REPORTAJE | POR ENRIQUE MENDOZA

De 'narcotúnel' a centro cultural

Descubierto en 2004

La construcción que sirvió para trasladar drogas hacia EU y armas hacia México, es hoy una casa comunitaria binacional para la difusión de expresiones artísticas, y aunque se batalla para conseguir recursos, el inmueble prueba la transformación de Tijuana.

Tijuana

Desde Matamoros hasta Tijuana, en los tres mil 152.9 kilómetros de frontera de México con Estados Unidos, los narcotraficantes prefieren construir túneles, por cientos. Los protagonistas del crimen organizado, siempre ingeniosos y vanguardistas, “innovaron” su uso para traficar droga y personas de México a Estados Unidos mientras las policías estadunidenses custodian las garitas. Y de norte a sur, el contrabando incluye armas por miles, toneladas de balas de todos los calibres y, por supuesto, hartos dólares.

Un día, en Tijuana, el 8 de julio de 2004 para ser exactos, la Border Patrol ubicó una bodega del lado estadunidense de la cual los uniformados de verde notaron actividades sospechosas. Eran tiempos todavía del apogeo del cártel Arellano Félix. Los policías gringos fingirían sorpresa: Cuando ingresaron al misterioso inmueble encontraron un sofisticado narcotúnel que, luego se sabría, empezaba en México.

En aquella ocasión, como dicta la costumbre policiaca, las autoridades de México hasta invitaron a la prensa para presumir el hallazgo al mundo entero. La cita fue en la calle Chapo Martínez número 133 de la antigua colonia Federal de Tijuana, ubicada a menos de un kilómetro de la garita de San Ysidro, lejos de las cámaras y caninos diestros en la localización de estupefacientes.

El narcotúnel medía por lo menos 50 metros de largo; empezaba en la citada casa de la colonia Federal y conducía a una bodega en “el otro lado”. Ciertamente, de los cientos de narcotúnles descubiertos en la frontera de México con Estados Unidos en las últimas décadas, muchos terminan en el limbo, otros convertidos en tienditas (punto de venta de droga) o picaderos (lugares donde los drogadictos se suministran sustancias prohibidas); algunos se encuentran en etapa de litigio.

En el caso de Tijuana, a esta casa, en boga desafortunada en aquellos años, pronto le cambió la suerte.

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Aunque entre 2004 y 2007 estuvo abandonada, fue bautizada por los incrédulos vecinos como La casa del túnel, fama de la que ya no pudo desprenderse. En ese tiempo, la tradicional casa tijuanense construida en la década de los cincuenta experimentaría una suerte de limbo legal hasta que el propietario, don Gabriel Moreno Lozano, finalmente ganó el embrollo legal alegando que el narcotúnel no era suyo, sino que solamente rentaba el espacio a unas ventajosas personas que hicieron mal uso de la casa al construir el pasadizo clandestino. Total que los arrendatarios fueron capturados y encarcelados por delitos contra la salud y otros achaques.

En 2008, el artista Luis Ituarte logró convencer al propietario que le rentara el espacio para inmediatamente convertirlo en lo que actualmente se conoce como La Casa del Túnel. Art Center. Ituarte era entonces vicepresidente del Consejo Fronterizo de Arte y Cultura (COFAC), y consumó la idea de convertir al lugar de “mala reputación” en un centro para las artes. El artista se inspiraría entonces en Herb Alpert (Los Ángeles, 31 de marzo de 1935), músico que utilizó la “mala imagen” de Tijuana para idealizarla en su música.

Entre 2008 y 2012, La Casa del Túnel fungió como un centro cultural independiente donde sucedieron talleres de artes plásticas, exposiciones, lecturas de poesía, conciertos y toda suerte de expresiones artísticas binacionales.

La difusión del arte local e internacional también fue posible gracias a la mancuerna realizada entre La Casa de Túnel y proyectos independientes como el Festival de la Ciudad Tijuana Interzona; se cita, por ejemplo, la concurrida exhibición Fotografías de la Revolución Cubana, montada en septiembre de 2009 con fotógrafos como Alberto Korda, José Alberto Figueroa y Raúl Corrales, bajo la curaduría de Darryl Couturier.

La importancia de La Casa del Túnel radica en que ahí también converge el arte no oficial, como una suerte de contrapeso a la agenda de las instituciones culturales de todos los niveles de gobierno.

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La Casa del Túnel está escondida. No podía ser de otra forma. Entiéndase que cuando fue elegida por los malévolos para construir un ilícito túnel, la casa no debía ser blanco de los mirones sobre todo debido a la salida constante de carros cargados de tierra; mucho menos un lugar sospechoso para las a propósito miopes o desentendidas policías.

No hay posibilidades de nortearse: Luego de transitar por las farmacias y tugurios, hoteles o taquerías, burros-cebras para la tradicional foto y tiendas de mexican curios de la Avenida Revolución, pasando por el monumental Puente México y la siempre desolada Plaza Viva Tijuana, al llegar a la Avenida de la Amistad, de ahí, hacia la izquierda, es decir al Oeste, a solo cuatro cuadras se localiza la ya célebre Casa del Túnel.

José María Larroque, Pastor Ramos, Clemente Angulo y Mendoza son las cuatro calles que conducen a La Casa del Túnel; en ambas aceras algunos vecinos rentan parte de sus casas para la instalación de drugs stores y dentistas, importadoras o casas de cambio.

Al terminar las cuatro cuadras, un muro de block como de cinco metros supone el fin de la Avenida de la Amistad. Pero hacia la izquierda aparece de repente la calle Chapo Martínez. De terracería, el callejón de 50 metros, paralelo a la Avenida Internacional, conduce hasta la recóndita casa.

