Taxistas y carniceros, entre los ‘levantados’ en Chilapa

Testimonios recopilados por MILENIO apuntan a que el grupo armado llevó a cabo su operativo con base en una lista, lo que sugiere que realizó labores de inteligencia previo a su irrupción.

Chilapa

El comando que ocupó Chilapa sabía a quién buscar y en dónde encontrarlo. Con precisión estratégica, y sin que nadie se les opusiera, cuadrillas de hombres armados recorrieron la ciudad entre el 9 y 14 de mayo, levantando a un total de 15 personas, aunque podrían ser 30.

Se trata de taxistas, vendedores de fruta, carniceros, strippers, activistas de derechos humanos y estudiantes de preparatoria, entre muchos otros hombres que fueron extirpados de su comunidad y de los que no se sabe nada una semana más tarde. Además de algunos apellidos, solo tienen en común la juventud: sus edades oscilan entre los 15 y 31 años.

Cuando la columna motorizada de supuestos comunitarios irrumpió en Chilapa a las 6 de la tarde del 9 de mayo, cayó una red sobre la ciudad que no se levantaría sino hasta casi 120 horas después. En ese lapso, durante lo que para todo fin tomó la forma de una ocupación, los paramilitares se adueñaron del pueblo, bloquearon sus salidas y entradas e iniciaron una metódica operación de limpieza y cacería calle por calle sin enfrentar oposición alguna de las autoridades. Hay desapariciones registradas durante los cinco días que duró la operación de los presuntos comunitarios: hubo levantones en el mercado, en las calles, en casas y en las principales avenidas de la ciudad. Ocurrieron de día, de mañana y de noche.

Fue media semana a lo largo de la cual el Estado se ausentó y los ciudadanos quedaron a su suerte. El alcalde, Francisco Javier García, estaba en el Distrito Federal, sin posibilidad real de enfrentar la crisis (no regresaría al pueblo sino hasta varios días después y solo bajo fuerte custodia policiaca). Tampoco había policía a la cual recurrir: la fuerza municipal fue desarmada en las primeras horas de la incursión. El Ejército, la Gendarmería y la Fuerza Estatal, que controlan la seguridad en la zona y cuentan con elementos apostados en el municipio, no intervinieron y se limitaron a observar y registrar la llegada de los supuestos comunitarios. A eso, se suma la duda de cómo es que se logró extraer a personas del municipio, cuando hay retenes militares a la entrada y salida.

Testimonios de habitantes de Chilapa y familiares de los desaparecidos, recopilados por MILENIO, apuntan a que los hombres armados —que en un principio dijeron estar buscando a sicarios y halcones que trabajan para Los Rojos—, operaban de forma organizada y coordinada, asistidos por una lista contra la que comparaban los nombres de los pobladores, lo que sugiere que contaban con información de antemano. Habían hecho labores de inteligencia previa.

—¡Venimos por Zenén (Nava, líder de Los Rojos)!, gritó uno de los comandos, según recuerdan varios pobladores consultados por este diario. Pero no solo iban por él. Fueron y se llevaron a muchas más personas: a última cuenta, familiares y activistas han identificado con nombre y apellido a 15 desaparecidos, aunque se sospecha que habría otras 15 personas que no han denunciado por haber huido de la ciudad. Es la desaparición masiva más grande que hayan visto Guerrero y el país desde la de los normalistas de la escuela Raúl Isidro Burgos, en septiembre del año pasado.

“Aquí nadie quiere decir nada. Están aterrados, pero lo que yo les digo es que aquí ya nos mataron el miedo, que hablen, que denuncien”, dice Delfina  Díaz Navarro, una activista local que se acercó a ayudar las familias al enterarse de que había desaparecidos. Sus hermanos, ingenieros que iban a construir una escuela federal, fueron levantados el año pasado y desde entonces no se sabe de ellos. En total, en la ciudad se estima que 200 personas han desaparecido desde hace tres años.

He aquí algunos de los perfiles que se han recopilado hasta el momento de los desaparecidos durante la ocupación de Chilapa:

*Jorge Luis Salmerón Hernández tiene 22 años y es estudiante en la Universidad Tecnológica de la Región Norte de Guerrero. Desapareció el domingo por la noche, cuando regresaba a su casa después de ver a su novia.

*Carlos Emanuel Meza Nava, de 21 años, ayudante de una tapicería.

*Daniel Velázquez Romero, de 23 años. Es repartidor de gas, está casado y tiene una hija de tres años. Conduce un taxi local en su tiempo libre.

*Crispino Carreto y Samuel Carreto, hermanos del ex director de Seguridad Pública de Chilapa, Silvestre, destituido en 2014 por el Grupo de Coordinación de Guerrero por no aprobar exámenes de control de confianza.

