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Madre de presos en Malasia espera verlos en México

Carmen Villarreal comenta que se enteró por tv de que sus hijos libraron la horca.
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En medio de la tormenta que azotó a Culiacán este jueves, Carmen Villarreal se enteró por medio de la televisión de que sus hijos, presos en Malasia por narcotráfico, fueron perdonados por el sultán del estado de Johor, lo que le devolvió la esperanza de volver a abrazarlos, y ahora pide apoyo a las autoridades mexicanas que apelen para lograr bajar su condena.

La familia de Simón, Luis Alfonso y José Regino González Villarreal habita una humilde vivienda de la colonia Loma de Rodriguera, al norte de la ciudad. Hasta el momento la cancillería no ha establecido contacto con ella para notificarle que el sultán cambió la pena a los hermanos, acusados de narcotráfico por la sentencia de cadena perpetua, pero gracias a una vecina se enteró de la noticia que la inundó de felicidad.

“Estuve esperando en la tele hasta que salió, que los habían perdonado y me sentí bien contenta, muy feliz, con alegría; era lo principal que yo pedía, que no les fueran a hacer ese daño (la horca). Dios me escuchó que no les pasara eso”, expresó la mujer en entrevista con MILENIO.

Los hermanos viajaron a Malasia en febrero de 2008, le prometieron a su madre regresar el 10 de mayo, pero el 4 de marzo fueron detenidos en una fábrica de la ciudad de Johor en ese país. En 2012 fueron sentenciados a morir en la horca, pero su ejecución se aplazó gracias a diversas apelaciones de la cancillería. Esos 10 años han significado desdicha para la familia.

“Si ellos hubieran dicho a su papá dónde iban, no los hubiera dejado ir, pero no dijeron nada. Empecé a sentirme así, con la diabetes cuando agarraron a mis hijos. Por lo mismo del azúcar, primero me cortaron una pierna y al año, la otra”, comentó.

La casa de la familia González Villarreal se localiza en una de las zonas afectadas por la depresión tropical 19-E; aunque el nivel del canal llegó hasta la entrada de su vivienda, no resultó dañada. Es una mujer creyente, cuya fe la mantienen optimista.

No duda de la inocencia de sus hijos, quienes durante su juventud en México trabajaban duro en una ladrillera.

“Eran buenos, no me daban problemas de que anduvieran mal, eran buenos mis hijos (…) No me dieron mortificaciones de nada, ellos puro trabajar; siempre llegaban a la casa temprano. Y ahora me dicen ellos, ahora que vayamos si Dios quiere, vamos a ser mejores que antes.”

A sus 74 años y con su salud deteriorada, mantiene la esperanza de reencontrarse con ellos en México. “Mi hija dice que no puedo viajar porque es muy largo el viaje. Tengo mucha fe de que sí los voy a volver a ver”, respondió.

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