Revive la semana del levantamiento del EZLN

A 20 años del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, te recordamos cómo fue la primera semana de 1994, cuando un grupo de indígenas sorprendió a México y al mundo.

Ciudad de México

El primero de enero de 1994 el subcomandante Marcos anunció desde San Cristóbal de las Casas, la toma de la plaza de Ocosingo, con  saldo de dos muertos, dos heridos y cuatro prisioneros, todos del lado de las autoridades municipales.

AUDIO: A las 16 horas, cuatro de la tarde, del día primero de enero de 1994, cayó en nuestras manos la plaza de Ocosingo, cabecera municipal del mismo nombre, que fue defendida con entereza por tropas de la seguridad pública del estado, que fueron finalmente derrotadas por nuestras fuerzas a esta hora que les digo, las cuatro de la tarde.


Pero no solo Ocosingo, en las primeras horas del recién estrenado 1994 fue tomado, también San Cristóbal, Altamirano y Las Margaritas, los enfrentamientos se extendieron a Oxchuc, Huixtán y Chanal.

Poco antes, Marcos había descrito ya su movimiento y exhortado a todos los sectores sociales a levantarse de acuerdo a sus propios medios.

AUDIO:Es un movimiento de insurrección de nuestra organización que se llama Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuya dirección es mayoritariamente indígena: tzotzil, tzeltal, chol, tojolabal, zoque y mam.


Las exigencias de la organización: vivienda, tierra, salud, educación, justicia, pero sobre todo, libertad y democracia.

AUDIO: Las causas que originan este movimiento son justas, son reales. En todo caso, podrán cuestionar el camino que se eligió, pero nunca las causas.


En tanto, el gobierno del estado emitió un comunicado en el que denunció los actos de provocación y violencia por parte de un grupo de unos 200 campesinos en San Cristóbal de las Casas, Ocosingo, Altamirano y Las Margaritas.

Las autoridades llamaron a los levantados a retomar la vía legal y a participar en la construcción de las soluciones a sus demandas.

Pero la declaración ya estaba hecha desde el 3 de diciembre de 1993: la comandancia general del EZLN en la Selva Lacandona, declaró abiertamente la guerra al Ejército, calificándolo como “pilar básico de la dictadura que padecemos, monopolizada por el partido en el poder y encabezada por el ejecutivo federal que hoy detenta su jefe máximo e ilegítimo: Carlos Salinas de Gortari”.

En el segundo día de enero, la Secretaría de la Defensa Nacional emitió un comunicado en el que informó haber ordenado al personal de la VII Región Militar permanecer dentro del campo, pero tras el asalto al campo militar cercano a San Cristóbal, se decidió convocar al agente del Ministerio Público Federal para dar cuenta de lo sucedido.

Ese mismo día, la Sedena emitió un segundo comunicado informando el saldo que hasta ese momento había dejado el enfrentamiento en la zona militar: cinco muertos y seis heridos del lado de los militares y por parte de los insurgentes unos 24 fallecidos.

Otro soldado muerto y cinco heridos más resultaron de un enfrentamiento en Ocosingo cuando los castrenses acudían a reforzar la seguridad en la región, procedentes de Palenque.

La Secretaría de Gobernación no tardó en dar parte de lo que ocurría en tierras chiapanecas e informó de más bajas en el joven conflicto: la toma de las ciudades de Ocosingo, Altamirano, Abasolo, Chalán del Carmen, Las Margaritas y San Cristóbal de las Casas, los agresores dieron muerte a 27 personas, 24 de ellas elementos de la policía local y tres civiles, apuntaba.

Gobernación aseguró que previo la actuación de las fuerzas militares, se habían hecho varias exhortaciones de diálogo al grupo armado.

El entonces presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, se pronunció el 3 de enero ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión; reconoció las carencias y desigualdades causantes del descontento en Chiapas pero rechazó la violencia como medio para solucionar el problema.

AUDIO: Las acciones violentas retrasan la verdadera solución de las necesidades sociales y obscurecen el encuentro de las divergencias.

