ENTREVISTA | POR LILIANA SOSA

Gerardo Flores Profesor de taekwondo

Durante más de un año se ha dedicado a dar clases de taekwondo entre la población carcelaria del Reclusorio Sur.

“El ejercicio de alto impacto les da estabilidad mental”

Gerardo entrena a por lo menos 50 internos, aunque solo 10 de ellos son los más constantes.
Gerardo entrena a por lo menos 50 internos, aunque solo 10 de ellos son los más constantes. (Jesús Quintanar)

México

Visiblemente inquieto, Gerardo Flores espera afuera de la oficina del director del Reclusorio Sur. No había nada que temer, en sus dos años de interno su comportamiento ha sido ejemplar.

Orgulloso, el director del penal, Enrique Serrano, lo presenta como el profesor de tae kwon do que entrena a por lo menos 50 internos, aunque tan solo diez de ellos son los más constantes.

Desde hace un año se ganó su lugar en el lobby del auditorio. Al llegar, reúne fácilmente a sus alumnos, quienes antes de empezar la clase bromean con el director del penal.

—¿Vamos a pelear, director?

—Sí, claro que sí.

—¿Apostamos el indulto?

—(Risas) No, ya saben que no me peleo con ustedes, yo estoy aquí para apoyarlos.

Rápidamente la broma terminó e inició la clase. Gerardo asume su papel de profesor y con voz firme pide una formación de tres. Los internos que pasan cerca ya están acostumbrados y respetan su espacio, así que no tiene problemas con nadie.

En libertad, Gerardo era profesor, por lo que tenía conocimientos de psicología. Aunque en un principio pensó que eso le serviría para saber cómo tratar a los niños a quienes daba clases, nunca pensó que lo tendría que aplicar con delincuentes, pues ganarse su respeto requería más que habilidades físicas.

“Me veían chaparrito y flaquito, me cuestionaban lo que podría enseñarles. No todos me hacen caso, pero ahí entra la rama de la psicología y les digo ‘se sienten muy leones —como se dicen ellos—, ¿a poco diez lagartijas los va a sacar de sus casillas?’

“Los traigo en joda con el ejercicio de alto impacto y he visto que bajan más tranquilos porque les hago gastar energía, entonces eso les da estabilidad mental y algo de paz”.

Gerardo se toma las clases muy en serio y quien no hace los ejercicios como deben hacerse recibe un castigo físico; en esta ocasión, todo el grupo tuvo que hacer lagartijas con los puños por no gritar durante el entrenamiento. Nadie repeló.

Algunos más apasionados que otros, todos intentan hacer bien los ejercicios, no importa si tienen kilitos o años de más.

Al momento de hacer rutinas de contacto, Gerardo se pone más atento que durante el calentamiento, es el tiempo de ver si alguien sirve o no para este deporte. “Si vas a una competencia y los jueces ven la más mínima muestra de ira en tus ojos, te descalifican, no sirves para esto”.

Gerardo trata que las clases de tae kwon do sean más que una preparación física, busca que la filosofía sea parte de la vida de sus compañeros internos.

Reconoce que cuando llegó al penal tenía miedo por lo que pudiera pasarle, en los dormitorios había internos que lo amedrentaban y buscaban sacarlo de sus casillas, pero sabía que tenía que calmarse y buscar una salida a ese sentimiento.

“Toda esa ira y resentimiento que empiezas a adquirir con esas personas que te lastiman y ofenden lo expresas pegándole a un domi hasta el agotamiento, hasta decir ‘ya no puedo’. Ese desahogo de energía te da paz y tranquilidad”, comenta.

Aunque no siempre ha logrado controlar sus emociones, recuerda que en una ocasión se “agandalló” con uno de sus alumnos principiantes, pero cuando se dio cuenta de lo que había hecho, supo que se estaba volviendo uno de ellos, y de inmediato se disculpó e incluso pagó sus curaciones.

Hoy, a sus 32 años y a menos de cinco meses de salir libre, espera que dos de sus alumnos sigan lo que él ha logrado, mucho de ello gracias al apoyo del director, Enrique Serrano, y de Manuel Mañón, responsable del Área Cultural y Deportiva del penal.

Desde hace poco más de un año que empezó a dar las clases ha visto cambio en sus compañeros incluso, algunos han dejado de drogarse para poder estar en la clase, por ello, no quisiera que con su salida todo terminara.