“Rafa me enseñó a vivir sin miedo y seguir adelante”

Familiares y amigos lo recuerdan como un aficionado a las emociones fuertes que tenía dos pasiones: la bici y la ingeniería.
Le gustaba el campo traviesa y rodar por zonas montañosas.
Le gustaba el campo traviesa y rodar por zonas montañosas. (Especial)

México

Durante los más de 10 años de practicar ciclismo extremo y de ruta, Rafael Guerrero solo sufrió un accidente grave, por el cual se fracturó una rodilla. Pero fue la mañana del domingo 25 de enero cuando su vida terminó intempestivamente, luego de ser atropellado por un automóvil BMW que conducía Francisco Gutiérrez, presuntamente ebrio.

Con 37 años, ingeniero en sistemas y electricidad por la Universidad Tecnológica de México y ciclista profesional desde hace más de una década, Guerrero consiguió comprar y remodelar la casa que siempre imaginó. Para este 2015 buscaba ser padre por primera vez y tener un nuevo espacio de trabajo.

Hijo único y, a decir de sus familiares y amigos, “un hombre excepcional”, su vida era el ciclismo, la adrenalina. Empezó practicando cross country (campo traviesa), que dejó para experimentar en el dawnhill (descenso de montaña) y por último el ciclismo de ruta y triatlón, contó a MILENIO Carlos Mendicuti, cuñado de Rafael y amigo desde hace más de 20 años.

“Empezamos a andar en la montaña. Puedo decirte que el grupo en el que yo andaba lo inició en esto, porque él era un motociclista. Al final del día le encantaba la moto de pista. Le dijimos ‘prueba esto, te gusta la adrenalina’ y así fue como empezó, con una bici de panadero casi, casi”.

En la bicicleta como en la ingeniería no había quién lo alcanzara, narró Román García, socio, amigo y compañero de grupo: “Rafa era de naturaleza ciclista. Era regular corredor y pésimo nadador, pero las rodadas con él eran siempre un reto. Nunca dijo ‘no puedo’. Siempre nos animaba a hacerlo”.

Aseguró que Guerrero estaba en el mejor momento de su vida, aficionado a las emociones fuertes  y meticuloso en sus pasiones: la ingeniería y el ciclismo.

“Él trabajaba en una empresa en la que automatizaba salas, auditorios, todo esto, para poderlo prender desde tu celular, tanto la televisión el audio, las luces y todo. Él todo lo hacía apasionadamente, su trabajo lo vivía intenso”, explicó Lorena Mendicuti, viuda y compañera de ruta del ciclista desde hace 10 años.

Para ella la vida desde el pasado 25 de enero no es la misma. Aquella mañana parecía un fin de semana cualquiera. La ruta del Gato con el colectivo Guepardos cada ocho días partía de diferentes puntos de la ciudad, pero siempre tenía como meta Cuemanco, para de ahí partir a Perisur.

Ese día, Lorena y un grupo de amigos regresaban de una rodada a las Pirámides. Se percató que en su celular había varias llamadas perdidas de su mamá. Pero Lorena decidió comunicarse con su papá, quien le informó del accidente de Rafa. Entonces de Teotihuacan se dirigió al hospital, donde fue internado su esposo.

La esposa y los amigos de Rafa saben que seguir rodando es la mejor forma de honrar su memoria. “Siento que quiero y debo seguir rodando por Rafa, porque él siempre me enseñó a vivir sin miedo y seguir siempre adelante”, finalizó Lorena.