Auge de funerarias por repunte de homicidios

La disputa entre los cárteles de Sinaloa y Jalisco ha generado un aumento de 79% en víctimas mortales.

Tijuana

Son asesores funerarios. Algunos les llaman zopilotes. Es una decena de vendedores que merodea, impaciente, el Servicio Médico Forense de Tijuana. La competencia entre ellos es intensa: buscan ganar la confianza de las familias que sufren alguna pérdida. Y no ocultan que, con la reciente ola de asesinatos, sus comisiones se han multiplicado.

De enero a abril, los homicidios dolosos en Baja California aumentaron 71 por ciento respecto al año pasado. Pasaron de 325 a 556, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP). En Tijuana, el porcentaje es aún mayor: los homicidios con arma de fuego se incrementaron en casi 80 por ciento durante el primer cuatrimestre.

Juan Manuel Tejeda es uno de los —llamémosle así— asesores en muertes. Con más de 30 años trabajando en funerarias, conoce muy bien el negocio. Pero aún se sorprende con lo que está ocurriendo en la ciudad: “La violencia crece día con día”, asegura. “Les ha dado por matar de a cuatro o cinco. Las familias salen desgarradas y nosotros tratamos de ayudarlas”, explica el vendedor, mientras reparte algunos volantes.

Su misión es lograr que los clientes potenciales crucen la calle. Ahí enfrente, a unos metros del Semefo, se alinean las funerarias sobre el bulevar Fundadores. Es una especie de “corredor de la muerte”, donde las salas de velación están saturadas, como otra muestra de la tragedia que vive esta ciudad y el estado todo.

“Se escucha mal a veces, pero sí ha crecido el negocio”, admite a MILENIO el propietario de Funeraria Nueva Jerusalem, Héctor Iván Abasolo. Según explica, los primeros meses del año suelen ser malos —con caídas de hasta 50 por ciento en los ingresos—, pero los bimestres iniciales de este 2017, señala, “podrían ser los mejores”.

Él y sus competidores ofrecen un número limitado de espacios, y ante la creciente demanda, analizan otras opciones. El empresario afirma que las funerarias en Tijuana “no se dan abasto”. Y apunta sobre la virulencia de las muertes: “De 15 días para acá, ocho de cada diez son por arma de fuego”.

Su análisis coincide con las cifras del Semefo, donde hay más cadáveres con proyectiles y la cantidad de impactos permite intuir la saña detrás de cada crimen. “Hemos visto un incremento en el número de lesiones, algunos traen una o dos heridas, pero hay otros que traen de cinco (balazos) para arriba”, revela el doctor César Raúl González, coordinador estatal del forense.

Lamentablemente, la mayoría son jóvenes, víctimas de la guerra de cárteles por el control de la plaza…

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El brote de violencia no se detiene: las alertas se encendieron hace un año. Por eso, el presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública de Baja California, Juan Manuel Hernández, denuncia que la impunidad ha permitido la emancipación del crimen. “Estamos con temor porque ya nos sucedió en el pasado y no queremos que vuelva a ocurrir”, señala.

Ese temor lo comparten todos los tijuanenses, sin importar su condición social. No olvidan los horrores que vivieron entre 2007 y 2009, durante los años más violentos, cuando la guerra entre los carteles se apoderó de las calles. Eran tiempos de secuestros, extorsiones y balaceras sin control, en los que Tijuana era de la ciudades más violentas del mundo.

Luego de miles de muertes y muchísimo dinero invertido, la ciudad salió del ranking de las 10 ciudades más violentas del mundo en 2011, producto del trabajo entre gobiernos, militares, policías, empresarios, artistas y representantes de la sociedad civil.

Desafortunadamente, la ubicación estratégica de Tijuana, vecina de San Diego, California, ha vuelto a colocarla en medio de una pugna. Esta vez, entre organizaciones criminales cuyos líderes se encuentran fuera del estado. El secretario de Seguridad de Baja California, Daniel de la Rosa, pone nombre y apellido a los protagonistas del conflicto, comenzando por el cártel de Sinaloa, cuya fragmentación —tras la captura de Joaquín El Chapo Guzmán— se ha resentido en el estado.

“Otro de los grupos que no tenía presencia en Baja California, y que viene de un año a la fecha, es el grupo de Jalisco (el cártel Nueva Generación). Ellos son los que están en pugna”, confirma el funcionario.

Sinaloa y Jalisco, dos de los mayores cárteles, se pelean el mercado local y la ruta del trasiego hacia Estados Unidos. Por eso la juerga de balazos…

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La emergencia obligaba a una reacción. El pasado 12 de junio, el gobernador del estado, Francisco Kiko Vega, anunció una nueva estrategia para intentar abatir los índices delictivos. Como ocurrió en el pasado, sus efectos serán evaluados por académicos y organizaciones de la sociedad civil.

“Nunca lo van a confesar, pero fue a raíz de las presiones que hicimos desde la sociedad civil y del sector empresarial”, opina el presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública, quien tendrá un rol fundamental en el seguimiento a la estrategia.

El secretario de Seguridad admite que “hay una legítima preocupación de diversos sectores”, pero asegura que también hay voluntad por parte del gobierno. Eso sí, es cauteloso al ser cuestionado sobre la contundencia de sus acciones: advierte sobre la “puerta giratoria” para los delincuentes en que se ha convertido el nuevo sistema penal: como entran salen de las prisiones.

La llamada “Cruzada por la seguridad” no tiene elementos novedosos. Sin embargo, es la esperanza de varios sectores de la sociedad tijuanense para que recuperen la paz. Por eso, el empresario funerario reflexiona: “No nos queda más. O así como vienen a buscarnos las familias con sus desgracias, a uno de los nuestros también le podría pasar”.

Es ahora o nunca, dicen en Tijuana. Están a tiempo de jalarle las riendas a la bestia de la muerte, o desbocarse hacia el barranco y volver a estar en los peores rankings de México y el mundo…



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