ENTREVISTA | POR VÍCTOR HUGO MICHEL

David Rivas Huete El mercenario de pastel

Acusado en España de inventar el rescate de una menor secuestrada y cesado en México por el gobierno de Guanajuato, donde supuestamente capacitaba a las fuerzas especiales, el sujeto asegura a MILENIO que se siente “perseguido”.

“En 27 años solo he recibido felicitaciones”

El supuesto especialista en seguridad privada.
El supuesto especialista en seguridad privada. (Especial)

México

Dice no ser estafador, sino blanco de un complot mediático originado en España. Y deja claro que podrán calificarle de muchas formas, pero mercenario de pastel, como le llaman sus detractores en ese país, no. David Rivas Huete asegura ser un profesional respetado en su ramo, la seguridad privada, un eufemismo para referirse al ultra competitivo y oscuro hábitat de los soldados de fortuna. Un mundo poblado en su mayor parte por ex militares que rentan sus servicios, generalmente en zonas de conflicto de África, Medio Oriente o países como Venezuela, Rusia o México, en los que la inseguridad campea.

En septiembre pasado MILENIO dio a conocer el caso de este ex militar español, entonces asesor de seguridad del gobierno de Guanajuato, sobre quien pesaba una orden de aprehensión en España: “Rivas Huete saltó a la fama en 2008, cuando estafó a Leticia Moracho, una madre española, cuya hija, Sara, había sido secuestrada y llevada a Irak y a la que prometió rescatar previo pago de varios miles de euros (…) tendría que haberse presentado en abril pasado ante la policía para cumplir con una sentencia de dos años y medio de prisión”.

Pero a la distancia, el mercenario sale a la luz pública a corregir lo que considera son impresiones erróneas que han puesto en juego su reputación y su forma de ganarse la vida.

“Todavía hay un amparo pendiente”, dice sobre la orden de aprehensión. Y sobre su carrera, añade: “Son 27 años de trabajar en esto y durante todo este tiempo he prestado toda clase de servicios. A nivel operativo, instrucción y asesoramiento para individuos o empresas, y lo único que he recibido es felicitaciones”.

Es la primera entrevista con un medio mexicano tras darse a conocer hace tres meses un reportaje sobre su historia (“Falso mercenario tima al gobierno de Guanajuato, 08/09/2013), un extraño relato que involucra miniseries televisivas, operativos fallidos en Medio Oriente, trampas, grabaciones ocultas, secuestros espectaculares y demandas en España.

Estos Antecedentes llevaron en su momento al gobierno guanajuatense a rescindirle el contrato para entrenar las fuerzas especiales de la procuraduría y la Secretaría de Seguridad Pública del estado en 2012 y parte de 2013 (“Despide Guanajuato a mercenario, 10/9/2013).

Poco más de 100 días después de que la SSP de Guanajuato diera por terminada su relación laboral, Rivas Huete quiere dar su versión de los hechos. Lo hace, explica, porque está interesado en permanecer en México como un consultor de seguridad privada para clientes corporativos y porque se dice perseguido mediáticamente desde España. Busca precisar los detalles. Los puntos cruciales. Su lado del relato.

“Quiero limpiar mi nombre”, dice el soldado de fortuna al llegar a las instalaciones de este diario para la conversación. De entrada, advierte: a la señora Moracho le ha ido pagando fraccionadamente lo que se le ordenó tras perder un juicio por fraude, en el que, dice, se le condenó de forma injusta, porque no escucharon los argumentos de su defensa.

“Estoy cumpliendo con lo que dice la justicia”, añade. Hasta el momento ha pagado 16 mil euros, alrededor de 60 por ciento del total que ordenó un juez de Madrid (como evidencia, presenta copia de varios depósitos hechos en los últimos meses).

Al mismo tiempo, dice no temer a ser arrestado: en esencia, todavía queda un recurso de amparo pendiente ante el Tribunal Constitucional de España –equivalente a la Suprema Corte- antes de que la policía vaya por él. “No me estoy escondiendo. Voy a volver a España a pasar las Navidades, como dictan los cánones”, sostiene. “El 31 de diciembre voy a estar celebrando el año viejo en el hotel Chiqui” (Santander).

