Las calles apenas alcanzan para separar los velorios

Familiares despiden a sus víctimas pero con el cuidado de no coincidir en la iglesia o en el panteón con los del bando rival.

La Ruana

En La Ruana se acumulan más rencillas que gente que ahí habita. Los 11 muertos que dejó como saldo el enfrentamiento del pasado martes atizaron los rencores. Sus pobladores definen su comunidad como un verdadero infierno.

Son pocas las calles, la mayoría sin pavimentar, pero suficientes para separar los rencores de los habitantes que ayer velaron en extremos opuestos a sus difuntos.

El funeral que más expectación causó fue el de Manuel Mora, de 32 años, hijo del fundador de los grupos de autodefensa, Hipólito Mora. Pero hubo otros no menos dolorosos. Hernán Valencia, quien se defendió con un palo y fue asesinado a balazos; Patricio Vargas, conocido entre sus amigos como La Botarga, o El de dientes finos, los tres del bando de Luis Antonio Torres, El Americano.

Los cuerpos de Manuel Mora y los otro cuatro del grupo de Hipólito llegaron en la madrugada a La Ruana. Salvo uno que fue trasladado a Apatzingán, todos fueron velados ahí. Se les ofreció una misa de cuerpo presente y después fueron sepultados en el panteón de Felipe Carrillo Puerto.

En la mañana, cerca de las 10, llegaron también los seis difuntos del grupo de El Americano. Era mucho el dolor, pero también la preocupación por no coincidir en la iglesia o el panteón con los del otro bando. Hipólito pidió que la misa de su hijo fuera a las 2 y el sepelio a las 4 de la tarde. Los cuerpos de los del grupo de El Americano serán enterrados hasta hoy.

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Por la mañana, el líder fundador de los grupos de autodefensa de La Ruana aseguró que no hubo acuerdo con la Gendarmería para agredir al grupo rival, como lo declaró ayer Luis Antonio Torres.

“Disparos los hubo de todos lados. Yo no voy a decir que solo disparó la Gendarmería. Disparos hubo muchísimos y de todos lados”, señaló en entrevista para MILENIO.

Admitió que es necesario arreglar las diferencias con Torres y su grupo, pues solo han provocado divisiones en Buenavista y de manera particular en La Ruana, lo que favorece a otros, como el propio líder de Los caballeros templarios, Servando Gómez Martínez, La Tuta.

“En eso estoy de acuerdo con El Americano: nosotros nos agarramos a balazos y les da gusto a otras personas. Eso sí lo comparto. Hay gente que sale beneficiada con estas divisiones y ojalá esto ya se relaje y ya dejarnos de chingaderas”, dijo Mora.

A menos de 10 cuadras de la casa donde fue velado Manuel Mora, la familia Valencia realizaba el funeral de Hernán, de 35 años. Acompañado de su padre, Rogelio, se trasladaron aquel martes a la zona del enfrentamiento para defender a su grupo, el de El Americano. Hernán murió de un balazo en la espalda y con un palo en la mano.

Su padre, don Rogelio, acusa entre lágrimas “al gobierno federal, a la Gendarmería. Nosotros no queremos al grupo de Hipólito. Él hizo el primer balazo y con él le arrancó los ideales a mi hijo y nosotros no los queremos. Estaba la Gendarmería y traía granadas. El gobierno está para cuidarnos, no para chingarnos”.

Pese a su coraje, reconoce que La Ruana no puede vivir así. “Todos somos hermanos y debemos vivir con tranquilidad”.

Por la tarde, después de un rosario en el panteón de Felipe Carrillo Puerto, Hipólito enterró a su hijo en medio del llanto de las mujeres de la familia. La esposa de Manuel, una joven de escasa edad, se desvaneció a la mitad de los rezos. Al final, después de trasladar el féretro de su hijo hasta al extremo del panteón y sepultarlo, unos 10 elementos de la Fuerza Rural lanzaron balazos al aire como homenaje al hijo del fundador de las autodefensas.

Al dolor y el coraje se sumó la incertidumbre sobre las posibles detenciones. Desde ambos bandos aseguran que todos darían positivo a las pruebas de Harrison, que detectan pólvora en las manos. Todos dispararon en aquel enfrentamiento, incluidos los dos personajes que encabezan las disputas en La Ruana.

Por lo menos ayer, no hubo detenciones y todos los involucrados se dejan ver en las calles, en los funerales y en el panteón de La Ruana.