Policías comunitarias de Guerrero se acusan de narcos

La Upoeg y el Fusdeg, organizaciones creadas por pueblos de Guerrero para brindar seguridad, se responsabilizan mutuamente de fungir como brazos armados de grupos criminales.

Guerrero

Los 73 kilómetros del corredor Petaquillas-Xaltianguis, a lo largo de la carretera federal Acapulco-Chilpancingo, son la causa del enfrentamiento entre policías comunitarias que ha dejado decenas de muertos.

Herederas de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (Upoeg) y el Frente Unido para la Seguridad y el Desarrollo del Estado de Guerrero (Fusdeg) viven uno de sus momentos más tensos: se acusan mutuamente de fungir como brazos armados de los cárteles de la droga en la zona.

El tramo carretero tiene retenes fijos de cada una de las guardias, lo mismo se pueden ver los uniformes verde olivo de la Upoeg, y metros más adelante, los playeras camufladas de los elementos de la Fusdeg. Ambos bandos aseguran que se puede “transitar libremente”, la única condición es “hacerlo sin uniforme”.

Bruno Plácido, líder de la Upoeg, afirma que la Fusdeg está “imponiendo” operadores del grupo delictivo Los Ardillos en las asambleas comunitarias de los pueblos para tener el control.

Confiesa que la situación que se vive es muy tensa, ha pasado varios días sin dormir por acudir a los pueblos para calmar las cosas y evitar que la situación se salga de control. Sus manos tiemblan, su mirada constantemente se desvía, vive con incertidumbre.

“Aquí (en los pueblos de Guerrero) hay una forma esencial: la asamblea comunitaria. Quien no cumpla con ella, aunque juren que están por el bien de la sociedad, si no cumplen con ese formato, no podemos coincidir. La delincuencia no solo es de quien tiene un arma, sino el que somete psicológica y políticamente a una población”, afirmó.

El dirigente de la Fusdeg, Salvador Alanís, afirma que la Upoeg fundó “su propia banda criminal”, conocida como cártel del Sur Sierra Unida, gente que siembra amapola y que, de acuerdo con el fiscal de Guerrero, Xavier Olea, tiene nexos con Los templarios y el cártel de Jalisco Nueva Generación.

Quienes lo conocen desde hace mucho tiempo aseguran que el líder ha perdido peso, el hombre que dice haber sobrevivido a cinco ataques y miles de amenazas de muerte jura no dormir, o hacerlo poco, “en la última semana he dormido como ocho horas”.

“La Upoeg es el cártel del Sur Sierra Unida que se encarga de traficar, sembrar y vender enervantes. Por eso nos separamos de Bruno, nuestros pueblos los sacaron porque no queremos volver a vivir esta historia de terror”, señala Alanís.

En medio de acusaciones mutuas y la disputa por ese valioso territorio están 12 pueblos. En cuatro de ellos: Petaquillas, Mazatlán, Cajelitos y Dos Caminos, la Upoeg ingresó violentamente para controlarlos.

“Están esperando aplastar al Fusdeg por medio de las armas, por medio de terror y están avanzando. Ahorita ya nos quitaron cuatro pueblos. Llegan con sus playeras verde olivo que dicen “Upoeg”, la gente piensa que son comunitarios y es un cártel delictivo que se dedica al trasiego de droga disfrazado de policías comunitaria”, acusa el hombre del frente.

La principal disputa

Pero la joya de la corona, dice, es el municipio de Juan R. Escudero, conocido como La puerta de las dos costas: en ese punto fluye la droga que se siembra en la parte alta de Costa Grande y que luego es distribuida en la Costa Chica.

Ahí, el pasado 24 de octubre en la localidad de Tlayolapa hubo una balacera, cuando seis camionetas de la Upoeg intentaron ingresar al municipio y fueron emboscados por la Fusdeg. El saldo, siete comunitarios muertos.

Días después de los hechos aún permanecen tres camionetas pick up con los logotipos de la Upoeg en la entrada de la localidad con cientos de impactos de bala. Varios casquillos en el piso y las moscas vuelan sobre la sangre seca. Plácido aseveró que su organización “no puede ser factor de muerte, sino de soluciones. Los compañeros que cayeron eran humildes, fueron nombrados mediante su asamblea y que con mucha dignidad daban la cara por su pueblo. No podemos seguir permitiendo que pierdan la vida irresponsablemente”.

Pese al derramamiento de sangre, Alanís aseguró que su grupo fue elegido democráticamente para mantener la seguridad en el municipio y seguirán velando por ella, a pesar de las incomodidades que, asegura, generen a los cárteles.

“Es la vía de comunicación (Juan R. Escudero), por ahí tienen que bajar recursos económicos, armamento, lo que nosotros no permitimos; entonces, eso le dificulta a los cárteles que tienen que rodear esta zona y deben llevar la goma o la mariguana por terrenos, caminando de dos o tres días, cuando pueden bajar una camioneta y en una hora están aquí, la ponen en otra y la mandan a su destino. Les cuesta mucho a los cárteles que el Fusdeg no tenga acuerdos con ninguno y nos los dejen transitar ni droga ni vehículos robados ni dinero de trasiego ni gente obligada a trabajar en esa situación.”

El mandatario estatal, Héctor Astudillo, minimizó la disputa entre los comunitarios, dice que va a intervenir, pero no informa cuándo:

“El gobernador debe, por supuesto, tener el timing, para saber cuándo actuar. Creo que hay dos rutas: la pacificación a través del diálogo (para) controlar las pasiones, los resentimientos, las querellas, los agravios, y que no se genere más violencia. Y el otro asunto que es el desarme. Pero hay que actuar con prudencia y mucha responsabilidad”.

Ambos grupos piden precisamente un desarme, supuestamente para evidenciar quién sirve a los criminales, pero nadie deja las armas primero; por ello saben que habrá más muertos.

“Hoy ya no es un problema estatal, es federal. Visualizamos que pueda haber un enfrentamiento a gran escala de gente del pueblo con delincuentes”, augura Alanís.

Plácido pondrá en los próximos días su cargo a consideración de los pueblos y representantes de la Upoeg para pacificar la situación y evitar una escalada de violencia:

“Creo que llegó el momento de hacerme a un lado, porque si hay conflicto quiere decir que no estoy conduciendo bien el movimiento. Nos preocupa cuando ya hay muertos, cuando quieren venderle la idea a la gente de que estamos peleando territorio y trasiego de la droga. Es preocupante, hay que discutirlo para revisar quién es el enemigo”.


Con información de: Rogelio Agustín y Javier Trujillo