“No se podía confiar en los policías de aquí”

Un día después del desarme de dos corporaciones, los agentes estatales resguardan las sedes gubernamentales y realizan patrullajes en medio del azoro de pobladores que los ven como visitas extrañas.
Dos patrullas de la corporación estatal a las afueras de una alcaldía.
Dos patrullas de la corporación estatal a las afueras de una alcaldía. (Especial)

Jalisco

De entre las pintorescas fachadas de las viviendas y los negocios comerciales que se encuentran a lo largo de la acera de la calle Puebla en el municipio Unión de Tula, al sur de Jalisco, un lote llama la atención. Tras una malla ciclónica descansa el parque vehicular de la policía del municipio, la cual fue desarmada por el estado debido a sus posibles nexos con el crimen organizado.

A un costado de este predio se encuentra la presidencia municipal que, contrario a lo acostumbrado, ahora es resguardada por elementos de la Fuerza Única Jalisco (FUJ).

De acuerdo con registros periodísticos y la declaración de algunos habitantes, la última vez que ocurrió un homicidio en este lugar, y que contaba con las características de que el crimen organizado estuvo involucrado, fue en 2012.

Sin embargo, la percepción de seguridad entre la gente no era la mejor y el debate de si mejorará con la presencia de la Fuerza Única está abierto. “La verdad es que no se podía confiar en la policía de aquí. Yo no sé mucho del crimen, pero siempre se ha dicho que los policías están bien metidos”, mencionó el propietario de una fonda.

Tras 24 horas del desarme de dos corporaciones policiacas de este municipio, no toda la gente sabe lo que ocurre en la demarcación y ven a los policías de uniforme gris a bordo de patrullas negras como una visita extraña, “como que se vinieron a parar por aquí. Ya ve que dicen que para este lado (del estado) se esconde El Mencho”, señaló un vecino sobre la presencia de la FUJ, cuyos elementos se concentran de manera activa en la comandancia de policía y la presidencia municipal.

En el ingreso al poblado a pie de carretera en un inmueble con las iniciales UBR descansan algunos elementos de la corporación estatal, donde ha sido instalado una especie de campamento que carece de medidas de seguridad: nadie resguarda la entrada y apenas a unos pasos de la puerta de ingreso está el primer tendido en el que duerme un elemento; sus botas y el arma se encuentran a dos metros sobre una mesa.

Aproximadamente 80 kilómetros y tres retenes militares separan a Unión de Tula de Villa Purificación, otra demarcación donde fue desarmada la policía local. “Nosotros estamos atendiendo aquí desde ayer (viernes 15) en la tarde todos los reportes y el patrullaje”, comentó el comandante a cargo de la FUJ.

Cuando arribaron a este municipio, la comandancia de policía ya había sido desalojada, por lo que los elementos que hoy la resguardan no supieron los detalles de cómo se dio este procedimiento. Incluso, mencionaron, ni siquiera han tenido comunicación con el alcalde.

En la misma región sur de Jalisco, en Casimiro Castillo, se cumple casi medio año del desarme de la policía municipal, tiempo en el que la FUJ se ha hecho cargo de la seguridad.

Los elementos estatales que resguardan municipios laboran bajo un esquema de 15 días activos, seis días de descanso y la incertidumbre de cuánto tiempo permanecerán en esta labor, mientras el Ejército patrulla a las afueras de las comunidades de las zonas calientes y mantienen puntos de revisión en la carretera con imponentes tanquetas.