dabdoub Giacoman, encabezan la lista de los personajes más homofóbicos en el periodo 2015-2016 en México, según la Red Gay Latino, creada en Curitiba, Brasil, y que agrupa a ciudadanos de 12 naciones líderes en sus comunidades.

Los nombramientos se dieron en el contexto de las celebraciones del orgullo gay en la Ciudad de México y su objetivo es señalar a quienes por sus acciones y comentarios sobresalieron en los 12 meses recientes por incitar a la homofobia, la desinformación y el odio contra miembros de la comunidad LGBTI.

En la copiosa lista aparecieron el cantante Emmanuel, el obispo de Culiacán, Jonás Guerrero Corona, y otros entre columnistas, líderes partidistas, actrices o diputados federales y locales.

Empatados en el primer lugar, Rivera y Giacoman se oponen a la formación de las familias homoparentales y a los avances legislativos que reconocen los derechos de las personas LGBTI, a las que el segundo incluso considera “enfermas”.

En segundo sitio se halla el vocero de la Arquidiócesis, Hugo Valdemar, quien tachó de “inmoral y profundamente irresponsable” la iniciativa presidencial, seguido de Esteban Arce, que en más de una ocasión ha llamado “anormales” a los homosexuales.

También aparece el presidente de Morena, Andrés Manuel López Obrador, quien sigue considerando que el matrimonio igualitario debe someterse a consulta popular, además de que llamó “oportunismo corriente” la propuesta peñista.

En los últimos cinco sitios del top ten se encuentra José de Jesús Manzo, funcionario de la Secretaría de Desarrollo Social en Jalisco y despedido tras tuitear que los muertos en Orlando debieron ser 100 en lugar de 50.

Le siguen Consuelo Mendoza, presidenta de la Unión Nacional de Padres de Familia, opositora a la educación sexual integral en las escuelas; Eduardo Ramírez Aguilar, diputado del PVEM en Chiapas, quien se manifestó contra la adopción por parte de parejas del mismo sexo; la cantante Yuri, por recomendar abiertamente la película Pink, calificada de homofóbica por el mismo Conapred, y al final, la gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich, quien pese al llamado presidencial a apoyar el matrimonio igualitario dijo que en “su estado” las parejas del mismo sexo solo se podrán casar si tramitan amparos.

El jurado estuvo integrado por investigadores y miembros de organismos o fundaciones internacionales, como el longevo militante y empresario Tito Vasconcelos, el ya mencionado investigador y consejero Ricardo Baruch y los doctores Jorge Saavedra y Carlos García de León, quienes han tenido cargos directivos en Censida.

MIL 310 MUERTES EN 20 AÑOS

La Ciudad de México, con 193, y el Estado de México, con 123, encabezan las entidades con más crímenes de odio perpetrados en el periodo 1995-2015, según una investigación hemerográfica de la agencia de noticias especializada en temas de salud, sexualidad y sociedad, NotiEse.

Y es el más reciente lustro (2011-2016) el más violento de los cuatro medidos, al registrar 33 por ciento del total de los crímenes, sumado a que cuenta con los dos peores años para la estadística: 2011 con 104 muertos y 2012 con 111; por cierto, únicos periodos en que la cifra asciende a tres dígitos.

La lista negra de estados con mayor número de crímenes continúa con Veracruz (85), Nuevo León (81), Chihuahua (72), Michoacán (71) y Jalisco (67). De estos primeros siete, cuatro destacan por su activismo gay: la Ciudad de México, con la marcha más tradicional; el Estado de México, que ahora comparte primer lugar por región; Guadalajara, Jalisco, con la segunda más numerosa y la tercera marcha más longeva, y Veracruz, donde cinco municipios organizan festejo.

Sin embargo, tan solo en los cuatro estados citados, donde la bandera de la diversidad parece llevarse muy alto, se perpetró 35 por ciento de los crímenes en todo el país recabados por NotiEse. Este medio aclara que debemos tomar su estudio con cautela, ya que “en algunos estados se da mayor cobertura periodística que en otros”, aunque insiste en que las cifras “ya marcan una tendencia”.

Baruch sabe que no basta con organizar gay parade en cada ciudad y que estas jornadas son la punta del iceberg de otros eventos que deben considerar las organizaciones: “festivales culturales, conferencias, actividades académicas, jornadas de salud sexual, capacitación a servidores públicos y participación en medios de comunicación para combatir la homofobia y sensibilizar a la población sobre la importancia del respeto a los derechos humanos”.



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