Bajo resguardo militar, regresan a clases en Guerrero

Fueron 680 planteles los que cerraron por la delincuencia; en algunos colegios pidieron a los padres firmar una carta en la que asumen la responsabilidad de enviar a los niños a la escuela.

Guerrero

Dos soldados por escuela. Así tuvieron que reabrir los planteles educativos en la montaña baja de Guerrero, tras un par de meses sin clases por el sismo del pasado 19 de septiembre, pero sobre todo, por la violencia generada por dos grupos del crimen organizado que se disputan la plaza.

Para este miércoles, 99 por ciento de los planteles en esta región ya estarán abiertos —según cuentas de la Secretaría de Educación estatal—, aunque con otra situación particular: algunos colegios pidieron a los padres de familia firmar una carta responsiva deslindándose de la seguridad de sus hijos.

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La dependencia contabilizó 480 planteles que fueron afectados por esta situación en los municipios de Ahuacuotzingo, Chilapa, José Joaquín Herrera y Zitlala.

La Dirección Regional de Servicios Educativos de la propia secretaría aseguró que en el municipio de Atlixtac también cerraron las escuelas, y en total fueron 680 los colegios de todos los niveles y 62 mil 870 alumnos que pararon actividades.


Las autoridades federales, estatales y municipales tuvieron que intervenir en esta región para que los niños pudieran volver a las aulas.

El Ejército y las corporaciones locales desplegaron a 500 elementos para resguardar 23 rutas carreteras que recorren maestros provenientes de municipios vecinos, como Chilpancingo y Tixtla, entre otros, para llegar a las comunidades donde dan clases.

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Militares y policías también resguardan los inmuebles educativos, principalmente a la hora de entrada y salida de los menores. El operativo comprende, además, la instalación de filtros en los municipios y las comunidades donde la inseguridad se ha agravado en los meses recientes.

A pesar de este despliegue de fuerzas de seguridad, algunas escuelas pidieron a los padres de familia firmar una carta responsiva, porque aseguran que no hay garantía total de seguridad para los estudiantes ni para los maestros y personal administrativo.


Esto ha ocurrido principalmente en Chilapa, el municipio con la mayor matrícula de estudiantes.

En el jardín de niños Amado Rodríguez, ubicado a un costado de la presidencia municipal, la dirección del colegio distribuyó una responsiva con cuatro numerales “en atención a las disposiciones respecto al inicio de labores escolares”.

En el primer punto, la escuela responsabilizó a los padres de familia “de mandar o no a clases a sus hijos”.

“Los docentes se responsabilizan única y exclusivamente de la enseñanza de los alumnos”, se lee en el segundo apartado.


En el tercer numeral de la responsiva, signada por la directora Alberta Flores Jaimes, ilustra lo que se vive en la montaña baja de Guerrero por estos días.

“Se establece como norma de seguridad que si en el transcurso de la mañana de trabajo se suscitara una situación de inseguridad, se pide a los padres de familia mantener la calma y los niños se entregarán en un tiempo pertinente de 30 minutos después de ocurrido el incidente”.

El último punto refiere que “no se entregarán a los niños, si no presenta el gafete y se reitera que la hora de salida es a las 12 pm de manera puntual”.

En otros casos, las autoridades educativas les pidieron a los padres de familia “estar atentos a los teléfonos por si pasa otra cosa, como las que han estado pasando”.

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Chilapa también es el municipio más afectado en la montaña baja de Guerrero por la violencia; tan solo en el año reciente los homicidios dolosos se duplicaron.

Sin embargo, en un comunicado fechado el 17 de noviembre, la Secretaría de Educación del estado pidió a los jefes de sectores, supervisores y directores del sector educativo en Chilapa y Zitlala, reabrir los planteles.

“Las condiciones para el regreso a clases están dadas”, afirma el documento firmado por el secretario técnico de la dependencia, Jorge Sotomayor Landeta.

Las autoridades municipales también confiaron en que la vigilancia militar y el resto del dispositivo de seguridad será suficiente para que las escuelas se mantengan abiertas.

“Estamos contentos, por ese lado, creemos que los docentes y alumnos están teniendo confianza en las diferentes dependencias de gobierno y ya es poca la resistencia que puede haber al respecto para que no regresen a clases”, consideró Esteban Román, secretario general de Chilapa.

En este municipio, 12 de las 65 escuelas de todos los niveles que se encuentran en la cabecera municipal no abrieron. Durante un recorrido, MILENIO constató que en estos planteles se normalizaron las actividades.

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A pesar de ello, algunos padres de familia están preocupados por los más de dos meses que sus hijos no tuvieron clases.

El secretario de Educación estatal aseguró que “el servicio educativo nunca se interrumpió”. Padres de familia en Chilapa revelaron que durante este periodo de paro, los maestros les enviaron tareas por WhatsApp, “que a veces no les entendíamos”.

González de la Vega también dio a conocer que para recuperar las clases perdidas, en algunos casos se prolongará “media hora” el horario, en otros se realizarán “ajustes en los recesos para que se pueda ir recuperando lo más posible”.

“Los padres de familia estaban entre esa decisión de si mando a mi hijo y exijo que me den clases y también la indecisión del tema de la seguridad”, aseveró.

Luego de un cierre que comenzó por el sismo y de amenazas de grupos delictivos a maestros, los niños de la montaña baja de Guerrero volvieron a las aulas. Militares y policías estatales resguardan las escuelas y después recorren el zócalo y las calles de Chilapa, uno de los municipios más peligrosos en el estado más letal del país.