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Los criminales acechan las vías como en el Viejo Oeste

Especiales Milenio/Crónica

El robo a trenes no solo es un tema de preocupación por las pérdidas de las empresas; es un asunto de seguridad nacional por lo que implica un derrame de químicos o colisiones para las comunidades aledañas a las rutas ferroviarias.
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Como si se tratara del viejo oeste, los criminales acechan desde la montaña en espera de descarrilar y asaltar el tren de carga. Conocen las brechas, los atajos y podrían tener el pleno conocimiento de las vías férreas por la manera en que han provocado que los vagones salgan del camino en los últimos meses. Por ello, el despliegue de efectivos de la División de Gendarmería de la Policía Federal en la zona montañosa central de Veracruz no puede tener errores, y más porque la seguridad de miles de habitantes va de por medio.

El robo a trenes no solo es un tema de preocupación por las pérdidas de las empresas; es un asunto de seguridad nacional por lo que implicaría un derrame de químicos o colisiones para las comunidades aledañas a las vías del tren.

Es mediodía y el sol cae a plomo en Acultzingo, Veracruz. El termómetro marca 36 grados y no hay nubes en el horizonte. El poblado, a pie de las vías, se ha convertido en una base de operaciones para elementos de la Gendarmería, fuerzas de seguridad estatales y el Ejército, en acuerdo con el gobierno de la entidad.

Este último instaló, apenas este fin de semana, una base de policía militar y tropas regulares, como parte de los refuerzos de vigilancia.

El oficial Óscar López, comandante de la Gendarmería en Orizaba, delinea con su equipo de uniformados la estrategia para el acompañamiento de un tren considerado como prioritario. Va de sur a norte y pasará por tres puntos considerados de alto riesgo por la incidencia de robos en la zona: Vaquerías uno, Vaquerías dos y Huaxtitla.

El mandato es resguardar todos los trenes de carga, pero la tensión aumenta ante los prioritarios, considerados así porque contienen químicos. En este caso, los vagones que arrastra la locomotora que salió hace 40 minutos de Orizaba transportan cloro, diésel e hidróxido de sodio o sosa cáustica.

Para cuando llega a Acultzingo, cuatro patrullas y una decena de gendarmes ya están apostados a lo largo de la vía, y mantienen comunicación con las demás fuerzas de seguridad y los trabajadores de Ferrosur, empresa de Ferromex, encargada del transporte de carga en la región sureste de México.

El tren hace una parada que no esperaban los gendarmes.

—¿Por qué para, por qué para?

—pregunta insistentemente por radio el oficial cuyo indicativo es Jungla.

De inmediato, personal de Ferrosur le responde que todo está bajo control, es necesario hacer maniobras para dar tiempo al siguiente tren.

El oficial continúa dando órdenes para resguardar completamente la máquina que se ha quedado estacionada. La inquietud se dispara en esos momentos, pues hay que revisar que ningún criminal esté agazapado entre los vagones o que aprovechen para subir y más adelante vandalizar el tren. Es zona poblada y hay gente caminando en los alrededores.

“Ellos manejan civiles que van halconeando los trenes, conocen el terreno desde las alturas y sobre el avanzar de los trenes colocan obstáculos, objetos ajenos a las vías con el propósito de que las tuberías se rompan y se tengan que activar los frenos de emergencia, es ahí donde aprovechan para atracar a los trenes”, explica Felipe Carbajal, policía primero de Gendarmería.

El tren reanuda la marcha. Se dirige a Vaquerías uno, otro cruce crítico porque es una zona despoblada, rodeada por montañas repletas de vegetación y brechas desde donde los criminales pueden avizorar el paso del tren y donde en los últimos meses ha ocurrido la mayoría de los descarrilamientos. Otro grupo de efectivos se moviliza hasta ese punto.

En total, son 44 kilómetros de vía que resguardan unos 50 elementos de la Gendarmería en Veracruz, la vigilancia es itinerante las 24 horas. Incluso de noche acompañan a los empleados de Ferrosur para hacer reconocimientos en ciertos tramos de la vía y verificar que los seguros de los rieles no hayan sido sustraídos, lo que provocaría que el tren saliera del camino.

Pero aunque sea una zona despoblada, el peligro para la población y el entorno siempre está latente.

El tren es una bestia de más de 25 toneladas corriendo a 50 kilómetros por hora, por lo que en un descarrilamiento todo puede ocurrir.

“Supongamos que trae amoniaco y los contenedores se descarrilan, el material se derrama. Sería una catástrofe ambiental y para la población, aquí hay nacimientos de agua cerca de la montaña, tenemos cerca la cabecera municipal de Acultzingo”, explica el policía Carbajal.

Esa es la principal preocupación de los habitantes aledaños, no las pérdidas que las grandes empresas puedan tener. Ellos son los que viven en la incertidumbre de no poder salir tranquilamente por temor a que durante el atraco a un tren se desate una balacera, o que simplemente irrumpa un contenedor con químicos en su hogar.

“Los delincuentes no piensan en los daños que pueden provocar. Han descarrilado trenes con granos y mercancías, pero también los que traen químicos, hasta ahora no ha ocurrido una tragedia mayor, pero el día que ocurra quién nos va a proteger y quién se va hacer responsable. Es feo, no tenemos tranquilidad”, lamenta Isabel Reyes, vecina de las vías del tren.

Por eso, el operativo especial para combatir el robo de mercancías en trenes lleva un poco más de tranquilidad a los pobladores de Acultzingo, municipio con poco más de 20 mil habitantes.

“Ojalá se quedaran de manera indefinida y no solo para la foto”, lanza Martha González, vecina.

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