II

Rivas Huete es un hombre atlético que roza los 1.80 metros de estatura. Para la conversación viste traje gris y zapatos lustrados, con una corbata vino que descansa sobre un tórax ancho. Trae consigo un portafolios y en el rostro resaltan sus lentes de diseñador, el bigote bien rasurado y el cabello peinado. Da más la pinta de un ejecutivo bien ejercitado. Pero la impresión, si uno ha de atenerse a su currículo, engaña.

Para desestimar las acusaciones que versan en torno a que no tiene conocimiento del mundo de la seguridad, presenta durante la conversación un nutrido palmarés personal. Es un expediente repleto de diplomas de universidades españolas y extranjeras, además de instituciones como National Rifle Association, de Estados Unidos, o American Society of Law Enforcement Trainers. El dossier que se complementa con fotografías en países de Medio Oriente, Venezuela, Estados Unidos, Polonia y México. En una imagen aparece ataviado con fatigas de la Armada española. En otra con una kufiyya echada al cuello en Jordania. Una tercera lo muestra disparando un rifle de francotirador en Guanajuato y una más en la portada de la revista Komandos, una versión polaca del Soldier of Fortune estadunidense.

El expediente, de unas 50 cuartillas, no soslaya el punto que tiene a Rivas Huete en problemas con la justicia española y, dicen sus adversarios, cerca de la cárcel: el caso Moracho, aquel que lo vio involucrarse en 2008 en el fallido rescate de Sara, una menor de edad española secuestrada y llevada a Basora por su padre iraquí. La historia que después dio pie al libro Rescatando a Sara, del periodista Javier Preciado, y a una película homónima de Antena 3 que está por salir al aire en España.

“Me he visto en un caso que ha sido manipulado y fabricado desde el primer momento por un periodista que ha tenido un interés personal, porque no puedo ir más allá: no estoy dentro de su mente. Pero esa es la realidad”, afirma Rivas Huete. Se refiere a Preciado, reportero que con cámara oculta documentó todo el proceso de secuestro y liberación de la menor, desde las negociaciones con el especialista en seguridad hasta la salida de la niña de Irak.

“Este periodista se hizo pasar como primo de la señora Moracho. Y eso no es cierto. Yo trabajé en ese caso más de un año y él desde el minuto cero empezó grabando todo”, indica. Llama la atención de un hecho: las grabaciones ocultas son ilegales acorde a la ley española, pero aún así fueron tomadas como evidencias durante su juicio.

—Usted asegura que tenía lista la misión para rescatar a Sara.

—Hice todo lo que pude. Viajé dos veces en 2008 a Basora (sur de Irak) con un equipo de personas a hacer el reconocimiento previo. Lo hizo personal iraquí que entra en el barrio, porque estaba controlado por la guerrilla. Yo me quedé afuera, pues con mi aspecto físico hubiera llamado la atención.  Pero entre el primer viaje y el segundo viaje sucedió la batalla de Basora: durante tres semanas estuvieron luchando en las calles. Cuando nosotros regresamos, la situación estaba muy caliente. Era impracticable. Regresé a España y hablé con esta mujer (Moracho) y le expliqué textualmente: ‘Señora, no pudimos, pero vamos a seguir intentando’, a lo que ella responde: ‘No tengo ningún interés. Voy a denunciarlo’.

Eso fue en 2008. Desde entonces Rivas Huete sostiene que no ha concluido lo que percibe como un asedio profesional. Uno que le vino a perseguir hasta México y que ya le costó el empleo en Guanajuato. “Hay alguien que está lucrando con esto y ese no soy yo. Hay alguien que ha ido a foros de televisión, escribió un libro y está involucrado en una película, y la persona que está lucrando con todo esto no es David Rivas”, concluye. Lo que pide es trabajar en paz en  México.

“Mientras los clientes mexicanos no nos reclamen y estén contentos con el servicio, como ha sido hasta ahora, seguiremos colaborando para mejorar la seguridad pública”, cierra.

:CLAVES

ANTECEDENTES

Rivas Huete alcanzó notoriedad en 2008, cuando estafó a Leticia Moracho, una madre española cuya hija, Sara, había sido secuestrada y llevada a Irak   por su padre.

El gobierno de Guanajuato le rescindió un contrato para entrenar las fuerzas especiales de la procuraduría y la Secretaría de Seguridad Pública del estado en 2012 y parte de 2013.