"Si me siento a llorar, no voy a ver justicia"

Irinea Buendía, madre de Mariana Lima Buendía, hallada muerta en 2010, afirma que a su hija la encontró muerta con signos de maltrato, por lo que espera que se reinicien las investigaciones.

México

En la colonia Xochitenco, municipio de Chimalhuacán, se ubica la casa donde hace cinco años fue encontrado el cuerpo sin vida de Mariana Lima Buendía. Es el número 23 de la calle Naranjo, en el límite con Ciudad Nezahualcóyotl. Una casa de tres pisos y calles recién pavimentadas que en aquel entonces fueron de tierra.

La joven abogada vivía aquí con su esposo, el policía judicial Julio César Hernández Ballinas. Él y las autoridades aseguraron que ella se suicidó en la recámara por razones desconocidas; pero su madre, Irinea Buendía, refuta su dicho, pues recuerda perfectamente las condiciones en que encontró a su hija.

“Ese supuesto suicidio fue una simulación al homicidio. Mi hija no estaba colgada, sino acostada en la cama, tenía rasguños en el cuello”, asegura sin titubeos.

Aunque tiene más de 60 años de edad, su memoria es clara y precisa. Por eso enlista una por una las otras lesiones que constató en el cuerpo de Mariana: rostro morado, labios hinchados, cabello alborotado; golpes en tobillos, piernas, muslos, rigor mortis y señales de amarre en manos y pies “con la piel arrugada, como si hubiera estado mucho tiempo en el agua”, dice.

“En la habitación empecé a buscar, ver de dónde se había colgado pero no había nada. Solo una canaleta de la luz y el clavo de las cortinas, porque en ese tiempo la casa estaba en obra negra”.

Irinea no olvida las ocasiones en que Julio César golpeó y amenazó de muerte a su hija, describiendo “que la metería a la cisterna donde había tirado a otras dos o tres mujeres que no aprendieron a tratarlo como él se merecía”.

Indignada, enfrentó a su yerno. “Debes sentirte satisfecho: ya la mataste. Debes estar contento, pero de la ley de Dios no te vas a salvar”, le advirtió.

Él quería incinerar el cuerpo de su mujer, pero Irinea lo impidió para no borrar las huellas de lo que, acusa, es un homicidio. Por eso en julio de 2010 buscó ayuda y la encontró en el Observatorio Nacional de Feminicidio, donde la apoyaron para intentar hacer justicia en la tierra.

Su primer logro fue el miércoles pasado, cuando la Suprema Corte de Justicia ordenó a la Procuraduría mexiquense reabrir el caso de Mariana para investigar bajo nuevos lineamientos si hubo feminicidio.

Rodolfo Domínguez, director del Observatorio, enlista el nuevo enfoque que deberá tener la investigación. “Tienen que ampliar el dictamen de necropsia, de mecánica de lesiones, volver a hacer el dictamen de criminalística, de posición víctima-victimario, un dictamen en violencia y materia psicosocial. Será un reto de investigación y si las autoridades no tienen personal especializado en el tema, podemos proponer gente para este trabajo”.

De ser necesario, los restos de Mariana (enterrados en el panteón municipal de Nezahualcóyotl) serían exhumados. Y aunque la escena del probable crimen ya fue alterada (puesto que es la casa donde sigue viviendo Julio César, ahora con su nueva esposa), ésta aún puede ser objeto de investigación, pues el abogado Domínguez asegura que allí todavía hay elementos que pueden probar si hubo homicidio.

“La resolución de la Corte impacta a escala nacional y es un llamado al Estado de México para que asuma su responsabilidad con las mujeres, pues aún no emite una alerta de género.

“En el caso de Mariana desconfiamos de la fiscalía mexiquense porque ellos fueron quienes cerraron el caso. Creemos que el propio procurador Alejandro Gómez debe responsabilizarse, pues lo mínimo que debería hacer es suspender a Julio César del cargo que tiene porque fue ascendido a comandante de la Policía Judicial y tenemos elementos para ordenar su aprehensión”, aseguró Domínguez.

MILENIO buscó a Hernández Ballinas en su domicilio para conocer su versión de los hechos, pero su esposa afirmó que no están interesados en hablar del tema.

Con semblante sereno y actitud inamovible, Irinea celebra la resolución de la Corte. “Necesito estar fuerte y firme, pues si me siento a llorar, no voy a ver justicia. Mi hija está litigando aunque no esté aquí: porque ambas queremos justicia y más justicia. No más”.