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Domingo , 15.07.2018 / 18:34 Hoy

Lágrimas, luto y coraje en la plaza nicolaíta

Se le realizó una guardia en la plaza principal del municipio, a la que además acudieron oficiales de otros municipios y de Fuerza Civil.

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César Cubero

Arriba del Palacio Municipal de San Nicolás de los Garza cuelga un gran moño negro, el municipio, tras el crimen de Tavito, como lo conocían sus compañeros policías, está de luto.

Fue el 16 de noviembre de 2007 cuando Gustavo Hernández Dolores ingresó a la Policía de San Nicolás de los Garza. Apenas el pasado 24 de julio, el originario de San Luis Potosí cumplió 32 años; y ahora, sus restos mortales son llevados a su natal Tampamolón Corona, donde se le dará cristiana sepultura.

Luego de frustrar un robo de cajero en una tienda de conveniencia, de ser atacado a balazos, y caer muerto en cumplimiento de su deber el pasado sábado, Hernández Dolores fue despedido por el Gobierno nicolaíta con honores al centro de la plaza principal del municipio.

Antes, el azul y rojo mantenían su incesante parpadear arriba de las patrullas que mantenían la plaza sin tráfico vehicular, en su caja portaban los arreglos florales del municipio, de otros Ayuntamientos vecinos, de la Agencia Estatal de Investigaciones, entre otros.

Del lado norte de la plaza, en la iglesia San Nicolás Tolentino, Gobierno, familia y ciudadanos pedían por el eterno descanso de Gustavo Hernández.

"Podéis ir en paz, la misa ha terminado", dijo el sacerdote, entonces, seis compañeros se acercaron al féretro, lo levantaron y salieron rumbo a la plaza, donde era esperado por más de 100 elementos de la Policía de San Nicolás, de policías de otros municipios, de Fuerza Civil, de integrantes del Ayuntamiento.

Su ataúd fue colocado al centro de la plaza, llegó la familia, los amigos, los funcionarios, dieron inicio los discursos, las lamentaciones, los reconocimientos.

La primera guardia de honor corrió a cargo del alcalde Víctor Fuentes, entre otros funcionarios.

Se oyó la corneta producir su sonido doliente, la banda de guerra le decía adiós, el grupo de reacción disparaba al viento las salvas en su honor; se pasó lista de asistencia, "Gustavo Hernández Dolores", gritaba el secretario de Seguridad, y los cientos de uniformados ahí reunidos respondían: "¡Presente!", una y otra vez, y la tristeza terminaba por cubrir la cuadra más alegre del municipio.

Sin embargo, la mañana del lunes 22 de agosto, en la plaza principal no hubo alegría, felicidad, sólo se hizo presente el dolor, la rabia, el coraje, la molestia, la pena, el duelo.

El alcalde entregó a la pareja del oficial caído la insignia municipal, se despidió de la familia, de los amigos, y se dirigió a sacar su coraje frente a los medios de comunicación.

Ahí recalcó que la familia de Hernández Dolores, esposa y tres hijos, serán arropados por el Gobierno Municipal, que se le seguirá pagando su sueldo íntegro por un tiempo, que se le entregará el seguro de vida por 500 mil pesos, en fin, que se asegurarán de que no le falte nada a la familia, nada aparte del ser querido que dio la vida por San Nicolás.

De nuevo los seis uniformados se acercaron a su féretro y lo llevaron hasta la carroza gris, la cual lo llevó unas cuadras más adelante hasta las capillas Protecto Deco, donde haría cambio de vehículo para ser trasladado en su último viaje a San Luis Potosí; mientras, en la plaza, la familia lloraba desconsolada.

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