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Chicharras para correr del ‘narco’, piden médicos

Aun sin las condiciones de seguridad suficientes, el personal de salud decidió reanudar las labores en la zona serrana de Chihuahua, donde se desconoce el paradero de un doctor ‘levantado’.

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Dos semanas después, los servicios de salud en la zona serrana de Chihuahua comienzan a normalizarse.

Este miércoles, el hospital comunitario de Gómez Farías fue reabierto, luego de que el personal parara por la inseguridad que azota la región y que ha derivado en que grupos del crimen organizado se lleven a médicos para atender a sus heridos.

El director desde hace 16 años de este nosocomio, Blas Juan Godínez Loya, fue el último en sufrir esta situación, según presumen familiares y autoridades. A la fecha, no se sabe nada del doctor.

El propio secretario de Salud estatal, Ernesto Ávila Valdez, tuvo que acudir a Gómez Farías, a casi cuatro horas de distancia de la capital, para reunirse con los trabajadores de este hospital, el principal de la región, que atiende a habitantes de hasta cuatro municipios.

En la sala de espera del inmueble, el personal hospitalario le explicó lo que significa ser médico o enfermera por estos días en la sierra de Chihuahua, plaza que se disputan dos bandas delincuenciales.

“Estamos muy angustiados por la situación, primero que nada de mi padre, que ya son dos semanas en las que no aparece, no lo encuentran. Entonces queremos evitar que este caso que me está pasando a mí, le pase a alguna otra familia o a algún otro compañero médico”, le exclamó al secretario.

Ávila Valdez quiso conocer de voz de los médicos lo que han padecido y les pidió relatar quien había sido llevado por algún grupo del crimen organizado tras los constantes enfrentamientos que han ocurrido en la región.

“Creo que de aquí del hospital no se han llevado a nadie”, dijo el secretario de Salud de Chihuahua, quien enseguida fue interrumpido por los médicos, enfermeros y demás trabajadores presentes. “¡Sí, señor, cómo no!”, reviraron.

“Yo quiero que me levante la mano, ¿a quién se lo llevaron, a dónde se lo llevaron, y qué pasó?”, pidió Ávila Valdez.

“A mí me llevaron, y a uno de los compañeros”, explicó el médico Blas Juan Godínez Ortega, hijo del doctor que hace dos semanas se llevó una banda delincuencial.

“¿Luego los regresaron, no hubo problema?, preguntó el funcionario estatal, a lo que de inmediato entre risas y reproches de los trabajadores de la salud recriminaron: “¿Cómo que no pasó nada?”, exclamaron.

Enseguida, los trabajadores de salud le pidieron ayuda al funcionario estatal y tomar medidas para incrementar la seguridad.

“Hay que garantizar lo mejor que podamos (la seguridad). Como dicen los médicos: cámaras de vigilancia, vigilantes, uno para que avise, una chicharra”, le explicó el líder del sindicato de Salud de Chihuahua, Pablo Serna, al secretario antes de que éste lo interrumpiera: “¿Y que todos corran?”. “Es que así va a ser. Así se tiene que hacer: “Una chicharra para poder correr”, le reviró el personal hospitalario.

Sin embargo, Ávila Valdez, en al menos tres ocasiones, les reiteró que no puede garantizar la seguridad porque esa labor le corresponde a la Fiscalía y la Comisión Estatal de Seguridad. “La Secretaría de Salud no tiene soldados, no tiene policías, no tiene ministeriales. Tenemos médicos, enfermeras, tenemos personal como ustedes que son quienes brindan la atención a la gente.

“Y estamos muy preocupados por dos cosas: la seguridad de ustedes y por la de los pacientes. También porque no se están atendiendo”, enfatizó.

Hasta la semana pasada, al menos ocho comunidades y rancherías en cinco municipios de la zona serrana de Chihuahua no contaban con servicios médicos por esta situación; MILENIO buscó a la Secretaría de Salud del estado para actualizar dicha cifra pero hasta el cierre de la edición no respondió.

Sin ninguna garantía de seguridad, los médicos del principal hospital en la sierra de Chihuahua regresaron para atender a miles de pacientes de comunidades y rancherías aledañas, o, como es costumbre en la región, a estabilizar sicarios heridos.

Pero el miedo no es exclusivo de los médicos: los habitantes en Gómez Farías se resguardan en sus hogares a la par que el sol cae, un toque de queda autoimpuesto porque están expuestos a una violencia que desató en el estado hace unos meses.

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