En cambio, la política, la comunicación franca, ellas sí llegan al fondo de las diferencias y también la acción comprometida frente a los reclamos sociales. Así se construyen y se aportan soluciones.

En México no hay lugar ni tiempo para la divergencia que no se resuelva dentro de la ley.

Reitero, en México buscaremos siempre el imperio de la ley, el diálogo pacífico, y muy particularmente la defensa de los derechos humanos en todas las acciones de la comunidad.


La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) lamentó lo sucedido en los Altos de Chiapas pero dijo que la solución a los rezagos y carencias no podía exigirse mediante acciones armadas, sólo dentro del orden jurídico y a partir del diálogo debían preservarse los derechos humanos.

En ese momento, según detalló la Sedena en su tercer comunicado, ya había dos muertos y nueve heridos por parte de los militares, y se estimaban bajas de 27 individuos por parte de los levantados.

Mientras, el entonces gobernador Elmar Setzer pidió a los chiapanecos actuar con cordura para no ser rebasados por el rumor y el pánico.

AUDIO: es evidente que se trata de grupos paramilitares con abierta disposición a violentar el estado de derecho, que debe prevalecer en toda sociedad jurídicamente tutelada.

Lo que resulta inadmisible y obliga a la autoridad estatal a tomar las providencias necesarias para restaurar el orden trastocado y hacer prevalecer el imperio de las garantías individuales, mediante los recursos que concede la propia Constitución General de la República.


En entrevistas a distintos medios, el subcomandante Marcos, siempre ataviado con pasamontañas negro, repetiría una y otra vez sus exigencias: la renuncia del gobierno federal y la formación de uno de transición que convocara a elecciones libres y democráticas en el próximo mes de agosto.

Las condiciones paupérrimas de los indígenas chiapanecos eran otro motivo del levantamiento.

Pero aún con el pasamontañas, del que se escapaba casi siempre una pipa apagada, era evidente que el insurgente no era indígena, entonces era obligada la pregunta ¿qué hace aquí si no es indígena?

La respuesta se volcaba siempre a lo mismo, el movimiento había surgido en Chiapas, pero no era exclusivamente chiapaneco, se trataba de un movimiento nacional.

“Así como hay gente, como yo, que proviene de otros estados, también hay chiapanecos que combaten en otros lugares. Somos mexicanos, eso nos unifica, además de la demanda de libertad y de democracia. Queremos elegir a nuestros representantes reales”, dijo Marcos al periodista Gianni Prorettis el 4 de enero de 1994.

Mientras, la Secretaría de Defensa emitió su cuarto comunicado. Las bajas aumentaban: se reportaba ya la muerte de dos oficiales y cinco de tropa, más 16 heridos. Del lado del EZLN contabilizaban 59 fallecidos y ocho detenidos. 

A estas cifras seguían sumándose los 27 muertos entre población civil y cuerpos policiacos locales, durante la toma de las cuatro cabeceras municipales, el primer día del año.

La Procuraduría General de la República (PGR) daba cuenta de que el grupo rebelde levantado en Chiapas, había asaltado la Brigada de Exploración RSS-6 de Petróleos Mexicanos, robando  mil 566 kilogramos de dinamita y 10 mil 440 detonantes, así como el camión que transportaba los explosivos. La sustracción, denunció Pemex, se había efectuado el 31 de diciembre en las cercanías de San José del Río en el municipio de Ocosingo, en un campamento de la paraestatal. Según la denuncia, el grupo armado había exhortado a los trabajadores a unirse al movimiento armado.

Durante el quinto día del levantamiento, los zapatistas desmintieron varias acusaciones de ataques perpetrados contra la Cruz Roja y la prensa, al tiempo que la Sedena informaba de la recuperación total de la población de Ocosingo, donde había detenido a 20 zapatistas.

Los militares notificaron también de  la evacuación de más de 200 personas en esa población

En Independencia, Las Margaritas y San Juan Chamula había también resguardo militar. Los detenidos son ya 34 y 61 los fallecidos del lado insurgente.

