“¿Quién da su vida por gente que no conoce?”

Sociedad civil, empresarios y ONG honran a integrantes del Ejército heridos o muertos en el combate al narcotráfico.
Algunos de los homenajeados en las instalaciones de Durango.
Algunos de los homenajeados en las instalaciones de Durango. (Rodolfo Angulo/Cuartoscuro)

Durango

"Debes ser fuerte, porque en una de esas no regreso, nunca sabemos si vamos a volver con bien", dijo a su madre el cabo, recién ascendido, antes de partir a una misión de reconocimiento del Ejército en la región serrana, donde el cártel de Sinaloa domina el tráfico de drogas.

Lo volvió a ver, muerto, tres días después de la despedida. Un grupo de narcotraficantes mató a tiros al soldado, al hijo, al padre, al esposo, en la localidad Macho Bayo, municipio de Otáez.

—¿Sabes madre?, en el Ejército uno puede llegar a ser hasta general…

—Ah, eso es bueno, pero anda, ahora ve con Dios —fue el último diálogo.

Dominga Cabrera Romo está orgullosa de su hijo, el cabo Carlos Enrique Ortega Cabrera, caído el 31 de julio de 2013, en acciones  contra el narco en el denominado Triángulo Dorado, de accidentada geografía, corredor y sembradío de drogas donde convergen Durango, Chihuahua y Sinaloa.

De 26 años, casado, y padre de una niña, que entonces tenía tres años, el militar murió durante una emboscada que tendieron delincuentes a la unidad que patrullaba Otáez.

Carlos Enrique pertenecía a un Batallón de Infantería y hacía poco fue ascendido de soldado a cabo, quería escalar más y no le alcanzó la vida.

Se convirtió en el militar número 390, de un total de 442, que han fallecido durante la aplicación de la campaña permanente contra el Narcotráfico y la Ley Federal de Fuego y Explosivos del 1 de diciembre de 2006 al 1 de marzo de 2015, según el reporte oficial de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Han pasado casi 20 meses y doña Dominga sigue muy triste: “Mi hijo es un héroe que dio su vida por el país, se sacrificó por el bienestar de personas a las que ni siquiera conoció, ¿quién da su vida así por gente desconocida y, de paso, se lleva las nuestras? Es algo muy noble, muy cruel”.

Se le quiebra la voz, contiene lágrimas, muestra dignidad. Nada recompensará el sacrificio de su hijo, ni el de cientos de militares.

En las instalaciones del Campo Militar 5 de Mayo, cuartel del 85 Batallón de Infantería, grupos de la sociedad civil, empresarios y organizaciones no gubernamentales llevaron a cabo el Homenaje Ciudadano a las Fuerzas Armadas.

Fue un reconocimiento civil al personal militar que resultó lesionado en operaciones para reducir la violencia en el país, así como a los deudos de los fallecidos.

El general de brigada Adolfo Domínguez Martínez, comandante de la Décima Zona Militar, afirmó: “Mantendremos firme la guardia, hasta que logremos un México en paz”.

La convocatoria reunió a familiares y deudos de 14 militares asesinados en Durango, quienes recibieron una campana de las ONG para que la mística haga más soportable su dolor. “Se dice que las almas que se han ido acuden a la luz y al toque de una campana”, explicó el coronel en retiro José Herrera Chávez, de la Asociación Movimiento Blanco.

Dominga evoca: “Lo último que hablé con él (…) le dije que Dios me lo cuidaba, él se despidió porque se iba a trabajar como otras veces, cada que se iba insistía en que debía ser fuerte, soporté verlo tirado…”. Toma aire, hace una ligera mueca, observa su campana, sonríe, quiere llegar a casa para tocarla, y sus ojos se vuelven acuosos.