“No van a ser un número más de las estadísticas”

Aristóteles Sandoval, gobernador de Jalisco, afirma que el clamor de todos es hacer justicia a los 15 agentes asesinados.
Roberto López, secretario de Gobierno, Aristóteles Sandoval y el fiscal Luis Carlos Nájera en el acto.
Roberto López, secretario de Gobierno, Aristóteles Sandoval y el fiscal Luis Carlos Nájera en el acto. (Carlos Zepeda)

Guadalajara

El golpe que recibió la Fiscalía General del Estado con el ataque y la muerte de 15 elementos de la Fuerza Única Regional aún aturde y lastima a la corporación. Así lo mostraron las decenas de oficiales que acudieron a despedir a sus compañeros caídos, quienes en todo momento mantuvieron un semblante de tristeza y dolor, pero ninguno de ellos al grado en que lo hicieron los familiares.

Al tiempo en que eran nombrados ingresaron uno a uno los féretros de las víctimas sobre el espacio que fue adaptado en las instalaciones del Club Despeja de la FGE para la ceremonia de honores. Los ataúdes fueron colocados de frente a las familias, los funcionarios, los elementos de las policías municipales, que se dieron cita a este acto sin precedente.

Cada uno de los féretros fue acompañado con el escudo de la Fuerza Única, un arreglo floral, la imagen correspondiente de cada oficial en vida y cubierto por la bandera de Jalisco.

Una vez presentes los restos de los 15 uniformados emboscados, un comandante pasó lista en voz alta y todos los asistentes respondieron “¡presente!” por cada uno de ellos.

Entonces el comandante gritó: “¡Todos vamos, todos regresamos! ¡El personal está completo, señor!”. Pero no, no lo están, el vacío que han dejado en sus casas, con sus amistades y en la misma corporación no se podrá llenar. Así lo decía cada sollozo y cada grito de los presentes en los que se preguntaban “¿por qué?”.

Subió entonces el gobernador del estado, vestido con traje y corbata negros. Aristóteles Sandoval se postró al frente para leer un discurso que duró ocho minutos. “No son un número más de las estadísticas”, dijo sobre la muerte de los 15 elementos.

Luego se refirió a los deudos como la “razón más valiosa por la que cada uno de ellos decidió ingresar a las filas” de las fuerzas armadas del estado.

El mandatario estatal aseguró que “lo que pasó el lunes no va a quedar impune. ¡La van a pagar!”. Después enfatizó que no se trata de “un grito de guerra, sino de paz y de justicia. Es un clamor de todos”.

En ese momento, la voz del mandatario parecía entrecortarse y afirmó sentir “cada lágrima” y que se asegurarán de que los hijos y las familias de los policías asesinados no queden desprotegidos, que el estado se encargará de los gastos funerarios y se entregarán los correspondientes seguros de vida.

Se protegerá, insistió, el “presente y el futuro” de los hijos que perdieron a sus padres o madre en estos hechos.

Posteriormente, junto al fiscal general, Luis Carlos Nájera, y otros funcionarios, el gobernador montó una guardia de honor.

Alrededor de 60 personas, todos ellas cercanas a los agentes caídos, siguieron en el turno para hacer guardia a los cuerpos. Los gritos y el llanto conmovieron a los asistentes. Los funcionarios no se quedaron a presenciarlo, pero el dolor de los familiares fue exhibido ante la concurrencia.

Alguien pensó entonces que el sufrimiento se puede protocolizar y a través de las bocinas pidieron a los familiares que “se bajen a ocupar sus lugares”. Lo hicieron una, dos, tres, cuatro... lo hicieron hasta en ocho ocasiones. Poco a poco los deudos fueron soltando el féretro y regresaron a sus asientos, donde los esperaba una edecán con un paquete de toallas faciales.

“No vale la pena todo esto para perderlos a ellos, ¡que se salga!, ¡dile que se salga!”, le dijo una de las viudas a la esposa de uno de los elementos que aún se encuentra con vida y que se acercó para darle un abrazo e intentar consolarla.

Mientras quienes fueron sus compañeros acompañaban con los ojos enrojecidos y conscientes de que “pudo haber sido cualquiera de nosotros al que le tocara estar en una de esas cajas”, como mencionó uno de ellos.

Los 15 elementos asesinados por integrantes del crimen organizado fueron despedidos como héroes, aunque también pueden referirse a ellos como mártires, pues fueron acribillados, emboscados de tal manera que no hubo oportunidad para una acción en respuesta por parte de los oficiales.