En tanto, Gobernación informaba de la entrega de apoyos a la población afectada por los hechos violentos en la entidad. Alimentos, agua y cobertores eran proporcionados a través de Protección Civil, mientras que la CNDH, dirigida entonces por Jorge Madrazo Cuéllar, notificaba que había aumentado su número de visitadores en la región.

En el quinto día del levantamiento, la PGR había logrado reunir información suficiente para construir un retrato hablado del autodenominado subcomandante Marcos: sexo masculino, 1.74 metros de estatura, aproximadamente; complexión atlética, tez morena-clara (blanca), 25 años de edad, aproximadamente; ojos verdes muy claros y grandes, pelo castaño claro, nariz recta y ancha, cara ovalada, boca regular y cejas pobladas. Lampiño y de piel cacariza. Hablaba dos idiomas y usaba un distintivo pasamontañas.

Una carta de Marcos dirigida al diario El Tiempo el 6 de enero, pedía darle espacio al movimiento: “No pedimos que se esté de acuerdo con nosotros o nuestro camino, sólo que nos den la oportunidad en la prensa de decir nuestra palabra”.

“¡No entregaremos las armas!¡Queremos justicia, no perdón o limosnas!” finalizaba el  Comité Clandestino Revolucionario Indígena, Comandancia General del EZLN, un comunicado en el que reiteraba su exigencia para la renuncia de Salinas de Gortari y daba sus propios números de las bajas en el lado de las “fuerzas enemigas”: siete muertos, 40 heridos y otros 30 fallecidos no confirmados.

Al tiempo que la Sedena refrescaba sus cifras en el sexto día del levantamiento, ocho militares muertos y 61 del lado “transgresor”, Salinas de Gortari daba un mensaje a la nación.

AUDIO: una organización diferente emergió en el estado de Chiapas: profesionales de la violencia, nacionales y un grupo extranjero, ajenos a los esfuerzos de la sociedad chiapaneca, asestaron un doloroso golpe a una zona de ese estado y al corazón de todos los mexicanos.

Por eso se ha señalado con razón, que deben distinguirse claramente dos situaciones: la agresión armada de un grupo violento, de otra muy diferente que deriva de la situación de pobreza y carencias en esa región.

Este no es un alzamiento indígena, sino la acción de ese grupo violento, armado en contra de la tranquilidad de las comunidades, la paz pública y las instituciones de gobierno.


Pero afirmaba que el grupo armado no estaba avanzando en sus objetivos, pues las comunidades rurales los estaban rechazando.

AUDIO: Nadie quiere un México en el que para garantizar la seguridad se limiten las libertades; ni que en esa región de Chiapas, se suspendan garantías.

La violencia no genera más libertad ni más democracia, sino odio y cerrazón política. El Ejército y las fuerzas de seguridad cumplen su responsabilidad constitucional.

Las acciones gubernamentales han tenido dos propósitos esenciales: el primero y más importante: proteger la vida de la población civil, respetando a la comunidad; y el segundo, restablecer el estado de normalidad al que tanto aprecio tienen los chiapanecos para poder dedicar, así, todos los esfuerzos en promover más justicia.



Eran siete días ya del levantamiento del EZLN, en su noveno comunicado, la Sedena reportaba la agresión de parte de unos 400 “transgresores armados” en San Felipe Ecatepec, a unos cinco kilómetros de San Cristóbal, donde  habían abierto fuego contra tres aviones que estaban en misión de reconocimiento y dos helicópteros que transportaban personal médico y abastecimiento hacia albergues.

Ese mismo día, la PGR desmintió las versiones de que varias personas habían muerto mediante tiro de gracia.

Con información de la Sedena y la PGJ, la Segob cerraba la semana con un informe especial: detallaba los antecedentes del movimiento y definía al Ejército Zapatista de Liberación Nacional como una organización extremista, violenta, profesional y bien entrenada, con un perfil altamente ideologizado y un lenguaje característico de líneas extremistas.