“Los riesgos del periodismo deben ser calculados”: Malcolm Beith

El reportero habla de su oficio y narra parte de la carrera criminal de El Chapo; dice que hay algo de mito alrededor del capo.
Malcolm Beith. 'El último narco. Su captura'.
(Especial)

Ciudad de México

Malcolm Beith, autor de El último narco, realizó una investigación de dos años sobre Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, alias El Chapo Guzmán, quien, al ser interrogado el 10 de junio de 1993,  luego de ser apresado por el delito de tráfico de droga,  declaró ante las autoridades: “Soy agricultor”. 

La curiosidad lo llevó a investigar al personaje y encontró sorpresas y conclusiones sobre quien el 19 de enero de 2001 escaparía del penal de Puente Grande, Jalisco, durante el primer gobierno panista, y capturado de nueva cuenta, ahora con el regreso del PRI al poder. Este hecho no le sorprendió a Beith.   

El reportero, que ha escrito acerca de la guerra contra las drogas para Newsweek, Slate, Wolrd Politics Revew, entre otros medios, inició su exploración en 2007; en el camino revisó documentos, escuchó voces  en torno al personaje y, para redondear la historia, viajó a Badiraguato, Sinaloa, cuna del “hombre más buscado, después de Osama Bin Laden”, según la publicidad.

Beith llegó al pueblo natal del Chapo en camión y se hizo acompañar de dos guías; al primero, Carlos, le “brillaban los ojos mientras hablaba de su jefe, Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, alias El Chapo”; el otro, Omar, de Badiraguato, “muy interesado en que yo viera más del campo, pero luego de descubrir” a un hombre armado “se dio cuenta que lo mejor era regresar”.

Para la investigación en Badiraguato, escribe Malcolm Beith en el epílogo, “ocasionalmente pasaba días ahí; nadie quería hablar acerca del Chapo, y a los que hablaban había que oírlos con una buena dosis de escepticismo…”

Y advierte: 

“En la investigación que realicé para escribir el libro y artículos sobre la guerra contra las drogas, siempre sostuve que mi vida y la de mis entrevistados es más importante que cualquier gran primicia que pudiera conseguir. El mejor periodismo impone riesgos, pero esos riesgos tienen que ser calculados”.

En el capítulo 17 del libro, Beith describe con amplitud algo que corrobora en entrevista con MILENIO: “Las autoridades estadunidenses estaban interviniendo teléfonos en Arizona y proporcionándole información a sus contrapartes mexicanas, según el ex jefe de operaciones de la DEA que estuvo involucrado en las sesiones informativas sobre la captura del Chapo…”

Y más: “El teléfono confiscado en Puebla, sin embargo, resultaría ser un vínculo clave en la cadena. En La Vista Country Club descubrieron, además de las armas, que el teléfono contenía números importantes. Eran del círculo interno del Chapo; el teléfono pertenecía a Daniel Fernández de la Vega”.

En la cafetería de un hotel de la colonia Cuauhtémoc, Malcolm Beith, de ascendencia inglesa y estadunidense, reconoce que hace una década no pensaba que la lucha contra el narcotráfico valiera la pena.

“Pero ahora, con la cantidad de muertos que hemos visto, con la violencia que crean los cárteles, es obvio que se necesita el apoyo de las fuerzas federales, la policía, el Ejército, todos juntos luchando para mejorar la seguridad”, agrega.

La caída del Chapo, comenta, es un seguimiento de varios años, durante los cuales han caído muchos capos, y avala el combate emprendido por el gobierno mexicano.  “Yo conozco soldados y policías buenos, honestos —dice— que van a su casa, tienen familia y apoyan al pueblo contra los huracanes”. 

—¿No cree que se tejió un mito alrededor del Chapo?

—Absolutamente, hay mitos y secretos a voces del Chapo Guzmán, como sus entradas a restaurantes, con gente armada y diciendo que él iba a pagar la cuenta. Hemos escuchado esas historias en Tijuana y Nuevo Laredo.

—¿Por qué el título del libro?

—El título fue para describirlo como un tipo de capo que no va a existir después de esta lucha contra el crimen organizado, un ti-
po de capo que creció con el apoyo de los padrinos del narcotráfico y aprendió sus maneras de hacer el negocio, de no utilizar la violencia si no era necesario, de utilizar la corrupción para crear sus redes, no la fuerza. Claro que hay otros capos esperando tomar control del cártel de Sinaloa, pero no creo que veremos alguien con la mitología, con la influencia que ha tenido El Chapo.