Niños se protegen de las balas con operativo tortuga

Los maestros de una primaria en Tampico les enseñaron a los alumnos que los operativos tortuga, cocodrilo, canguro u hormiga pueden salvar su vida.

Ciudad de México

La alarma sonó cuando Cristian comía tacos dorados en el patio de la primaria. Soltó su comida y se tiró al piso. Se hizo rosca: se cubrió la cara con las rodillas y la nuca con las manos. Así lo habían enseñado.

Aplicó el llamado "protocolo tortuga" que le enseñó la brigada de protección civil en su escuela.

Cristian tiene 11 años y cursa sexto grado en la Primaria Venustiano Carranza de Tampico, Tamaulipas. El único acercamiento con una balacera han sido los simulacros que se realizan en su escuela.

La directora de la escuela, María Magdalena Flores, explicó en entrevista que dado a las circunstancias de violencia en la región, se han visto en la necesidad de agregar el protocolo de situaciones de riesgo y hacer simulacros. Los maestros se han capacitado en tácticas de protección civil.

La directora explicó que la escuela a su cargo está cerca de una avenida donde están expuestos a situaciones de inseguridad, "tenemos que prepararnos para estas nuevas situaciones (de violencia)".

En Tamaulipas se han registrado enfrentamientos entre miembros del cártel del Golfo, Los Zetas y fuerzas federales. En el primer cuatrimestre de este año, se han registrado 338 homicidios dolosos, 147 secuestros y 128 extorsiones, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Para proteger la vida de los niños en caso de una balacera, en la escuela Venustiano Carranza se crearon cuatro operativos con nombres de animales para que los alumnos tengan un aprendizaje significativo, es decir, lo asocien con algo de su interés, que les guste y llame su atención.

"No les vamos a decir en una situación de riesgo tírense de pancita: es mejor en una clave práctica y que estén al pendiente", explicó la directora.

Cuando hay una situación de riesgo adentro del salón de clases, los niños deberán aplicar el "operativo cocodrilo": el alumno se acuestan bocabajo, recoge sus brazos, sus manos las coloca en la cabeza y tapa sus oídos.

Si el estudiante está en el patio mientras ocurre una balacera, se aplica el "operativo tortuga": se tiran al piso. Su rostro lo cubre con las rodillas y protege su cabeza con las manos. "Se hace conchita, bolita", como las tortugas cuando recogen sus patitas y meten su cabeza, explicó la directora.

Si un niño se accidentó durante el desalojo se aplica la "operación canguro": otro compañero va y lo auxilia o lo tranquiliza. Así como los canguros que siembre protegen a sus crías.

El "operativo hormiga" lo llevan a cabo los niños cuando tienen que dirigirse a un punto de reunión. No deben alterarse, y como las hormiguitas, una va detrás de otra.

Enrique Gaytán, representante del grupo sexto B ante la asociación de padres de familia, explicó que para alertar a los alumnos utilizan el timbre de la escuela. "El tono de recreo es muy diferente: es un tono largo, largo, trabado. En caso de situación de riesgo es un timbre intermitente".

Al escuchar la alarma, los alumnos "saben que no es para ir al recreo o su hora de salida. (Ellos) en la situación en la que se encuentren ya saben qué hacer. El brigadista en turno vigila que el alumno esté en posición, claro, siempre resguardándose", dijo Gaytán.

Los operativos con nombre de animales, se han implementado de acuerdo con las medidas de protección civil. "Las balas siempre aciertan de la cintura hacia arriba. Si ellos se tiran al suelo y se cubren están más protegidos. Se han hecho ensayos con ellos, en el salón, en el recreo, cuando están desprevenidos".

El representante de grupo prefiere evadir la palabra "balacera". En la escuela le llaman "situaciones de riesgo dentro de la zona para que los niños no manejen esos términos"

A partir del éxito que tuvo la brigada de protección civil para ubicar puntos de evacuación, salidas de emergencia en casos de sismo, incendio, entre otros, fue como se solicitó crear e implementar una brigada en casos de inseguridad.

Cristian recordó que su último simulacro fue el martes. Cada semana se realiza al menos uno. Él es uno de los 612 alumnos del turno matutino que escucharon el timbre, y que aplicaron el protocolo de acuerdo con el lugar donde se encontraban. La vida sigue. No pasó nada. Sólo fue un simulacro.