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El golpe que impulsó a Romero Deschamps

Historias / 30 años del "Quinazo"

Líderes actuales aseguran que después del descabezamiento del sindicato nunca hubo una democratización del gremio.
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Lo agarraron en pijama... Era casi el amanecer del 10 de enero de 1989 cuando elementos del Ejército mexicano entraron a la casa en Ciudad Madero, Tamaulipas, de Joaquín Hernández Galicia, mejor conocido como La Quina; paralelamente, esa misma madrugada y en el transcurso del día, otros soldados comenzaron a ocupar instalaciones de Pemex. En Ciudad de México la refinería en Azcapotzalco fue tomada por el Ejército.

El hasta entonces poderoso dirigente por cerca de 30 años del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) apareció de inmediato en todos los diarios del país: playera blanca, pantalón negro y saco gris a rayas. Frente a él y otros 20 detenidos, sobre una mesa, se veían alrededor de 30 armas largas, cargadores, cajas con balas, pertrechos y más.

Según las noticias de la época, todo eso se le incautó en su casa de Ciudad Madero. Sin embargo, otras versiones afirman que dichas armas le fueron sembradas y que todo se debía a una venganza del poder priista. Pero ¿por qué?

Por su supuesto apoyo al entonces candidato a la Presidencia por el Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas; aunque también se dijo que por la publicación de un folleto en el que se contaba que Carlos Salinas de Gortari, a la edad de 4 años, había matado a una mujer.

La Quina fue acusado de posesión de armas de uso exclusivo del Ejército. Ese fue su delito y recibió una condena de 35 años, aunque solo estuvo siete años en prisión.

Aun ahora, la leyenda del dirigente persiste. La lideresa del Movimiento Nacional de Transformación Petrolera, María de Lourdes Díaz Cruz, afirmó que, a 30 años del quinazo, el STPRM "nunca se democratizó".

Por su parte, el hijo de La Quina, Joaquín Hernández Correa, apunta: "Antes de la caída de mi padre ya se observaban condiciones de deterioro en Pemex y él lo señalaba".

Asegura que se ordenó la captura de su padre, porque "se opuso a entregar Pemex al capital extranjero" y denunció que la paraestatal se vino abajo, porque "los presidentes relajaron el interés en invertir para que la empresa creciera: siguieron ordeñando la vaca sin darle de comer".

Su hijo guarda y suelta los recuerdos de aquella época. "A mi padre intentaron matarlo tres veces estando en la cárcel, pero lo cuidaron hasta los narcos".

Confesó sentir odio y enojo hacia el actual líder petrolero, Carlos Romero Deschamps, a quien, recordó, estuvo a punto de golpear cuando coincidieron en un sanitario en la Cámara de Diputados.

A su vez, Díaz Cruz señala que al descabezamiento del sindicato y con La Quina en la cárcel, desde el poder se erigió otro cacicazgo; primero con Sebastián Guzmán Cabrera, quien solo estuvo cuatro años al frente del STPRM y posteriormente con Romero Deschamps, quien lleva 26 años en la conducción de ese sindicato.

Sin embargo, el quinazo "fortaleció al cacique Romero Deschamps, a quien tenemos acusado de enriquecimiento ilícito y peculado y tiene que salir del sindicato petrolero para ser juzgado".

Previo a 1989, según diversas crónicas del tema, los desencuentros entre Salinas de Gortari y La Quina habían surgido en 1984, cuando el primero despachaba como subsecretario de Programación y Presupuesto: desde este puesto pretendió quitar al sindicato del manejo de contratos de obra pública sin licitar.

Pero la riqueza que manejaba La Quina, la que daba el petróleo, alcanzaba para todo y se fue acumulando desde que fue secretario general de la Sección 1 del STPRM.

Cuentan que ayudaba a todos los que llegaban a su casa en Ciudad Madero: plazas, candidaturas, medicinas, dinero, todo... Desde temprana hora se hacían filas que abarcaban toda la sala de su casa y más allá. Pero no todos coinciden.

"Joaquín vivía como clase mediero, pero con el control que tuvo del sindicato era para que se hubiera hecho inmensamente rico; al final andaba en vehículos de años muy atrasados", afirmó quien fuera su amigo y diputado federal en tiempos de éste, Roberto González Barba.

En el operativo contra La Quina, los soldados tuvieron que entrar por primera vez a las instalaciones de Pemex, pues se suponía que el poder del dirigente le daría para paralizarlas. No paso nada.

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