“Fui policía y no tengo miedo, porque Dios está conmigo”

Son 51 ex funcionarios estatales, municipales y federales, culpables de secuestro, homicidio, tortura o desaparición, quienes se convirtieron en pastores religiosos para “redimirse”.

Ciudad Juárez, Chihuahua

El Centro de Readaptación Social (Cereso) número tres de Ciudad Juárez, Chihuahua, alberga entre sus presos a 51 ex funcionarios estatales y ex policías municipales y federales, sentenciados por delitos como secuestro, corrupción, homicidio, tortura, desaparición forzada  y violación.

Desde hace un año todos estos ex funcionarios decidieron formar un grupo religioso, llamado Nuevo Pacto, de tipo cristiano, para reivindicarse con la sociedad, perdonarse entre ellos e invitar a los internos a sumarse a su redención.

Eugenio de los Santos es uno de los pastores y fue ex policía municipal de Ciudad Juárez, preso desde hace 2 años y 10 meses en el Cereso de esa ciudad fronteriza por el delito de desaparición forzada. Meses después de ingresar al penal se convirtió en uno de los líderes del grupo religioso.

Fue integrante del Grupo Delta, el equipo de élite de la policía juarense, y hallado culpable por la desaparición de cuatro jóvenes de la colonia Praderas de los Oasis el 26 de marzo de 2011 y que días después, el 13 de abril, fueron encontrados muertos en un terreno baldío de la carretera hacia Casas Grandes.

“Hay un resentimiento hacia el policía, tanto afuera como adentro de prisión; hay un coraje. Por eso es un peligro para nosotros, como policías, estar en este penal. En su momento temí, porque pensé ‘cuántos personas de las que metí a la cárcel me irán a reconocer’. Porque sabemos que en un penal hay puntas, sabemos que se meten armas de contrabando y entonces hay riesgo para uno como ex servidor público”, afirma.

A Eugenio lo acompaña Gabriel Sánchez, un ex infante de Marina, quien dejó la Armada por un cargo de alto rango en la Policía Federal. Paga una sentencia de seis años en el Cereso por un homicidio que cometió en 2010; también se convirtió en pastor.

Él tiene la encomienda de llevar el mensaje de Dios a delincuentes peligrosos dentro de la cárcel “para reivindicarlos con la sociedad y con nosotros mismos”, pero principalmente unir a bandas rivales, como Los mexicles, operadores del cártel de Sinaloa, y Los Aztecas, miembros del cártel de Juárez, separados en el Cereso para evitar que se maten.

“Nadie quiere al policía. Nadie. ¿Y sabe cómo es convivir con ellos? Solamente se puede con Dios, solo así se comienza a convivir con los internos de los demás mó- dulos”, dice Gabriel con su Biblia en  las manos.

En la cárcel, el ex policía federal se ha hecho amigo de los secuestradores Jorge Alberto Valles Rodríguez, sentenciado 30 años de cárcel, y de Arturo Fuentes, en proceso de sentencia; del criminal César Iván Luján, quien paga una condena de 10 años por robo, y de los asesinos Adolfo Rojas Hernández, condenado a 39 años, Omar Álvarez Rodríguez, en proceso de sentencia, y Aarón Otoniel Rivera Pérez, sentenciado a 10 años.

“Le pregunté a Dios: señor, si fuí policía federal, ¿por qué no me dejaste en el Estado de México, en la Ciudad de México, Puebla o Veracruz para estar cerca de mi familia? Se lo pregunté varias veces y vino la respuesta: primero, si te hubiera dejado en el DF las sentencias por homicidios son muy altas. Te tuve que dejar en este lugar para que doblaras tus rodillas”, refiere.

El sistema penitenciario de Chihuahua considera que la manera en que los presos se acercan a la Iglesia y a los deportes es una forma de reinserción en  la sociedad.

“Nos congratula que ex funcionarios formen asociaciones religiosas; nosotros lo vemos como una vertiente para la reinserción de los internos y esto no se puede lograr por el Estado, necesitamos de asociaciones civiles”, señala Eduardo González, vocero de los centros penitenciarios de Chihuahua.

Los ex funcionarios presos aceptan que cometieron errores y delitos, pero a través de la Biblia se han perdonado y cuando salgan tienen la intención, “ratificada por Dios”, de hacer el bien, como lo asegura Manuel Noriega Lara, ex policía juarense, preso por un homicidio en mayo de 2013.

“En prisión nunca les he escondido que fui policía y no tengo miedo, porque mi señor está conmigo”, manifiesta.

Los pastores caminan por la prisión con su Biblia. Gabriel también lo hace con un cuaderno en el que apunta los temas que le solicitan los internos para que les explique.

“Uno de los temas que más me piden y que tengo escrito en mi cuaderno es lo referente a los ángeles y los demonios, así como la forma de operar de Satanás; pero también les he compartido quién es Dios, cómo es Dios, cómo opera y cómo trabaja”, platica.

Las misas en la iglesia son intensas, los internos lloran, suben las manos amulando la crucifixión y terminan cantando las alabanzas con un grupo de rock formado por los propios internos del penal.