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Jueves , 19.07.2018 / 13:05 Hoy

Presentan denuncia penal en PGR contra "ombudsman"

La CNDH está obligada a defender los derechos de los militares absueltos, proteger el debido proceso y no desacreditar las instancias de procuración de justicia, señala Lilia García Sánchez.

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Rubén Mosso

El titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), Luis Raúl González Pérez, fue denunciado penalmente en la Procuraduría General de la República por Lilia Mariana García Sánchez, abogada de los tres militares que fueron dejados en libertad por falta de pruebas sobre su responsabilidad en el caso Tlatlaya.

La litigante presentó la denuncia debido a las declaraciones que realizó el ombudsman nacional, en el sentido de que existen pruebas de ejecuciones arbitrarias de entre 12 a 15 personas el 30 de junio de 2014 en ese municipio mexiquense, además de que los militares manipularon el lugar de los hechos y torturaron a tres testigos sobrevivientes.

También reprochó las declaraciones del ombudsman en el sentido de que la sentencia a favor de los soldados “genera la subsistencia de impunidad”, pues solo desacredita las acciones de las instancias de procuración y administración de justicia.

García Sánchez indicó que la CNDH está obligada a tratar con igualdad a los tres militares y defender sus derechos de presunción de inocencia y al debido proceso.

Además, pone en entredicho su práctica profesional como abogada de los tres militares liberados, agregó.

CONTRADICCIONES

El caso Tlatlaya no solo contiene declaraciones contradictorias por parte de sobrevivientes y acusados, sino también demuestra que las procuradurías generales de Justicia del Estado de México y General de la República incurrieron en irregularidades en la integración de la pesquisa y retrasaron el trabajo que realizó la CNDH.

Lo anterior consta en la recomendación 51/2014 que emitió el organismo de derechos humanos cuando era presidido por Raúl Plascencia Villanueva, investigación que actualmente defiende su sucesor Luis Raúl González Pérez, quien está convencido de que personal del Ejército sí cometió ejecuciones extrajudiciales, tras el enfrentamiento contra 22 delincuentes que estaban en una bodega en la comunidad de San Pedro Limón, en Tlatlaya.

Pese a que la CNDH tuvo acceso a mil 676 fotografías recabadas por personal ministerial de la procuraduría mexiquense, descubrió que ninguna de éstas contaba con acercamiento hacia los cadáveres y que solo los medios de comunicación difundieron las mejores fotos. El organismo acusó a la dependencia estatal de obstaculizar la investigación.

Asimismo, en 18 ocasiones el personal de la CNDH visitó las instalaciones de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada, donde tuvo que transcribir más de 176 diligencias ministeriales y constancias que obran en la carpeta de investigación y las averiguaciones previas.

En la recomendación dirigida a la Secretaría de la Defensa Nacional, a la PGR y a la procuraduría mexiquense, la CNDH admitió que los testimonios de las sobrevivientes y testigos del enfrentamiento (Clara Gómez González, con nombre clave Julia, madre de Éricka, esta última que murió en el enfrentamiento; Cinthia Stephanie Nava López y Patricia Campos Morales) presentaban inconsistencias.

“…si bien es cierto que en los testimonios antes narrados se observan algunas inconsistencias, lo que es un hecho es que las tres mujeres que se encontraban en la bodega son sobrevivientes de los hechos violentos y presenciaron la forma en la que se desarrollaron”, subraya el documento.

LAS TRES DECLARACIONES

Julia, es decir, Clara Gómez, puso al descubierto el caso de la ejecución extrajudicial, en una entrevista que concedió a la revista Esquire en septiembre de 2014.

La testigo aseguró que fueron los soldados quienes dispararon primero y que los delincuentes respondieron; que solo uno de los jóvenes murió en el enfrentamiento y que los demás se rindieron. Mencionó que los soldados interrogaron a los 21 sobrevivientes y luego los mataron.

También afirmó que Cinthia y Patricia se hicieron pasar como víctimas de los delincuentes abatidos, argumentando que habían sido secuestradas; pero, según Julia, ellas eran quienes les pasaban las armas y los cartuchos a los maleantes durante el enfrentamiento.

