La liga con 'Nueva Generación'

Grupos de 'autodefensa' de Tepalcatepec, municipio de Tierra Caliente, reconocen tratos con el cártel de Jalisco. “No les recibimos ni una bala, pero estamos agradecidos con ellos”, dice Kiro, ...
Desfilaron por calles de Tepalcatepec y Buenavista Tomatlán.
Desfilaron por calles de Tepalcatepec y Buenavista Tomatlán. (Jorge Carballo)

Michoacán

Sabe que sus palabras van a causar polémica. Descalificaciones, pero dice que así es él: ranchero, francote. Jura que odia las mentiras, así que hace revelaciones sobre las amistades peligrosas que tienen las autodefensas de Tepalcatepec:

“No hemos recibido ni un tiro (ni una bala) del cártel Jalisco Nueva Generación, pero sí estamos agradecidos con ellos”.

Es cincuentón, chaparro, robusto. Es pequeño ganadero. Se llama Ángel Gutiérrez Aguilar. Le dicen Kiro. Se mantuvo a la sombra desde hace un año. Alejado de las cámaras y micrófonos, a diferencia del doctor José Manuel Mireles, quien era el rostro visible del movimiento. Hasta ahora, cuando Kiro admite ante MILENIO que él fue quien organizó el levantamiento armado de las autodefensas contra Los caballeros templarios en Tepalcatepec, en la Tierra Caliente de Michoacán, la tarde del 24 de febrero de 2013.

También estuvo al frente —cuenta— de la coordinación con la gente del poblado de La Ruana (perteneciente al municipio vecino de Buenavista Tomatlán), para que el alzamiento fuera simultáneo (La Ruana se sublevó una hora antes que Tepalcatepec). Él fue el orquestador —admite—, siempre bajo la batuta de Juan José Farías, El Abuelo, detenido por el gobierno federal el sexenio pasado acusado de tener presuntos vínculos con narcos, y hermano de Uriel Farías, ex alcalde del lugar que defenestró del ayuntamiento al alcalde en funciones, Guillermo Valencia, según ha denunciado este último.

Por lo pronto, un año después, los alrededor de mil ganaderos de Tepalcatepec, que tienen unas 20 mil cabezas de ganado, y que tenían que pagar 13 millones de pesos de extorsiones al año han dejado de hacerlo. Las autodefensas de aquí aseguran que, a diferencia de lo que sucede en Tancítaro (productores de aguacate), Parácuaro (mango) y Aguililla (empresarios mineros), ellos no le cobran un céntimo a los criadores como “ayuda” para su movimiento.

—¿Ya nadie paga extorsión de ningún tipo aquí en Tepalcatepec? —se le pregunta a Kiro en sus corrales donde alimenta a una treintena de vacas y becerros. 

—Aquí no. Aquí no paga nadie.

—¿Nadie obliga a nadie?

—Nadie obliga a nadie.

—¿No vamos a saber, al rato, en tres, cuatro, cinco meses, que ustedes se convirtieron en los malos y andan extorsionando al pueblo? ¿No va a pasar eso?

—No debe pasar. Y si aquí uno dentro del pueblo está haciendo una mamada de esas, nosotros mismos lo vamos a joder, sin necesidad de que venga el gobierno.

—¿Nadie de ustedes se va a volver cacique y va a estar jodiendo a la gente?

—Nadie. En este pueblo yo le aseguro que nunca va a suceder eso.

Se hace un silencio. Luego se le hace ver que hay informes de los cuerpos de seguridad del Estado en los que se les relaciona con el cártel Jalisco Nueva Generación: en éstos se afirma que fueron armados y provistos de vehículos por esos criminales, al menos al principio del levantamiento. Lo niega enfáticamente.

—Aquí, tratándose de nosotros, de mí, del viejito, que es El Abuelo, no hemos recibido un tiro (bala)de otra organización. Ni siquiera un tiro, cuantimás una pistola, un rifle, o algo.

—¿Nunca vanos a saber que fueron armados por esa gente?

—No, jamás de los jamases.

—Lo que sí sabemos es que se les acercaron, ¿no? —se le insiste y acepta las relaciones que han tenido con ese cártel.

