Gente de Durango denuncia disparos; Marina lo niega

Pobladores de El Verano aseguran que fueron víctimas de fuego aéreo proveniente de helicópteros tripulados por marinos; la Semar indica que su personal no ha disparado contra “domicilios de civiles”.

El Verano, Durango

Aquí, en El Verano, ranchería de 16 casas construidas al fondo de una barranca de la remota sierra duranguense que pertenece al municipio de Tamazula, enclave colindante con Cosalá, Sinaloa, los pobladores denuncian que fueron víctimas de fuego aéreo proveniente de helicópteros tripulados por marinos. Una casa recibió 33 impactos en techo y muros. La Marina niega que sea fuego de sus tropas y afirma que sus elementos no han disparado contra "domicilios de civiles".

La Marina señaló ayer, mediante un comunicado, que no ha recibido ninguna denuncia oficial por violaciones a los derechos humanos en la región, pero que si eso ocurriera, procedería conforme a la ley. También reiteró que continuará con sus operativos en la zona para capturar a Joaquín El Chapo Guzmán, líder del cártel de Sinaloa, que opera y contrala esta zona donde se siembra amapola, mariguana y hay laboratorios para producir metanfetaminas.

Como en cualquier zona de guerra o área de conflicto, hay versiones opuestas sobre lo que ocurre.

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En El Verano no hubo muertos ni heridos, solo una casa perforada. Su daño colateral es otro: es el miedo entre los habitantes que han abandonado el lugar para refugiarse en Cosalá junto a otras 600 personas oriundas de 16 poblaciones vecinas, según las cuentas que lleva la alcaldía sinaloense. Dos mujeres, un anciano, un joven y un hombre de treinta y tantos años acceden a regresar a su poblado y prestar su camioneta todo terreno para que los periodistas nos traslademos con ellos y veamos lo que ocurrió. Solo hay 50 kilómetros entre Cosalá y El Verano pero el recorrido lleva más de cuatro horas por lo estrecho y accidentado del camino. En dos ocasiones la brecha se corta ante el paso de ríos, uno con un caudal de más de 100 metros.

Antes de partir, una señora abre la pantalla del teléfono móvil de su hijo. Busca en la memoria del teléfono inteligente. Encuentra un video. Le pone play. La grabación está en negros. No se ve nada pero se escucha perfectamente lo que ocurre. La familia estaba encerrada en un armario, de esos enormes muy antiguos, según dice. El audio dura un minuto 54 segundos.

Los primeros 10 segundos son de metralla con el sonido de un helicóptero encima. Un joven dice: "Los soldados nos están atacando".

—Quiero que se vayan —se escucha la voz quejumbrosa de una niñita.

—No llore —le dice el muchacho. Se oyen murmuraciones de mujeres y sollozos.

—Hijos de su perra madre —injuria el joven, quien segundos antes afirmaba que la grabación era "para que se los chinguen los de derechos humanos".

—Mijo, tranquilo —dice una mujer. Un adolescente llora.

—¿Y si nos matan mamá? —dice la voz lastimosa de una niña.

—Plebes, pídanle a Dios nomás, pídanle a Dios —repone la mujer.

—Virgencita de Guadalupe, por favor ayúdanos —ruega el joven.

—Si me agarran me van a matar —llora la voz adolescente.

—Mijo, tranquilo, no pasa nada —dice una voz maternal.

Se escucha a lo lejos un helicóptero.

—Nos hubiéramos ido por el monte mejor —sigue llorando el adolescente.

—Virgencita de Guadalupe, por favor... —insiste en sus ruegos el joven.

—No va a pasar nada, tranquila —le dice una mujer a la niñita.

—¡Dios mío! —clama el joven mientras el sonido del helicóptero se escucha cada vez más cercano.

—Los soldados nos están atacando injustamente —reitera.

—Se pasan de verga —espeta el adolescente—. Nos hubiéramos ido al monte —vuelve a llorar.

—Tiraron al aire, ¿verdad? Para ver quién corría, ¿no? Y asesinarlo —platican entre los chavos.

—Cállate Itzel —interviene una mujer para controlar a una niñita que murmura algo.

—Pídanle a Dios, plebes, a todos los santos —insiste otra mujer.

Truena el aire ante el paso de las hélices del helicóptero arriba de la casa.

—Por favor, Dios mío. Hijos de su perra madre.

—¡Cállate Heriberto! —reprende al joven una mujer.

Ya no hay más disparos. El helicóptero se aleja. Se escuchan inhalaciones y exhalaciones...

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Según la Marina, El Chapo se escondía por ahí y en la contigua comunidad de El Limón, otra ranchería, distante a varias horas a través de los montes. En ambos lugares las tropas hallaron sendas pistas clandestinas. En una de ellas, aparentemente la de El Verano, el prófugo aterrizó luego de su fuga del penal El Altiplano.

La familia del audio fue afortunada, pero su vecina, Marbella Valencia, tuvo menos suerte: 33 impactos recibió su casa en el techo y en las paredes externas. Al revisar los orificios de entrada de los proyectiles en los muros, parece que los impactos sí vinieron desde lo alto y acabaron aquí, en lo profundo de la cañada. Los orificios del techo tienen entradas que parecen venir de arriba, no desde el interior del inmueble.

Marbella se asusta cuando nos sobrevuela un helicóptero. Su mirada se torna horrorizada pero no deja de narrar ante la cámara de MILENIO lo ocurrido el martes de la semana antepasada, cuando ella y su pequeña de dos años estaban solas en su casa. Su hijo andaba en una milpa cercana con su abuela y su esposo Gabino dice que también, pero en un área más lejana.

En la estancia hay nueve impactos en el techo de asbesto. En el cuarto de los niños, uno. En la cocina, tres. En el cuarto de adultos, 12. 25 al interior de la casa. En el baño, que es exterior, a donde Marbella corrió con sus hija en brazos, hay uno. En los muros traseros de la construcción hay siete más: 33 en total.

Consultados por MILENIO oficiales de la Marina niegan enfáticamente que hayan sido sus tropas las que dispararon contra la vivienda. Un funcionario sugiere que pudieron ser personas de la propia población al servicio del líder del cártel de Sinaloa, la llamada base social del narco, para inculpar a las tropas y desprestigiarlas a fin de que abandonen la persecución del delincuente. Y va más allá: dice que el traqueteo del audio pudo provenir de un arma pesada usada desde tierra contra un helicóptero.

Los habitantes del lugar niegan ser criminales o tener relaciones con ellos y aseguran que no tienen armas, e insisten en que los disparos provenían de un helicóptero muy grande de la marina, un "boludo" con el frente "como de tiburón".

En lo alto de la comunidad, donde hay una escuela desde donde se podría disparar hacia las casas hundidas en la cañada, incluida la de Marbella, los periodistas hallamos casquillos de armas largas regados. Encontramos una docena. Los vecinos juran que no son suyos, dicen que seguramente son de cinco marinos que —aseguran— descendieron a rapel justo cuando todos huyeron al monte desde donde observaron la escena.

Las comisiones nacional y estatal de derechos humanos indagan lo ocurrido.




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