El 30 de junio de 2014 ante la procuraduría mexiquense, Julia dijo que un día antes acudió a la comunidad de San Pedro Limón a buscar a su hija, ya que desde febrero de 2014, Éricka se salió de su casa y se juntaba con malas amistades; mencionó que Éricka se había ido con una amiga; después, la amiga de su hija regresó a Arcelia, pero no le quería informar dónde estaba Ericka, refiriendo que ocasionalmente la veía a bor-
do de una camioneta de instalación de servicios de televisión, acompañada de un joven.

El 29 de junio, entre las tres y cuatro de la tarde, Julia recibió una llamada telefónica de su hija, quien le informó que estaba en San Pedro Limón y que se encontraba bien. Julia viajó a la comunidad a la que llegó alrededor de las siete de la noche, en donde vio a su hija acompañada de tres hombres en una camioneta negra.

La testigo afirmó que uno de los jóvenes armados le dijo que se subiera a la camioneta, y ella se negó, pero esta persona se enojó y la obligó a subir a la fuerza.

El vehículo avanzó hasta una bodega; adentro había hombres armados. Uno de ellos le quitó el chip a su celular para que “no le llamara al gobierno”, diciéndole que no se podía ir de ahí porque (ella) le iba a avisar a las autoridades.

Julia observó que había otras dos mujeres, a quienes bajaron de unas camionetas, las amarraron de las manos y las sentaron junto a ella; su hija permaneció a bordo de otra camioneta con un joven, hasta que inició la balacera.

Ante la SEIDO, el 4 de julio de 2014, Julia manifestó que “hace aproximadamente como ocho días” (el 26 de junio de 2014) se percató de que su hija ya no regresó a su casa, y que el 29 de junio recibió una llamada de ella, quien le informó que iba de El Palmar a San Pedro Limón, y le colgó.

Culpó del mal comportamiento de su hija a una amiga a la que buscó en Arcelia; la amiga de Éricka le dijo a la mamá que su hija andaba en “malos pasos”.

Julia se dirigió a San Pedro Limón y se sentó en la entrada del Hospital. Alrededor de las ocho o nueve de la noche observó una camioneta gris, en la cual se pudo percatar que iba a bordo su hija y se acercó a hablar con ella, pidiéndole que regresaran juntas a la casa; se bajaron dos hombres del vehículo, quienes la forzaron a subir. La llevaron a la bodega donde se percató que había hombres armados.

Señaló que transcurrió la noche y que de pronto escuchó que alguien gritó: “¡Ya nos cayeron los contras!” y en ese momento todos alistaron sus armas, comenzaron a disparar hacia fuera y empezó un enfrentamiento.

Durante la balacera, escuchó que desde afuera gritaban “¡Ríndanse, somos el Ejército!”… los delincuentes les tendieron cobijas a las mujeres y les dijeron que se acostaran boca abajo para que les amarraran las manos hacia atrás, indicándoles que dijeran que estaban secuestradas, y a ella le dijeron que “no dijera nada porque le iba a ir peor”.

El 1 de agosto de 2014, Julia dijo a la CNDH que el 29 de junio se trasladó a San Pedro Limón y a las once de la noche observó que en una camioneta que circulaba en dirección a Arcelia, iba su hija a bordo en el asiento del copiloto, y junto a ella iban tres jóvenes más de entre 16 y 20 años armados; después de quince minutos de hablar con su hija, el conductor les dijo que “no podían seguir ahí” y le indicó a ambas mujeres que se subieran.

En la bodega, alrededor de las tres o cuatro de la mañanas del 30 de junio, Julia escuchó disparos provenientes de la calle, luego vio entrar corriendo a un hombre armado y por fuera se escuchaba gente, que hoy sabe eran militares, gritando “¡Ríndanse, les vamos a perdonar la vida!”, al mismo tiempo que disparaban al interior de la bodega, por lo que los civiles comenzaron a disparar.

Desde el lugar en el que se encontraba Julia refiere haber visto a tres militares: uno que se encontraba en frente de la camioneta gris, que estaba pegada al muro izquierdo de la bodega (norte), otro que estaba cercano al muro y a la bodega que portaba una lámpara, y un tercero que salió desde el interior del cuarto al que ingresaron a las personas rendidas, junto con uno de los jóvenes; él los llevaba hacia el militar que tenía la lámpara, les preguntaban de dónde eran, su edad, su apodo y posteriormente les disparaban.

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