—Sí, sí. Que sí nos ofrecieron ayuda, sí. También estamos agradecidos con ese cártel, con la entrada que nos daban para curarnos, ¿me entiende? Porque a Apatzingán no podíamos ir. Había un enfermo que no lo podían curar los médicos de aquí, y ellos nos daban permiso para brincar a Ciudad Guzmán o Guadalajara. Eso sí: estamos agradecidos con ellos, no estamos contra ellos ni ellos están contra nosotros. Qué sí se platicó eso, sí se platicó. Y puede venir el que sea de ellos, pero no armado.

—¿No aceptaron que les dieran dinero?

—No, no, no. Ni dinero ni armas ni siquiera un tiro les hemos aceptado a ellos.

—¿No quitaron ustedes un cártel para poner a otro? 

—No, no, no, no. Eso no va a pasar nunca. Ni vamos a admitir nunca eso.

—¿Ustedes están dando su palabra de que no se van a convertir en vez de templarios en cártel de Jalisco Nueva Generación?

—Jamás de los jamases, señor, eso sí se lo aseguro. Yo tengo palabra. —Mira fijamente a los ojos, pero con incomodidad.

Relaciones peligrosas, pero sin armas y dinero de por medio, dice.

***

En cualquier caso, la economía ha vuelto a su cauce: al recorrer el lugar se constata que los precios de comestibles, bebidas y artículos de todo tipo regresaron a la normalidad y comerciantes y consumidores ya no pagan sobreprecios que eran provocados por las extorsiones que imponían a cualquier negociante, desde el agua y las tortillas hasta el alcohol y la ropa. Los ganaderos tenían que pagar dos pesos por kilo de cada res. Los caballeros templarios, nada más por ese concepto, obtenían alrededor de 8 millones de pesos al año. Además, los criadores pagaban dos pesos adicionales por cada kilo de res vendida. Con ello, los criminales obtenían otros 5 millones de pesos al año. En total, Los templarios cobraban a los ganaderos 13 millones de pesos en extorsiones al año, más de un millón de pesos al mes. Los carniceros, los taqueros, no se escapaban. De hecho, nadie escapaba. Recuerda el pequeño ganadero.

—Estaban cobrando desde el ganado hasta las tortillas que se come uno. Si valían 15 pesos el kilo tenían que darlas a 17 para chingarse dos pesos por kilo ellos. Si el kilo de carne andaba en 90 pesos, decían: “Ahora lo vas a dar a $95 para que nos queden $5 a nosotros”. Al que vende tacos, también le cobraban. Si tú sabes que el taquero tiene que pagar algo a la presidencia (de derechos), algo tenía que pagarles a ellos. Un paletero también, el que vende agua, también. A todos estaban cobrando aquí.

Era un gobierno paralelo. Pero lo que más dolió a la gente de Tepalcatepec no fue el saqueo económico. Lo que quedó tatuado de manera más violenta en la memoria de los hombres fueron las vejaciones que sufrían sus mujeres, este fue el municipio donde más casos hubo de violaciones a esposas e hijas, incluidas menores de edad. En la intimidad, una y otra vez familias avergonzadas cuentan las vejaciones. Kiro las resume, con la mirada descompuesta, pero con crudeza:

—Simplemente les gustaba una muchachita de 11 o 12 años. Hay muchas señoritas de esa edad que parieron de 11 o 12 años. Si usted quiere algunas lo hacían porque les gustaban los centavos o por andar en buenas trocas, pero otras porque las amenazaban. Le decían a la amiga: “Dile a la muchachita que la esperamos a tales horas en tal parte. Si no va, vamos a ir a recoger (secuestrar) a su papá, a su mamá o a otra hermana o la chingada. La muchachita tenía que ir. Y ya se la cogían y la dejaban ahí panzona.

—¿Y el papá qué decía?

Pus qué decían, tenían que aguantar. Por miedo.

El sufrido Tepalcatepec de hace un año. El alegre Tepalcatepec hoy, con bullicio en sus calles de nuevo, con sus mujeres guapas paseando por doquier, en moto, a pie, como si nunca hubiese ocurrido nada, pero con cierta precaución en la mirada, como si el monstruo pudiera volver aparecer, ahora con otro rostro.

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Mañana: Aguililla, un año después: los nexos de líderes de autodefensas con templarios y el cobro de millonarios diezmos a mineros.