Detienen a siete en el entierro de ‘El Ojos’

La SSP capitalina confisca armas y droga durante operativo en el panteón de San Lorenzo Tezonco, donde cientos honraron a un hombre acusado de narcomenudista.

México

Ahí van, sin inmutarse, sin cohibirse, sin taparse los rostros. Ahí van, oyendo los corridos al patrón. Ahí van, diríase que orgullosos, exhibiendo su apoyo, su simpatía, su homenaje al señor. Al difunto. Algunos tratan de impedir que las cámaras graben. Están enojados. Mataron a su jefe, a El Ojos. Una mujer se resigna a ser registrada por las lentes de los camarógrafos y entonces tiene su impronta de barrio bravo: muestra su dedo medio en señal de insulto. Son cientos, unos 400, que sí, aquí, en plena Ciudad de México, honran a un hombre acusado de criminal, a un hombre identificado como líder del cártel de Tláhuac. Y ahí van, gritando que se ve, que se siente, que su hombre está presente.

Escojamos un rostro. Solo uno de estos hombres, mujeres y motociclistas que avanzan para recordar a su líder, a su patrón. En esa mirada fija se reflejaba el ataúd de madera, cargado por hombres que mostraban orgullo por llevar a su última morada al jefe, al amigo, al compadre, al narco, a ese hombre que enfrentó a los marinos que pretendían terminar con su reinado.

Esa mirada es solo una de cientos que puntuales salieron de la colonia La Nopalera para asistir al funeral de Felipe de Jesús Pérez Luna, El Ojos, líder de la organización que agrupaba a narcomenudistas distribuidos en siete de las 16 delegaciones de Ciudad de México.

Otra muchedumbre esperaba el cortejo fúnebre en las inmediaciones del panteón de San Lorenzo Tezonco. Ahí, los policías montaron operativos de revisión en vehículos y personas que les parecían sospechosas.

Así lograron detener a siete hombres de entre 20 y 40 años de edad, a dos de ellos les encontraron una bolsa con cocaína y dos armas de fuego, una calibre 9 milímetros y una 38 súper. Los otros cinco fueron capturados por resistencia de particulares al oponerse a ser revisados.

Los siete hombres quedaron a disposición del MP de la Agencia Central de Investigación de la procuraduría capitalina, donde adelantaron que tienen 48 horas para integrar carpeta de investigación y enviar un desglose a la PGR por la portación de arma de fuego.

“Un verdadero cártel”

Quienes conocieron a El Ojos, oriundo de Arteaguilla, Michoacán, aseguran en voz baja que se comportaba como jefe de un verdadero cártel: lo mismo ordenaba desapariciones y ejecuciones de hombres que no se alineaban a sus órdenes, como también financiaba las fiestas patronales de Tláhuac. Y sí, este lunes familias completas se aglutinaban para despedir a Felipe.

Hombres jóvenes vigilaban con teléfono en mano las inmediaciones de la casa de su madre Martha Luna Romero, mientras mujeres y niños esperaban salir al panteón. De hecho bloquearon una calle, no dejaban que nadie se acercara al velorio.

Decidieron no caminar por avenida Tláhuac, lo hicieron por calles de La Nopalera. No hubo música de banda ni mariachis, pero el eco de los estéreos de los carros retumbaban una y otra vez los corridos que desde 2015 hacían honor al líder de narcomenudistas. Aquel año, cuentan los vecinos oriundos de Zapotitlán, en medio de la plaza con un escenario para el baile anual se presentó Felipe de Jesús acompañado de un grupo de pistoleros que le daban protección.

“Soy un hombre respetado. Mi nombre es noticia. Aquí no se mueve nada. Esta plaza se respeta”, son apenas unas frases que a pie juntillas en la zona suroriente de la ciudad se conocían.

Y como dice el corrido interpretado por Javier Reyes, El príncipe del corrido, los hijos y sobrinos de El Ojos lo respaldaban, estaban a la orden.

Así, el mediodía del 20 de julio pasado al lado del líder estaba Arturo Luna, su sobrino, quien también fue abatido junto a otros seis sujetos. Su cadáver quedó ensangrentado al lado de un arma de grueso calibre.

Sus antecedentes criminales hablan de un ingreso al Reclusorio Norte el 24 de octubre de 2004 por robo calificado. En aquel entonces, el juez noveno penal abrió proceso en su contra, pero apenas le dictó una sentencia de 9 meses de cárcel. El preso 8396 obtuvo su libertad casi de inmediato.

Vigilancia

El cortejo fúnebre del líder criminal también tuvo el sello de la policía. La Secretaría de Seguridad Pública capitalina dispuso un operativo con elementos de sus agrupamientos de elite para brindar seguridad, aunque también para hacer redadas entre los asistentes. Los jóvenes eran su blanco.

Un helicóptero del Agrupamiento Cóndores sobrevoló toda la zona de Iztapalapa, en lapsos de 10 minutos la aeronave regresaba una y otra vez. En las calles de la colonia La Nopalera, camionetas y patrullas hacían lo mismo, los policías se encaraban a los halcones, que hacían de vigías al lugar donde estaban los restos de su “jefe”.

El ambiente también era de droga, cigarrillos de mariguana que fumaban a la vista de los policías. Cohetones que anunciaban la despedida y que al mismo tiempo alertaba a la gente a salir de sus casas.

La despedida

Eran las 17 horas, la lluvia era persistente y el acoso de los policías incomodaban al grado de provocar enfrentamientos, pero las porras y los aplausos a favor de Pérez Luna eran mayores.

El ataúd de madera fue cargado por hombres adultos al interior del camposanto. Atrás, las hermanas del narcomenudista, su madre y familiares que llegaron de Michoacán y Tamaulipas.

Aquellos que cargaban las coronas florales también formaban vallas. “¡Se ve, se siente, Felipe está presente!”, gritaban al unísono. Adolescentes con cigarrillo en mano, pantalón cholo y gorra decorada caminaban por ese pasillo que daba a la fosa donde finalmente fue sepultado el líder del cártel de Tláhuac.

“Me presento, soy Felipe Pérez de México DF, es de donde yo ando tirando, siempre andamos trabajando, tenemos que estar al cien para seguir negociando, por eso es que así nos mantenemos, somos gente de muy alto rango, siempre estamos reforzados”, asiente el corrido que también Jaiel Ayón le compuso al líder de narcomenudistas.