*Jaime Eduardo Villanueva Altamirano, de 31 años. Dedicado a la venta de compra y venta de ganado.

*Sergio Derramona Abarca, 25 años, conocido como El Manguero, vendedor de frutas en el mercado nuevo y bailarín exótico. Por las tardes acude al gimnasio a entrenar. Es padre de una niña. Fue levantado en su puesto de mangos en el mercado agroindustrial.

Un video, tomado por los pobladores el miércoles 13, y obtenido por este diario, registra uno de los secuestros. La imagen fue captada sobre la carretera que conecta con Chilpancingo, en los arcos que dan la bienvenida a la ciudad. La grabación, de apenas unos segundos, muestra una camioneta blanca que se abalanza sobre una barricada erigida por habitantes de Chilapa. En la cuneta van algunos jóvenes. Un hombre armado abre la portezuela, apunta su rifle y grita:

—¿Y por qué vienen a reclamar a ese hijo de su puta madre? ¿Son sus familiares o qué?

Es una frase que contrasta con la falsa amabilidad con la que los supuestos comunitarios recibían a los visitantes a Chilapa en los primeros momentos de su operación.

—¡Bienvenidos a Chilapa, desde hoy ya no hay secuestros ni extorsiones ni pagos de cuota. Se acabaron las muertes de inocentes. Nosotros ahora somos los policías municipales —decía un hombre armado a la entrada del pueblo el 9 de mayo, cuando pedía a los vehículos detenerse en un retén improvisado.

II

En su estancia en Chilapa, los invasores se repartieron las misiones. A las cuadrillas más numerosas se pidió custodiar cuatro retenes en las carreteras que llevan a Chilpancingo, Santa Cruz y Zitlala, además del bulevar Eucaria Apreza, que cruza la cabecera municipal de oeste a este y que representa la principal arteria del pueblo, enclavado en la ruta del opio que conecta esta región de Guerrero con Tierra Caliente y el resto de México.

Los retenes, comandados por hombres con escopetas y rifles, sirvieron como filtros y centros de detención de los que no todos escapaban. “Te pedían la identificación y si ibas en moto, te pedían los papeles. Si no los tenías en regla te llevaban”, dice Yahir, un estudiante que cruzó por una de esas aduanas, en las que motonetas y motocicletas eran objeto de intenso escrutinio. Se puede entender por qué: son los vehículos preferidos por los halcones en el pueblo, en donde es común ver a muchos jóvenes circulando por la ciudad, sin rumbo fijo, con radios en la mano.

Pero he ahí que el halconeo y las motonetas no son la única asociación posible. También son el instrumento de trabajo y el método preferido de transporte de muchas personas en Guerrero. Así fue como levantaron el sábado 9 a Jorge Jaimes Abarca, hermano de un colaborador del centro Regional de Derechos Humanos José María Morelos y Pavón. Jorge, de 18 años, labora en la Tortillería 3 Hermanos y para ganar más dinero reparte los fines de semana pizzas a domicilio en el restaurante Nazareth, para el que estaba trabajando el día de su desaparición, justo cuando hay más pedidos.

Jorge no es el único miembro de su familia en desaparecer. Su hermano, Héctor, antropólogo y activista de derechos humanos,  fue levantado por un comando el 18 de marzo pasado. La madre de ambos trabaja en el Mercado Nuevo, que es otro punto que resultó particularmente golpeado por la limpieza de los paramilitares. Ahí se dirigían la mañana del 10 de mayo los hermanos  Miguel, Juan y Víctor Carrasco Cuevas a vender un becerro. Venían de la comunidad de Ahuihuiyuco a bordo de una camioneta Ford, modelo 1990.

“Iban a vender el becerro por 6 mil pesos”, cuenta su madre, Rosa Cuevas. Supo que sus hijos habían sido levantados por los comunitarios por una de sus nueras. Ella viajaba en un transporte colectivo que venía justo detrás de la camioneta.

“Los vio ahí, detenidos, con los papeles de la camioneta y el becerro”, dijo Cuevas. “¡Y luego nada! ¡Que me los entreguen vivos o muertos, porque sabemos que se los llevaron ellos!”.

Y en efecto, los comunitarios reconocen haberse llevado a algunos de los habitantes del municipio, pero aseguran no saber qué pasó con ellos.

El comisario ejidal de Xiloxuchitan, Apolonio Villanueva Jiménez —quien participó como único rostro visible en la toma de Chilapa— negó que los civiles armados tengan en su poder a los jóvenes reportados como desaparecidos.

“No tenemos a nadie, a los que detuvieron los policías comunitarios los entregábamos; eran puros chavos que andaban de motociclistas y los canalizábamos con sus papás”, aseguró.



[Dé clic sobre la imagen para ampliar]