Salvo en Antúnez, se desmovilizan 'autodefensas'

Las pistolas al cinto y los fusiles en los coches hasta que les den las armas de cargo; temen ser blanco de agresiones.
Continúan con labores de vigilancia.
Continúan con labores de vigilancia. (Jorge Carballo)

Michoacán

Segundo día de prohibición en la Tierra Caliente para que los grupos de autodefensa porten armas largas, fusiles con calibres que son de uso exclusivo del Ejército mexicano, luego de que el pasado sábado en Tepalcatepec el primer contingente de civiles armados fuera juramentado, uniformado y dotado de rifles R15 nuevecitos (además de escuadras .9 milímetros usadas), como parte de la creación de la nueva Fuerza Rural que depende de la Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán. Día de desmovilización. De abandono de barricadas, de quitar insignias de "autodefensa" a los coches, de guardar camisetas con la misma leyenda. Día en el que los pequeños y solitarios memoriales de los retenes quedaban como recuerdos silenciosos de la guerra que sacudió esta región. Salvo en un lugar.

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En Apatzingán, en Nueva Italia (municipio de Múgica), en Buenavista, en Parácuaro, en La Ruana (primer poblado que se levantó en armas contra Los caballeros templarios el 24 de febrero de 2013), sitios recorridos este lunes, desde hace un año y dos meses lo habitual era ver las calles repletas de vehículos tatuados con las insignias de "autodefensas", o con el símbolo "H3", que era el grupo de choque de los civiles armados, los comandos que siempre ingresaban primero a los municipios que se levantaban en armas. Trocas de avanzada paramilitar cuyos tripulantes eran los que combatían al frente.

Por todos lados desfilaban con sus armas largas asomando por las ventanillas, sus armas que eran evidentes cuando los civiles viajaban en las cajas de las pick up. Y en las aceras, en las aceras o en las brechas al borde de las carreteras, ahí iban muchos, mujeres y hombres, con sus camisetas de insurrectos. Eso se acabó. La gente, temerosa de ser detenida y revisada en los retenes militares o de la Policía Federal, le quitó las calcomanías a sus transportes, y sus playeras fueron a dar a los clósets.

Las barricadas construidas con costales, donde siempre había decenas de autodefensas armados, ahora han sido desocupadas. Ya no hay camas, sillas, fogones, ni siquiera perros flacos. Solo polvo. Basura abandonada, arena que se desliza de los sacos. Silencio. Y también imágenes religiosas que quedaron colgadas ahí, como recuerdo del miedo que padecía la gente de la zona. En La Ruana, donde se produjo el último gran enfrentamiento entre autodefensas y templarios, en abril de 2013, con un saldo de 12 muertos, hace apenas unas horas fue erigido un pequeño memorial que consiste en una enorme cruz de tres metros de altura empotrada en un bloque de cemento, pero que fue construida tan a la prisa, que para que no se caiga fueron colocados palos que eviten su derrumbe.

Todo en calma. Todo es repliegue, desmovilización. Salvo en Antúnez, poblado que forma parte del municipio de Parácuaro, lugar que cobró relevancia a principios de año, cuando se suscitó un enfrentamiento entre autodefensas y soldados lo que ocasionó entre uno y tres muertos, según sea la fuente, gubernamental, de las comisiones de derechos humanos, o las propias autodefensas. Ahí, el líder del lugar, el comandante Federico, parapetado a la entrada de la población con una docena de sus efectivos que todavía viajan en sus camionetas con calcomanías y que portan sus camisetas de insurrectos, dice que sí van a respetar y cumplir con todos los acuerdos de desmovilización e institucionalización con el gobierno federal, pero que por lo pronto se quedan con sus armas cortas (las llevan al cinto) y largas, las cuales seguirán portando. Alegan miedo.

—Las pistolas las traemos aquí (se lleva la mano a la cadera) y los rifles en los coches, por cualquier cosa, por si hay un enfrentamiento.

—Pero está prohibido a partir de ayer, se las van a quitar en un retén militar.

—No, no nos las van a quitar. En caso de que salgamos a pelear en la zona vamos a llevarnos las armas —insiste ante la cámara. Luego agrega, fuera de grabación televisiva: "Todavía hay muchos templarios. Ni modo que estemos indefensos. Cuando nos den las otras, las de la Fuerza Rural Estatal, estas las guardamos en nuestras casas."