La Casa del Túnel es como a un barco anclado en plena tierra fronteriza. Macetas y plantas dan la impresión de que hasta monte le salió al abandonado navío a su alrededor. El primer piso está cubierto por una estructura metálica en forma de rompeolas color café. La forma cóncava de la primera planta tiene dos puertas también metálicas que conducen al lugar donde se suceden talleres de artes diversos.

El segundo nivel está acondicionado con oficinas, pero sobre todo es un espacio de amplias y blancas paredes para exposiciones artísticas. Y en el último piso, de cemento, está el área más popular: Una extensa terraza de unos 200 metros cuadrados, utilizada para conciertos y lecturas de poesía, presentaciones editoriales o performance, teatro y danza.

Diez mesas de madera con sus respectivas sillas, un escenario con techo metálico y barandales de metro y medio, caracterizan la terraza. Al igual que en el primer piso, macetas de buganvilias y otras plantas ornamentan la azotea. En la proa de la casa ondean dos banderas, una de México y otra de Estados Unidos.

Desde la terraza, hacia la unión americana, se observa a cinco metros la Avenida Internacional mexicana; a 15 metros se erige el primer muro metálico de unos siete metros de altura que divide Estados Unidos de México; después está la carretera por donde la Bordel Patrol hace sus rondines, y a otros 10 metros se levanta la segunda valla, ahora de cinco metros. En seguida se localizan un estacionamiento extenso, edificios y bodegas. Hasta allá desembocaba el mentado túnel.

Del lado opuesto, es decir hacia México, abundan los techos de las casas típicas de Tijuana: verdes o rojos, los colores de los recubrimientos de brea sobre madera, para mitigar más el sol que la lluvia.

Música, lecturas de poesía, presentaciones editoriales y otras actividades artísticas suceden en la terraza durante las noches, mientras en las cercanías destacan la recién inaugurada garita El Chaparral, la Avenida Internacional, la garita de San Ysidro y las casas vecinas de la Colonia Federal tijuanense.

Aunque Luis Ituarte ya no la dirige, La Casa del Túnel sigue gozando de prestigio.

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Luego de que Luis It.uarte emprendiera otras aventuras en 2013, la afroamericana Makeda Dread Cheatom tomó las riendas de La Casa del Túnel en mayo del mismo año, con la colaboración en Tijuana de Kena Carbajal. Makeda es también fundadora y directora ejecutiva de WorldBeat Cultural Center en San Diego, California; y en 2010 creó Cultura Beat, AC. en Ensenada, Baja California.

“Desde muy joven traje reggae y ska a Tijuana”, dice Makeda al evocar su inevitable vínculo con Baja California en los últimos 30 años, y hasta recuerda ser la promotora de la visita a la ciudad fronteriza de reconocidos grupos como Cultura Profética y Los Cafres.

Cuando Luis Ituarte optó por otros proyectos, La Casa del Túnel quedaría meses después en buenas manos: Makeda estableció entonces la asociación civil Culture Beat en ese recinto tradicional porque, a diferencia de Ensenada, sostiene en entrevista, Tijuana está más cerca de WorldBeat Cultural Center ubicado en San Diego, California.

En colaboración con el programa Juventud en Riesgo, entre mayo y septiembre de este año La Casa del Túnel ha trabajado con niños y adolescentes en situación de calle, ofreciéndoles talleres de percusión, performance, danza y lectura de cuentos.

Kena Carbajal recuerda con ironía a los niños víctimas del fenómeno del narcotráfico realizando actividades en un sitio simbólico como La Casa del Túnel, que en su momento funcionó como un lugar para tráfico de drogas:

“Es muy curioso porque muchos de estos niños perdieron a sus padres por las drogas, los niños estuvieron en el DIF (Desarrollo Integral de la Familia) porque sus padres están internados, sumidos en las drogas completamente; entonces sus vidas iban para allá también, y a raíz de que visitan a la Casa del Túnel viene una transformación para esos niños”.

Aunque apenas tiene unos cuantos meses dirigiendo La Casa, Makeda tiene bastante claro el rumbo: “Va a ser un centro de arte comunitario y no un centro de arte elitista, porque estamos llenos de eso y no necesitamos más”.

En Tijuana, Kena Carbajal asiste a la directora; están en sintonía: “Makeda nos dice que tenemos que trabajar para hacer sustentable este lugar, para la comunidad, no estar dependiendo siempre de los apoyos que pudieran venir del gobierno, los cuales no tenemos; entonces tenemos que trabajar con lo que tenemos”, agrega Kena.

“Es súper importante que estas instituciones como La Casa del Túnel no sean dependientes, sino que sean autosustentables, y que los artistas puedan vivir del arte que hacen”, sostiene Makeda.

Dread Cheatom no solo trabaja con artistas de Tijuana, sino también de San Diego. Asegura que en 2014 se montará una exhibición sobre la historia afromexicana con creadores de la zona binacional y también trabajará con niños mixtecos de la populosa colonia Valle Verde.

Por lo pronto, la directora actualmente lleva a cabo un proyecto de recreación del túnel original descubierto el 8 de julio de 2004; el artista Anh Pham es el encargado de diseñar el interior del pasadizo del ahora nombrado Museo del Túnel que iniciará dentro de la casa y concluirá en el patio: “Dentro de lo que fue propiamente el espacio físico del túnel va a haber un salón, donde se van a traer diferentes actividades holísticas, todo es parte del arte, no tiene por qué estar dividido”, propone Makeda.

Finalmente, la directora reflexiona cómo una casa de “mala reputación” ha sido convertido en un centro cultural: “Esto es parte de la transformación de Tijuana, que toda esta negatividad se convierta en algo positivo, como el símbolo del Yin Yang”, concluye Makena Dread.

El Museo del Túnel estará abierto al público en general a partir de diciembre de este año.