Policía apuesta por la prevención, no represión

El comandante se dedica a labores de prevención del delito y ha logrado acercarse a pandilleros.
Fue de los tres mejores de su generación en la academia.
Fue de los tres mejores de su generación en la academia. (Juan Levario)

Guadalajara

Me doy cuenta que la represión y ese tipo de acciones sirven momentáneamente para a lo mejor disminuir una cantidad de delitos, sin embargo no estás aportando realmente a la solución”, dice Sergio Josué Carrillo Vargas, quien es policía tapatío. Carrillo Vargas dejó su trabajo como fumigador de casas para entrar a la Policía de Guadalajara cuando estudiaba ciencias políticas, pues requería un empleo estable de tiempo completo para ayudar a su madre que estaba enferma de cáncer en 2005. Eso transformó su vida y ahora es coordinador de Prevención del Delito en el municipio. “El primer contacto con las personas nos transforma como policías, y muchas veces pasa eso, el policía vive en un dolo, hay una lejanía y a final de cuentas lastima a la sociedad”, opina Carrillo Vargas, quien también trabajó en el grupo DARE y tuvo oportunidad de acercarse a la prevención. Después estuvo como escolta de un comandante y, aunque dejó trunca su primera carrera, retomó la universidad en la licenciatura en Derecho.

Cuando egresó de la academia, fue de los tres mejores de su generación e ingresó de inmediato al grupo especial Lobos; su reflexión ahora es que prefiere 2 horas de platicar con un joven de los grupos callejeros antes que pasar 20 minutos persiguiéndolo y volver a remitirlo al día siguiente a los juzgados municipales. Tomó cursos con la Guardia Civil Española e incluso con gente del ejército israelí en artes marciales kapat, pero está convencido que la prevención debe equilibrar la labor operativa de la Policía.

Para Carrillo Vargas, uno de sus mayores logros fue la cercanía que consiguió con los pandilleros Los Veneno de la colonia Fovisste Estadio, quienes accedieron a ir con ellos al parque San Jacinto para cantar el rap que componen. Entre 70 y 80 por ciento de esos jóvenes recurren a juntarse en la calle porque en sus casas sufren violencia intrafamiliar o marginación de otro tipo y la labor de los policías es comprenderlos, acercarlos a los vecinos, considera.

“La gente nunca va a confiar en la policía si la policía no se abre”, es la manera de pensar de Carrillo Vargas, “necesitamos transformar la idea de que la gente está aparte y nosotros aparte”. A 8 años como policía se siente en el mejor momento de su vida.