Entre la mugre, los últimos días de 'Kike'

El capo se rodeó de revistas de chismes y accesorios para vaquero en su exilio.
Guarida del líder de 'Los caballeros templarios'.
Guarida del líder de Los Caballeros Templarios en Colón, Querétaro. (Jesús Quintanar)

Querétaro

Enrique Plancarte pasó sus últimos días como un ranchero adicto a las noticias de la farándula y con serios problemas de higiene. Eso es lo que puede inferirse por los desechos que quedan tras su caída en Colón, un pequeño poblado de Querétaro.

Revistas del corazón y de chismes. Chaparreras. Guantes de vaquero y videos de jaripeos. Papeles sanitarios desechados: eso es de lo que Plancarte decidió rodearse en su exilio, perseguido desde hace varias semanas por fuerzas federales. Oculto desde finales de febrero en una diminuta casa de la calle Puebla, terminó por vivir rodeado de basura y parafernalia de vaquero, en medio de un punzante olor a comida descompuesta y latas semivacías.

Fue detectado por agentes encubiertos en un partido de futbol de la liga llanera municipal el domingo al mediodía. Dos versiones predominan sobre lo que siguió. La gubernamental apunta a que huyó y logró eludir la captura escondiéndose hasta la tarde del lunes, cuando fue baleado en la calle tras abrir fuego contra tropas federales. La local, la que repiten los vecinos, dice que fue el mismo domingo cuando fue abatido, cuando buscaba esconderse en su casa de seguridad.

"Plancarte quiso darse a la fuga abriendo fuego, pero fue abatido, se le ubicó vía aérea, nos dieron el reporte, se le acordonó el área, se le invitó a entregarse pero no aceptó y comenzó a disparar para darse a la fuga, pero la agresión fue repelida y cayó herido", dijo el director de Seguridad Pública Municipal, Abel Sánchez Ledesma.

'El Kike' en el exilio

Un vecino de Plancarte narra que "el señor era amable porque decía buenas tardes o adiós, pero como es un pueblo tranquilo (...) apenas iba para las tres semanas, no andaba en vehículos de lujos ni nada".

Como el money man de un cartel del narcotráfico que llegó a controlar buena parte de la economía de Michoacán con base en una extraña mezcla de culto, filosofía de superación personal y tradicional extorsión criminal, Plancarte nunca debió estar corto de dinero. Por eso no deja de ser extraño que haya venido a este pequeño poblado de Querétaro, a casi 500 kilómetros de Michoacán, a pasar los últimos días de su vida en una diminuta casa, entre envolturas de golosinas, botellas de agua descartadas y pañuelos sucios.

Eso es lo que revela, en una primera lectura, la discreta casa de seguridad que rentó desde febrero pasado muy cerca de la presidencia municipal de Colón.

Pero eso es solo una lectura somera, porque Plancarte no vino a Colón a perderse en la humildad de la casa de 80 metros cuadrados. Vino a su retiro personal, a convertirse en ranchero. Pobladores confirmaron que poseía un rancho a las afueras del pueblo, una propiedad que todavía ayer fue cateada de nuevo por fuerzas militares.

Si es posible medir la personalidad de un hombre por los objetos con los que decide rodearse, Plancarte resultó al final de su vida una persona afectada por problemas gástricos, de autoestima y con la ya mencionada regresión ranchera.

Lo primero por la abundante colección de medicamentos para la gastritis en la casa de la calle Puebla. Lo segundo por las cajas de tinte de cabello y shampoos anticalvicie que yacían en el suelo de la habitación que ocupó hasta hace unas horas, cuando fue abatido por fuerzas federales.

Lo tercero por los guantes de vaquero, botas de trabajo y chaparreras para montar dispersas en los closets, además de varios videos de rodeos y caballos.El último canal registrado en su televisión apuntaba a ese retorno naturista: National Geographic.