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Jueves , 18.10.2018 / 15:53 Hoy

El infierno de las fosas en Nayarit, la herencia de “El Diablo”

En la administración del priista Roberto Sandoval no hubo ninguna denuncia de desaparición, pero ahora no sólo ya hay carpetas de investigación, sino que los mismos familiares ya empezaron a buscar.

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Es la herencia de El Diablo. Eso es lo que dicen aquí. Nayarit enfrenta una de sus peores crisis de inseguridad. Y la enfrenta con una infraestructura de justicia y forense en ruinas.

Hace dos semanas, en un predio de cultivo de cañaverales, en la localidad El Pantanal, municipio de Xalisco, a casi tres kilómetros de la Unidad Académica de Agricultura de la Universidad Tecnológica de Nayarit, fueron hallados 33 cuerpos repartidos entre tres fosas. A simple vista pareciera un pequeño edén, pero el subsuelo albergaba un muladar de restos humanos. Un infierno de huesos.

Para el análisis de las osamentas, la entidad requirió el apoyo de una antropóloga forense y un criminólogo de la División Científica de la Policía Federal, debido a que la actual administración estatal carece de los insumos forenses básicos para el tratamiento y reconocimiento de cuerpos.

La administración del ex fiscal general de Nayarit, Édgar Veytia, alias El Diablo, detenido en marzo de 2017 en Estados Unidos por presuntos vínculos con el crimen organizado, desmanteló el laboratorio de genética forense, asegura el actual fiscal de la entidad, Petronilo Díaz Ponce.

“El laboratorio está parado, estamos hablando que tiene un rezago de más de 10 años. No contamos con las herramientas para hacer la identificación de los cuerpos”.

El Centro Científico de Comprobación Criminal Certificador (C5) de Nayarit también está en parálisis. Solo cuenta con dos médicos forenses y carece de antropólogos forenses, médicos legistas, criminalistas y técnicos.

“La fiscalía general quedó sin soporte electrónico, en algunos casos sin internet ni correo electrónico. Estamos iniciando de cero”, explica Díaz Ponce.

Cerca de la fiscalía, una peste penetrante anuncia la cercanía del edificio del Servicio Médico Forense (Semefo) de Tepic. También yace en un completo abandono.

En el estacionamiento del lugar se concentran los restos de los 33 cuerpos hallados en las fosas. Las ropas y calzado enlodados y desgarrados de hombres y mujeres están tendidos en el piso sobre lonas azules. A un lado, las osamentas están dispuestas entre mantas en el piso y mesas. Las moscas abundan. Unas hojas de papel bond con anotaciones de plumón sirven para identificar características del hallazgo. En el piso hay rastros de sangre.

Los protocolos para la identificación de los cuerpos estuvieron mal desde la exhumación, acusan familiares de desaparecidos y Huicot Álvarez, presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

“Nosotros presentamos una recomendación el año pasado en la que señalamos la necesidad de cumplir con los protocolos para evitar manipulaciones y alteraciones del lugar, y para que existiera un trato digno de los restos. Desafortunadamente, hay una gran malestar de los familiares por la falta de profesionalismo que se tuvo en la extracción de los cuerpos y la falta de apego a un rigor técnico y científico en la investigación”, explica el ombudsman de Nayarit.

***

La ola de desapariciones de jóvenes y el incremento de violencia se agravó tras la captura del ex fiscal Veytia y tras la debacle del PRI en las elecciones de junio del año pasado.

El Colectivo Familias Unidas por Nayarit calcula que son más de 300 las personas desaparecidas, en específico, extraviadas después del segundo semestre de 2017.

Según la fiscalía estatal, del 19 de septiembre a la fecha se han recibido 313 denuncias de personas desaparecidas, a partir de las cuales se iniciaron 266 carpetas de investigación. En el mismo periodo se han localizado 73 personas con vida y 16 muertos, 224 siguen sin localizarse. Además, el actual gobierno asegura que en los archivos de la fiscalía no hay reportes sobre desaparecidos durante la administración del ex gobernador priista Roberto Sandoval: nadie se atrevía a denunciar por miedo.

Ahora, las familias se enfrentan a un viacrucis para denunciar. Tal es el caso de Ángeles García, madre de Adriel Ortiz García, músico de banda de 25 años que desapareció la noche del 10 de septiembre de 2017, cuando regresaba por carretera de Mazatlán a Tepic, después de haber pasado un fin de semana de descanso con un amigo en Sinaloa. El contacto por mensajería con sus familiares se cortó de manera abrupta. Aunque no existe la certeza del punto exacto de la desaparición, las autoridades de Nayarit le negaron a Ángeles iniciar una denuncia debido a que fue en un trayecto carretero y le recomendaron hacerlo en Mazatlán.

Desde entonces, la mujer debe combinar su trabajo como costurera en Tepic con los constantes viajes al ministerio público de Mazatlán, y próximamente se incorporará a las búsquedas que realiza en diferentes predios el Colectivo Familias Unidas por Nayarit.

“El dolor se hace más grande cuando sientes que no hay autoridad que te respalde”, dice mientras arregla el altar con la foto de su hijo instalado en la cocina de su hogar.

Mientras el gobierno estatal intenta paliar el desastre que dejó Veytia, las familias han perdido el miedo y emprenden sus propias búsquedas. Como Santiago Pérez, vocero del colectivo, cuyo hijo, Santiago Eloir Pérez, desapareció en Tepic el 22 de junio de 2017, cuando un comando lo sustrajo del taller donde laboraba como soldador calificado. Desde entonces, el padre busca en cualquier información que reciba de manera directa o anónima.

“Yo tengo la idea de no parar hasta encontrarlo vivo o en las condiciones que se han estado encontrando últimamente, pero mi decisión es seguir buscando hasta la fecha y el tiempo que sea necesario. Ya encontraron una fosa con 18 cuerpos, otra con seis, otra con nueve, quiere decir que ya es mucho, no estamos hablando de uno o dos muertos, estamos hablando ya de decenas de ejecutados”, se queja, mientras vuelve a clavar una varilla en la tierra. Luego la saca y huele la punta en espera de encontrar la peste que le lleve al cadáver de su hijo, tal como hacen ahora mismo un grupo de mujeres en las zonas aledañas a la capital: buscan huesos de los suyos, huesos de sus desaparecidos…



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